Cruces y sombras Capítulo 35
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Capítulo 35

Carmelo Calderín se presentó en comisaría sin cita previa, insistiendo ante el agente de recepción en que necesitaba hablar con el inspector Figueroa en persona, algo tan impropio de él que Paco, al enterarse, dejó lo que tenía entre manos para recibirlo de inmediato.

—Se trata de Charlie Maka, inspector. Lleva semanas comportándose de un modo extraño, incluso para él. Y anoche, bebido, se le escapó algo que creo que debería usted saber.

—Le escucho, Carmelo.

—Dijo que Altuza está furioso porque alguien está usando el circuito de venta de piezas del puerto, el mismo que ellos llevan años controlando para el trapicheo habitual, para mover objetos mucho más valiosos de lo normal.

Objetos que, según Charlie, ni siquiera Altuza sabe identificar del todo, pero que le están generando problemas con gente muy por encima de su nivel habitual.

Paco sintió que aquella pieza, aparentemente menor, encajaba con una precisión incómoda en el mosaico que llevaba días construyendo: el circuito de venta de arte robado de Melián, cruzándose sin que nadie lo hubiera planeado con las rutas de contrabando habitual de Altuza.

—¿Le dio Charlie algún nombre, Carmelo?

—Ninguno. Pero mencionó que el contacto siempre paga a través de una empresa con nombre de fantasía, algo relacionado con gestión patrimonial, y que las entregas se hacen siempre de noche, en el mismo tramo del muelle donde ustedes encontraron a esas pobres chicas.

*

La información, trasladada esa misma tarde a Sara Brito, confirmó lo que UHEDO llevaba días sospechando sin conseguir todavía una prueba documental sólida: que la red de blanqueo de Lasanta y el circuito de venta de piezas robadas de Melián no eran, como habían asumido hasta entonces, dos vías paralelas que ocasionalmente se rozaban, sino la misma tubería, usada por distintas manos para distintos fines.

—Altuza no sabe con quién trata de verdad —concluyó Sara, extendiendo sobre la mesa un mapa del puerto con las rutas de descarga marcadas—.

Y eso, curiosamente, puede jugar a nuestro favor.

Un hombre que no sabe a quién protege es un hombre que, con la presión adecuada, puede terminar entregándolo sin darse cuenta.

—Altuza no habla con la Policía por gusto propio, Sara. Habría que ofrecerle algo a cambio, y no tengo nada limpio que ofrecerle.

—Yo sí lo tengo —respondió ella, con una sonrisa que a Paco le recordó, incomodándolo gratamente, la misma determinación tranquila con la que Carmela afrontaba cada obstáculo desde sus primeros días en el caso—.

UHEDO puede ofrecerle inmunidad parcial en el expediente de patrimonio a cambio de cooperación.

No es santo de mi devoción negociar con gente como Altuza, inspector, pero si eso nos acerca un paso más a Melián, estoy dispuesta a tragarme el orgullo.

Paco asintió, sintiendo que aquella alianza improbable entre una unidad europea de patrimonio histórico y un mafioso de barrio decía, mejor que cualquier discurso, hasta dónde estaba dispuesta a llegar aquella investigación con tal de encontrar, por fin, el hilo del que tirar hasta el final.