Capítulo 67
La familia de Cristina Medina, cuya denuncia de corrupción contra Lasanta había añadido durante meses una capa de sospecha política al caso, obtuvo por fin la respuesta que llevaba tanto tiempo esperando: la investigación no encontró ninguna prueba de que Bethencourt conociera de antemano las intenciones de Cristina, y su elección como víctima había respondido, con toda probabilidad, a la pura casualidad de haberse cruzado con él en algún acto cultural de la ciudad.
—A veces, señora, la crueldad no necesita ninguna razón que la justifique más allá de la propia enfermedad de quien la comete —le dijo Paco a la madre de Cristina, en la misma conversación honesta que ya había repetido, con matices distintos, ante cada una de las siete familias—.
Su hija hizo lo correcto al querer denunciar lo que sabía.
Que un monstruo cruzara su camino en el peor momento posible no le resta ni un ápice de valor a esa decisión.
Por iniciativa de las familias y con el apoyo del ayuntamiento, se instauró una pequeña placa conmemorativa en la Fuente del Espíritu Santo, discreta, sin nombres explícitos de la investigación, solo una frase que Consuelo, la madre de Rebeca, había elegido personalmente:
«Para que la memoria no vuelva a fallarles».
*
La colaboración entre el Museo Canario y UHEDO, nacida a raíz del caso, permitió empezar a recuperar, ya en las primeras semanas, no solo las piezas del trastero de Schamann, sino también otras que Melián había vendido a coleccionistas privados a través de la red que compartía, sin saberlo del todo, con la trama de corrupción de Lasanta.
Ingrid Asland se puso al frente del proceso de restitución desde el primer momento, devolviendo ya los primeros fragmentos a la memoria de la isla.
—Este museo custodia miles de piezas que nunca llegan a exponerse por falta de espacio y de personal —le confesó la directora a Paco, durante la pequeña ceremonia de reapertura de una de las salas—.
Fue precisamente esa abundancia sin vigilar la que Melián supo explotar durante años, con sus credenciales académicas impecables, sin que nadie sospechara nunca.
El éxito mediático del caso, por doloroso que hubiera sido el camino hasta él, multiplicó la visibilidad institucional de UHEDO a nivel europeo.
Sara Brito, con un notable incremento presupuestario recién aprobado, anunció apenas unas semanas después la ampliación de la sede de Las Palmas con dos nuevas plantas dedicadas por completo a catalogación digital, con Ingrid al frente del nuevo equipo, sin necesidad de que la unidad se dispersara jamás fuera de la isla que la había visto nacer.