Cruces y sombras Capítulo 61
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Capítulo 61

Casi dos semanas después de la visita de Carmela, la partida de dominó de los jueves en el café de Agapito seguía siendo, pese a todo, uno de los pocos rituales que Paco no estaba dispuesto a dejar en el aire, ni siquiera con la fecha de entrega de la placa cada vez más cerca.

Padre Carlos, como siempre, jugaba con más intuición que estrategia, y perdía con la misma elegancia con la que ganaba, que no era mucha en ningún caso.

—Te veo distraído, Paco. Y eso en ti es mala señal, porque el día que te distraes de verdad, suele ser porque algo te ha removido algo que llevabas bien guardado.

—Cosas de despedida, padre. Todo el mundo quiere un trocito de mí antes de que me vaya de verdad.

El cura colocó una ficha sin demasiada convicción, y bajó la voz un poco, aunque en el bar ya casi no quedaba nadie más que ellos dos y el propio Agapito, secando vasos detrás de la barra con la radio puesta muy bajito.

—Voy a decirte algo, y quiero que entiendas que te lo digo con mucho cuidado, porque hay cosas que no puedo contarte, aunque quisiera. Esta semana ha venido a verme alguien. Alguien mayor, que se sabe ya cerca del final, y que lleva encima un peso que no ha sabido soltar en muchos años.

Paco levantó la vista del tablero, con esa atención repentina que Padre Carlos conocía bien de otras conversaciones parecidas, a lo largo de los años.

—No puedo decirte de qué hablamos, Paco, y no me lo pidas, porque no te lo voy a dar. Pero sí puedo decirte que, en algún momento, mencionó una verbena. Y una niña. Y algo que llevaba mucho tiempo sin cerrarse del todo, ni para esa persona, ni, sospecho, para ti tampoco.

Paco sintió que se le helaba algo por dentro, un frío antiguo que reconoció de inmediato, aunque llevara años sin visitarlo con tanta claridad.

—Alba —dijo, casi sin querer decirlo en voz alta.

—No he dicho ningún nombre, Paco. No puedo decir ningún nombre.

Pero si a ti se te ha venido uno solo a la cabeza al escuchar lo que te acabo de contar, quizá deberías preguntarte si de verdad puedes dejar la placa en el cajón sabiendo que ese caso sigue exactamente donde lo dejaste hace diecisiete años.

No volvieron a hablar del tema el resto de la partida, que Paco perdió, por primera vez en meses, sin que le importara lo más mínimo.