Capítulo 33
Domingo, el ayudante de Rodolfo, le entregó a Paco en mano el informe complementario sobre las herramientas de forja, un documento que había preparado sin que nadie se lo pidiera, quedándose hasta tarde en el laboratorio para tenerlo listo antes de la reunión de la mañana.
—Rodolfo me pidió que se lo trajera personalmente, inspector. Dice que usted no tiene tiempo de esperar a que se lo enviemos por el conducto habitual.
—Dile que se lo agradezco, Domingo. Y a ti también, por quedarte hasta tan tarde.
—No hay de qué agradecer, inspector. Todos en el instituto sabemos cuántos días le quedan. Si podemos ahorrarle una hora, se la ahorramos.
*
El informe confirmaba lo que Paco ya sospechaba: las mismas herramientas habían sido usadas en las cuatro cruces recuperadas hasta el momento, con un patrón de desgaste que apuntaba a un único artesano, meticuloso hasta la obsesión, que llevaba forjando piezas similares desde mucho antes de que empezara el caso Arcángel.
—Cada informe que llega solo confirma lo que ya sabíamos, Carmela, sin darnos un solo nombre nuevo.
—A veces confirmar lo que ya sabemos es también avanzar, jefe. Aunque no lo parezca desde dentro del día a día.
Paco guardó el informe en la carpeta ya abultada del caso, consciente de que, con tan pocos días por delante, cada confirmación sin nombre propio pesaba mucho más de lo que Carmela, con su optimismo tozudo, estaba dispuesta a admitir en voz alta.
Domingo se quedó un momento más en la puerta del despacho, sin saber muy bien cómo despedirse de un hombre al que apenas conocía personalmente pero cuya reputación llevaba años precediéndolo por toda la comisaría, y terminó optando por un simple gesto de cabeza antes de volver, casi corriendo, hacia el instituto, donde Rodolfo lo esperaba con la siguiente tarea urgente de la lista cada vez más larga que ambos mantenían sobre el caso.