Cruces y sombras Capítulo 64
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Capítulo 64

Paco esperó a que Elena se durmiera para sacar la carpeta de Alba Cabrera de la bolsa donde la había escondido, casi con vergüenza, como quien esconde algo que sabe que no debería tener todavía escondido.

Se sentó a la mesa de la cocina, con una sola lámpara encendida, y empezó a leer, por enésima vez en diecisiete años, un expediente que se sabía casi de memoria.

Fue pasada la medianoche cuando encontró lo que llevaba horas buscando sin saber exactamente qué era.

No estaba en las pruebas nuevas, ni en el informe genético que Fernández le había resumido esa misma mañana.

Estaba en sus propias notas de la época, escritas con la letra apretada y nerviosa de un hombre que entonces tenía dieciocho años menos y ni la mitad de la paciencia que había aprendido después, con el caso Arcángel, a valorar de verdad.

Una anotación al margen, casi ilegible, señalaba un nombre que en su día se descartó por falta de pruebas y que ahora, a la luz del familiar de segundo grado identificado por la Científica, encajaba con una precisión que a Paco se le antojó casi dolorosa de tan evidente.

Diecisiete años buscando en la dirección equivocada por culpa de una pista que, en su momento, ni siquiera pareció lo bastante sólida como para investigarse a fondo.

Se quedó mirando la fotografía de Alba largo rato, la misma sonrisa mellada de niña de nueve años que llevaba diecisiete apareciéndosele en sueños, y pensó en Consuelo, la madre de Rebeca, y en la placa de la Fuente del Espíritu Santo, y en la frase que ella misma había elegido: «Para que la memoria no vuelva a fallarles».

Pensó que había una madre en algún lugar de la isla que llevaba diecisiete años esperando esa misma frase sin haberla recibido nunca.

Cerró la carpeta ya de madrugada, con la decisión tomada de un modo que no admitía ya mucha discusión consigo mismo, aunque sabía, con la misma certeza, que la conversación más difícil de toda esta historia todavía estaba por llegar, y que esta vez no tendría ningún expediente al que agarrarse para encontrar las palabras adecuadas.