Crucigramista busca amigos con fobias Capítulo 8 #2
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Capítulo 8 #2

​​ Ea. A tomar por culo mi trabajo, mi vida, mis planes de futuro. Y todo por cotilla de mierda. Si es que de pequeño pasaba demasiado tiempo con mi abuela, que era más de telenovelas venezolanas que de westerns . Eso deja secuelas.

​​ Un ruido y varias quejas a nuestra espalda nos obligaron a apartarnos. Los dos gorilas que vimos el día anterior avanzaban sujetando del brazo al cura y a la monja.

​​ Solté un suspiro que solo entendió mi compañera y me incliné hacia ella.

​​ —Parece que todavía no te libras de mí, jefa.

​​ La sentí estremecerse y un tic apareció en su ojo derecho.

​​ No tuvo tiempo de responder. Los dos que vi haciendo guarrerías en la casa de Dios se revolvían y protestaban.

​​ —¡No hemos hecho nada malo! —gritaba el cura.

​​ —¡Esto es lo que querías desde el principio, zorra! —inquirió la monja antes de escupirle a la doctora.

​​ La televisión se encendió.

​​ De los altavoces brotaron jadeos que hicieron que Rita se tapara la cara con la manga del chaquetón. En la imagen se veían todas las posturas que te puedas imaginar y las que no, también, con sotanas, rosarios, crucifijos y hasta el agua bendita de por medio para limpiarse los «pecados» después.

​​ Algunos se reían, otros carraspeaban y juraría que oí a alguien preguntar si se lo podían pasar a un USB.

​​ —Milagros, Tobías, estáis fuera de la terapia —les anunció Mercedes mientras se limpiaba la cara con un pañuelo de tela de los que ya no se veían ni en los cajones de las madres.

​​ Los dos gorilas los arrastraron hasta la entrada y se marcharon del recinto con ellos, como si fueran muebles defectuosos que devuelves.

​​ —Ahora —continuó la doctora— espero que os lo toméis más en serio. Cada uno sabe su función. Esta noche tendremos una sesión grupal en la que iremos comentando el día. La idea es que nos ayudemos a mejorar, y confío en que esto no vuelva a repetirse. Podéis ir a desayunar.

​​ Se marchó y todos nos quedamos plantados sin saber muy bien si aplaudir, rezar o pedir otra proyección.

​​ —¿Desayunamos? —sugirió Uli.

​​ No pude estar más de acuerdo. De la taberna salía un olorcito a café y tostadas que me estaba haciendo la boca agua.

​​ —El desayuno es la comida más importante del día porque rompe el ayuno nocturno, recargando los niveles de glucosa necesarios para el cerebro y el cuerpo, lo que mejora la concentración, la productividad y la energía física.

Aunque hay estudios recientes que sugieren que no es imprescindible para todos si se mantiene una alimentación saludable el resto del día.

​​ Me giré despacio.

​​ —Me tienes que explicar por qué sabes esas cosas —le dije a la rara, que cada vez que hablaba me dejaba a mí sin palabras. Y eso no es lo que se dice fácil.

​​ Ella se encogió de hombros tan tranquila, y nos sentamos en una especie de terraza improvisada en la parte trasera de la taberna para que cupiéramos todos.

​​ —¿Qué trastorno tendrían? —susurró Chus.

​​ Pero dejó de mirarme a mí cuando vio a Rita sacar un bolígrafo y un cuaderno del chaquetón y empezar a apuntar cosas.

​​ —¿Qué haces?

​​ —Colocar los nuevos datos. Es importante tener todas las variantes para poder solucionarlo…

​​ Me quedé blanco. Bajé la mano y le pegué un pellizco en el muslo por debajo de la mesa. Ella dio un respingo y me miró con cara de querer asesinarme allí mismo.

​​ —Perdón. Aquí mi subalterno no me permite contaros nada.

​​ —¿En serio? —protesté, llevándome las manos a la cabeza por no llevárselas al cuello—. Tu superdotado cerebrito, ¿cuál de las dos reglas que te dije antes no entendió?

​​ Me lanzó una sonrisa torcida, de esas de «te he ganado la partida», y empezó a caerme peor. Lo justo para que me gustara más. Al final acabaría más desequilibrado que el resto de los locos...

​​ —Ey, me dijiste que éramos cómplices —protestó Ulises con la boca llena de algo que parecían torreznos o una versión de ellos con más grasa aún.

​​ —¿Y a mí pensabais dejarme fuera? Muy mal, Rita, creía que éramos amigas —refunfuñó Chus, cruzándose de brazos.

​​ La lianta se limitó a subir los hombros y bajarlos mientras untaba aceite en la tostada con una parsimonia que daban ganas de matarla.

​​ —Qué pelusilla te estoy cogiendo —le confesé.

​​ Ni pestañeó.

​​ —Los ombligos de los hombres crean más cantidad de pelusas que las alfombras —soltó, y me quedé un poco a cuadros.

​​ —¿En serio?

​​ —No, pero me resulta un tanto llamativo que seas tan crédulo teniendo en cuenta que eres policía —añadió, dejándome muerto del todo.

​​ —¿Qué dices? No me fastidies que eres poli, tío —alucinó Uli, y yo me acordé de toda la familia de la listilla. Antes de que me diera tiempo a decir alguna mentira, ella prosiguió como si no acabase de mandar mi tapadera a la mierda.

​​ —A lo mejor deberíamos separarnos —comentó, como quien sugiere pedir otro café, entre bocado y bocado de pan.

​​ —¿Quieres cambiar de trabajo? Creo que podría vivir con ello —ironicé.

​​ —No, eso no forma parte de la terapia, y quiero pasarla. Me refiero a que yo haré mi investigación con Chus y tú con él —se explicó, señalando a Ulises, que en ese momento se estaba metiendo dos trozos de carne en el bolsillo con más disimulo del que cabía esperar.

​​ —¿Qué? Son para después, por si me da hambre —se defendió, ofendido.

​​ —No, de eso nada. Yo me quedo con la chivata —pedí, señalando a Rita con la barbilla.

​​ —Es mejor que nos separemos por sexos —argumentó ella, tan tranquila.

​​ —¿Y eso por qué? No me dirás que hay alguna jodida estadística que diga que se trabaja mejor así.

​​ —No. Es porque no me fío de ti.

​​ Lo soltó y se quedó más a gusto que un arbusto, la tía, mandando a la mierda la segunda cosa que le había pedido hacía menos de una hora.

​​ —¡ Team chicas! —vitoreó la enana, y se levantó de un salto para chocar la mano con mi nueva némesis, que no se movió ni un milímetro. La dejó con la palma en el aire y la dignidad en el suelo.

​​ —Te jodes por chaquetera —se burló Ulises.

​​ Yo sonreí ante la escena. Íbamos a durar medio telediario en la terapia, pero al menos el desastre y el reto prometían entretenimiento.