Cruces y sombras Capítulo 63
93%

Capítulo 63

Pasaron cuatro días sin que Paco le diera ninguna respuesta a Fernández, cuatro días en los que estuvo a punto, más de una vez, de devolverle la carpeta sin abrirla siquiera de nuevo y decirle que no, que ya tenía bastante con lo de Bethencourt para andar removiendo otro caso más, uno que además le tocaba demasiado de cerca.

Marcó su número dos veces desde el porche, con el firme propósito de rechazarlo. Las dos veces colgó antes de que diera el primer tono, con la carpeta de Alba Cabrera todavía cerrada sobre la mesa del jardín, junto a la jarra de limonada.

Buscó a Matías al cuarto día, en el muelle, más para huir un rato de la propia carpeta que por necesidad real de compañía.

—Llevas la cara de quien tiene una decisión tomada y no se atreve a decirla en voz alta, Paco.

—Llevo la cara de quien no sabe qué decisión tomar, Matías, que es peor.

—¿Y eso desde cuándo? Tú siempre sabes lo que quieres hacer. Lo que no sabes nunca es si te vas a atrever a decirlo antes o después de hacerlo.

Paco soltó una risa corta, sin mucha alegría dentro, y se sentó en una de las rocas del espigón, dejando que Matías siguiera enredando sus aparejos sin prisa.

—Si digo que sí, le rompo a Elena una promesa que le hice hace un mes, delante de sus narices, con la tinta todavía fresca. Y si digo que no, dejo a una madre esperando diecisiete años más una respuesta que solo yo puedo darle.

—No hay ninguna decisión buena ahí, hijo. Solo hay decisiones distintas, con distinto precio. Eso ya deberías saberlo a estas alturas.

—Ya lo sé, Matías. Lo que no sé es cómo se paga un precio sin que el otro también termine pagándolo.

Matías no contestó enseguida. Terminó de enrollar el sedal con calma, y solo cuando ya guardaba los aparejos en la caja, sin mirar a Paco, añadió lo único que tenía verdaderamente que decir.

—Eso, Paco, no lo decides tú solo. Eso se decide hablándolo con ella. Que para algo lleva diez años aguantándote.