Capítulo 52
Fue Elena quien buscó a Paco esa noche, sentándose a su lado en el porche sin decir nada durante un buen rato, dejándole terminar de mirar, una vez más, las fotografías de las siete víctimas extendidas sobre la mesa.
—Cuando esto termine, Paco, quiero que hagamos un viaje. Solos tú y yo, sin teléfonos, sin casos, sin nadie más. Necesito recordar quiénes somos cuando no hay una emergencia de por medio.
—Trato hecho. En cuanto esto termine, el viaje que tú quieras, donde tú quieras.
—No me hagas promesas que no puedas cumplir, que ya te conozco.
—Esta te la voy a cumplir, Elena. Te lo juro por lo que más quiero en este mundo, que resulta que sigues siendo tú, aunque estos días no lo haya sabido demostrar como merecías.
Ella le tomó la mano, entrelazando los dedos con los suyos sobre la mesa llena de fotografías de mujeres muertas, un gesto que a Paco le pareció, en ese instante concreto, la prueba más honesta de que algunas cosas, pese a todo, todavía merecían la pena ser salvadas.
—No te he perdido, Elena. Ni te voy a perder.
—Lo sé. Por eso sigo aquí, Paco. Porque a pesar de todos estos días difíciles, nunca he dudado ni un solo segundo de que valía la pena quedarme a averiguarlo.