Cruces y sombras Capítulo 21
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Capítulo 21

Thais fue quien, revisando por enésima vez su propia transcripción del manifiesto en busca de cualquier detalle que se le hubiera escapado, reparó en algo que ni Ingrid ni Sara habían sabido interpretar del todo: una expresión en latín eclesiástico, poco habitual fuera de círculos muy concretos, que Melián repetía como una especie de firma personal en tres pasajes distintos del texto.

—«Custos arcanorum» —le explicó a Paco, señalando las tres apariciones subrayadas en su copia de trabajo—.

«Guardián de los secretos», literalmente.

No es una expresión líturgica estándar, inspector.

Es del tipo de latín que solo se aprende en seminarios muy específicos, o leída directamente de archivos eclesiásticos poco divulgados.

Alguien se la enseñó, o la sacó de algún sitio muy concreto.

—¿Puedes averiguar de dónde?

—Ya lo estoy intentando. Ingrid me ha dado acceso a los archivos digitalizados de varias diócesis, y pienso encontrarla, aunque tenga que leerme cada documento uno por uno.

*

Dos días después, Thais localizó la expresión exacta en un único documento de todo el archivo digitalizado: un informe interno, redactado décadas atrás, sobre la custodia de ciertos objetos de valor histórico en la parroquia de Teror, firmado por un sacerdote cuyo apellido coincidía, letra por letra, con el que Ingrid ya había relacionado con la familia de Melián.

—Inspector, creo que acabo de encontrar el eslabón que faltaba —anunció Thais, entrando en el despacho con la impresión todavía caliente en la mano, sin apenas aliento por la carrera desde UHEDO—.

Este documento conecta directamente la familia de Melián con la misma parroquia que Ingrid ya había señalado.

No es solo una coincidencia de apellido.

Es la misma frase exacta, la misma expresión en latín, transmitida de generación en generación dentro de la misma familia.

Paco la miró con una mezcla de gratitud y asombro que ya no intentaba disimular ante nadie del equipo.

—Thais, esto podría ser exactamente lo que necesitábamos para terminar de atar el nombre real tras la sociedad instrumental de Lasanta.

—Entonces váyanse a comprobarlo, inspector. Yo sigo aquí, por si hay algo más que traducir antes de que se acabe el tiempo.

Paco salió hacia UHEDO con la fotocopia todavía en la mano, pensando que, de las siete personas que más habían empujado aquel caso hacia adelante en los últimos días, cinco eran mujeres a las que nadie, ni la propia comisaría, había terminado de darles del todo el crédito que merecían.