Obras de la autora #2
Vive en una comunidad terapéutica donde ya le han prohibido usar lejía industrial, ácido desinfectante y algo llamado «mezcla definitiva», que al parecer podía limpiar hasta pecados.
Sigue desinfectándolo todo de forma compulsiva y continúa convencida de que la mayoría de personas deberían esterilizarse antes de abrir la boca.
Tiene una fotografía plastificada de Paco que recortó de un periódico después del caso de la isla, y todas las noches le pasa un algodoncito con lejía mientras le da un beso de buenas noches.
Tomás, misofónico
Su abogado alegó enajenación transitoria asegurando que actuó bajo estrés extremo, amenazas y coacción constante dentro de la isla. También ayudó bastante el hecho de que el jurado escuchara las grabaciones de Mercedes coaccionando a su madre.
Se disculpó con Paco por intentar convertirlo en filetes de policía, y este aceptó las disculpas después de que prometiera no volver a acercarse a él sujetando herramientas cortantes.
Ahora vive aislado en un pueblo perdido de la España vacía junto a unas cabras sin cencerro porque «el tintineo le perfora el alma».
Se gana la vida fabricando cuchillos artesanales y probablemente sigue siendo igual de aterrador, pero al menos ya no persigue a personas por el bosque con cara de asesino de slasher barato.
Nico, hiperactivo
Encontró trabajo como repartidor nocturno y asegura que es el mejor empleo del mundo porque «le pagan por no parar quieto». Ha tenido cuatro accidentes leves con la moto y sigue sin aprender.
Lo peor es que cada vez que se cae se levanta emocionadísimo porque «la adrenalina le reactiva la circulación». Los médicos ya lo conocen por su nombre y hay un traumatólogo que empieza a esconderse cuando lo ve entrar por la puerta del hospital.
Es quien le lleva el abono para los cactus a Rita, y ella tiene sentimientos encontrados cada vez que abre la puerta y se lo encuentra allí sonriendo igual que un hámster puesto de cafeína.
Por un lado, le cae bien. Por otro, siempre tiene la sensación de que en cualquier momento va a estampársele contra el rellano con la moto.
Chus, ladrona
Sigue insultando a todo el mundo por cariño y asegurando que no cree en el amor, pero duerme abrazada a Ulises cuando piensa que no la está mirando. También le grita muchísimo para compensar la ternura y mantener su reputación intacta.
No ha vuelto a tener contacto con sus padres porque aprendió que la familia no siempre es la que te toca. A veces se elige. Aunque no compartas sangre, ni apellidos, ni estabilidad emocional.
Rita se convirtió en su mejor amiga y Paco en su único confidente, para desgracia mental de ambos.
Ahora está estudiando oposiciones para policía pese al sufrimiento constante de Ulises, que asegura que darle una placa y autoridad legal es «un error histórico comparable a soltar mapaches rabiosos en una guardería».
Ella, por su parte, dice que no tendrá ninguna piedad contra los malos.
Y, para serte sincera, creo que deberíamos preocuparnos un poco todos.
Ulises, traficante
Perdió un riñón, ganó una cicatriz enorme y todavía presume de ambas cosas. Continúa haciendo bromas inapropiadas en los peores momentos posibles y asegura que sobrevivió solo porque era demasiado guapo para morir.
Ahora trabaja con Adrián llevándole las redes sociales y editándole los vídeos a cambio de una pasta indecente. Consiguió pagar las trampas de su madre y vive con Chus y un perro salchicha que lo mira con absoluto desprecio y gruñe igual que si fuese un pitbull encerrado en el cuerpo equivocado.
Paco se convirtió en uno de sus mejores amigos, y cada Navidad le regala unos calzoncillos de patitos a juego con los calcetines. Él siempre se los tira a la cabeza insultándolo, pero sabe que después termina usándolos para hacer reír a Rita cuando tiene un mal día.
Francisco Moya Jiménez, Paco, Francis, el policía idiota, agresivo
Recuperó su trabajo, aunque asuntos internos sigue vigilándolo por «tendencia preocupante a resolver conflictos pegando puñetazos». Él sostiene que es una persona muy expresiva emocionalmente y que no va a pisar un loquero más en su vida.
Su coche continúa aparcado frente a la casa de Rita casi todos los días, pero ha conseguido convencerla de que no viven juntos, que tan solo «pasan mucho tiempo juntos».
La realidad es que ya ocupa más del setenta por ciento del armario, y tiene dos cepillos de dientes en el baño.
Rita sigue sin darse cuenta del todo porque es inteligente para algunas cosas y peligrosamente despistada para otras.
Bartolo lo tolera lo suficiente como para no pincharlo cuando lo mueve, aunque Paco está convencido de que esa jodida planta está poseída por algún tipo de espíritu maligno. Rita lo pilló un día haciéndole una limpieza con un sahumerio mientras le pedía «que abandonara el recipiente vegetal».
Además, tiene que echar a su hermano de la casa cada dos por tres desde que este descubrió que Rita es Pedro de Puente.
Manolo se ha obsesionado tanto con los crucigramas que intenta conseguirlos antes de imprenta para adelantar a sus amigos y poder humillarlos intelectualmente en el grupo de Telegram.
Es feliz junto a su alocada jefa y ha tenido el honor de ponerle «Rodolfo» al nuevo cactus.
Margarita Puente de Pedro, Rita, mentirosa
Volvió a escribir crucigramas y, por desgracia para la estabilidad emocional de Paco, ahora muchos incluyen referencias ocultas a ovnis, psicópatas, mariachis sexis y cactus.
Sigue necesitando silencio, libros y demasiadas horas para sí misma, pero ya no parece una persona esperando simplemente a sobrevivir. Ahora vive.
Chus se convirtió en su amiga por obligación y la arrastra a comprar, comer o socializar cada vez que le apetece sin pedir permiso antes.
Ulises es algo parecido a un hermano pequeño para ella y siempre tiene alguna estupidez preparada cuando se le empieza a mover el ojo solo, que ya han descubierto que es su forma física de anunciar una crisis nerviosa inminente.
La relación con sus padres mejoró muchísimo después de la isla. Ahora tienen un día fijo para visitarlos y, por desgracia, Paco descubrió que el padre de Rita hace una tarta de chocolate espectacular, así que están obligados a ir por narices si no quieren enfrentarse a un drama familiar.
La jueza revisó su caso después de que saliera a la luz todo lo relacionado con Mercedes y Santa Águeda, anuló los antecedentes penales y la dejó libre de cualquier cargo.
Desde entonces abandonó el seudónimo de Pedro de Puente y empezó a publicar con su verdadero nombre.
Ahora es todavía más famosa, porque muchísimas mujeres se sienten identificadas con ella y quieren resolver sus crucigramas mientras toman café y sospechan de sus vecinos.
Su familia política la adora y las niñas están encantadas con su nueva y extraña tía, que las ayuda con los deberes y les colorea todos los dibujos sin salirse ni un poquito.
Rita también les ha cogido cariño a todas, incluso a la gata, que detesta a Paco y lo araña cada vez que se sienta en la cocina de su madre.
En la entrada de la casa hay un cuadro con la cucharilla de café que se quedó pegada a su gorro el día que conoció a Paco, y ambos siguen visitando a Javier en el edificio para cotillear y criticar juntos al nuevo terapeuta del bloque.
También ha descubierto que tener amigos con fobias no es tan horrible como pensaba.
Y, sin que sirva de precedente, creo que eso se parece bastante a un final feliz.
Bartolo, el superviviente vegetal
Sobrevivió a una isla llena de psicópatas, incendios, disparos y al pésimo sentido decorativo de Rita. Sigue ocupando el lugar más soleado de la casa y observando a los humanos con la superioridad moral que solo puede tener un cactus que jamás tomó una mala decisión en su vida.
Paco sospecha firmemente que lo odia.
Rita sostiene que «solo marca límites emocionales».
Rodolfo, el cactus navideño
Llegó como un regalo absurdo de disculpa y terminó convirtiéndose oficialmente en parte de la familia. Tiene un pequeño reno con una nariz que se ilumina clavado en la maceta, y unas luces que parpadean cuando a los cables les da por fallar.
Rita lo coloca todas las noches junto a Bartolo antes de dormir para que «socialicen». Este continúa ignorándolo porque considera que las luces de colores son de horteras desesperados de atención.
El anillo alienígena
Nació siendo una de las declaraciones de amor más horribles estéticamente jamás creadas por un ser humano. Tiene un extraterrestre verde con una cabeza enorme, ojos bizcos que brillan en la oscuridad y un cartel diminuto que pone: «Te he echado de menos, ¿me perdonas?».
Rita lo guarda igual que si fuese una reliquia sagrada.
Paco continúa defendiendo que es romántico y original. Chus sostiene que parece el premio de una tómbola de las que tienen los turrones caducados, y Ulises intentó vendérselo a un coleccionista de objetos frikis por internet durante una borrachera.
Lo peor es que Rita se lo pone cada vez que tiene un mal día.
Y eso sí que tiene que ser amor verdadero.
La única palabra que os queda por que os resuelva es la de la casilla de la silueta negra con las interrogantes. Era la de Aitor:
Víctima Una última página arrancada por la espalda