Cruces y sombras Capítulo 60
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Capítulo 60

Esa misma noche, en el porche, Paco esperó a que Elena terminara de regar las últimas macetas antes de soltar la pregunta que llevaba toda la tarde ensayando en silencio, con el mismo cuidado con el que un investigador prepara la pregunta clave de un interrogatorio, sabiendo que la forma en que se hace puede importar tanto como la propia respuesta.

—Elena, una cosa. Puramente hipotética, ¿eh? No es que me lo hayan pedido ni nada. Pero, hipotéticamente, ¿qué dirías si alguien, no sé, me pidiera quedarme un tiempo más? Poco. Un caso concreto.

Elena dejó la regadera sobre el murete con más cuidado del necesario, un gesto que Paco reconoció enseguida como la forma que tenía su mujer de ganar tiempo antes de contestar algo que no le gustaba.

—¿Hipotéticamente? —repitió, sin ninguna intención de dejarle escapar con la palabra—.

Hipotéticamente te diría que llevamos diez años de hipótesis, Paco.

Que cada vez que ha habido un caso concreto, ha sido el último, hasta el siguiente.

Que este porche, estos planos, esta casa entera la dibujamos pensando en un hombre que ya no llevaría placa, no en uno que la lleva a ratos, según lo que le pidan.

—Ya te digo que es solo una pregunta, mujer. Nadie me ha pedido nada.

—Pues entonces no hace falta que sigamos hablando de ello, ¿no? —dijo Elena, con una calma que a Paco le pareció más inquietante que cualquier grito, y recogió la regadera para volver a llenarla, dando por zanjada una conversación que, los dos lo sabían, no había hecho más que empezar.

Paco se quedó solo en el porche unos minutos más, con Frankie apoyando la cabeza en su rodilla, pensando que la respuesta de Elena, disfrazada de hipótesis rechazada, no había hecho sino confirmarle exactamente lo que ya temía: que si alguna vez tenía que decirle que sí a algo así, tendría que hacerlo con mucho más tacto del que acababa de emplear, y con una razón mucho más sólida que un simple favor entre compañeros.