Cruces Fatales (AJ Docker 5) CAPÍTULO CUARENTA
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CAPÍTULO CUARENTA

O'Connor y Squire forcejearon con los controles del avión en la aproximación final. La pista se ensanchó rápidamente, pues viajaban demasiado rápido y aún demasiado alto con la cola desviada hacia un lado.

—Lo vamos a lograr Mugroso —le aseguró su copiloto.

—No tenemos otra opción. No puedo cambiar el rumbo para otro intento. Vamos a aterrizar ahora.

Sabían bien que todo vuelo aterriza eventualmente, de una forma u otra.

O'Connor hizo sus ajustes finales por intuición.

Sin un protocolo establecido, se basó en sus experiencias.

Redujo el acelerador del motor izquierdo, manteniendo solo el empuje necesario para dirigir el avión.

Un silencio inquietante los envolvió mientras la desaceleración los lanzaba hacia adelante en sus asientos.

Se les encogió el estómago al ver que el avión perdía altitud rápidamente y la pista se agrandaba ominosamente ante ellos.

En el último momento, tiró de la palanca y le dio algo de empuje al motor izquierdo, lo que provocó que la cola se elevará, pero que el avión se desviará a la derecha.

Preparado para esto, O'Connor pisó el timón izquierdo y giró el avión a la izquierda, obligándolo a aterrizar.

El avión se desplomó, reventando neumáticos y doblando el tren de aterrizaje delantero.

O'Connor frenó a fondo y aceleró los flaps para frenar el avión mientras luchaba por mantenerlo alineado con la pista.

El tren de aterrizaje delantero se quebró, rozando la cola contra el pavimento con una lluvia de chispas.

O'Connor perdió el control del avión y observó con impotencia cómo se deslizaba por la pista.

Observó distraídamente las luces de los vehículos de rescate y rezó para que estuvieran bien preparados para extinguir los probables incendios.

Con un chirrido horrible, el avión aminoró la marcha hasta detenerse. O'Connor apagó rápidamente el motor restante mientras Squire solicitaba una evacuación de emergencia desde el lado izquierdo del avión. Se desabrocharon los cinturones para revisar a los pasajeros.

Los auxiliares de vuelo ya habían abierto las puertas de la parte delantera izquierda del avión y sobre el ala izquierda y ayudaban a todos los pasajeros a bajar por los toboganes, contando cuidadosamente a cada pasajero.

El Servicio Secreto rodeó a los invitados VIP, manteniendo un perímetro seguro lo mejor posible, hasta que los metieron a toda prisa a una Suburban que los esperaba.

O'Connor y Squire ayudaron a los pasajeros heridos, algunos de los cuales cojeaban con heridas leves a salir por los toboganes.

El avión se despejó rápidamente y al poco tiempo solo quedaron los pilotos y dos auxiliares de vuelo.

Confirmaron que el avión estaba vacío y verificaron el número de personas que habían salido.

Los auxiliares de vuelo se deslizaron por el tobogán, dejando solos a Squire y O'Connor.

—Buen vuelo coronel, pero aún me debes un dólar. Superamos el tiempo estimado por dos minutos.

—Debería haber dado una vuelta. Quizás la próxima vez. Vámonos.

Squire se deslizó hacia abajo, seguido del coronel.

Recorrieron el avión para evaluar los daños, ignorando las advertencias de los bomberos.

La espuma de los extintores cubría el costado derecho del avión goteando en algunos puntos, revelando la magnitud de los daños.

Ambos pilotos reconocieron que solo un misil pudo haber causado tal destrucción y su ira se avivó.

—O nos alcanzó un kamikaze aviar con un chaleco explosivo o alguien nos disparó, coronel.

—Eso es seguro, amigo mío.

El coronel sacó su teléfono para comenzar su lista mental de llamadas.

∙ ∙ ∙

Vi a Banshee alejarse corriendo del hombre con pistola.

Había disparado un par de veces, pero Banshee se movía demasiado rápido para su puntería desde un ángulo incómodo.

Enojado, gritó algo incomprensible y se giró para dispararme.

Astilló el árbol tras el que me había escondido antes de subirse a la camioneta y salir huyendo.

Banshee saltó hacia mí y dejó caer la pelota a mis pies mientras, Shawn lo seguía.

—¡Mierda, Doc! ¿Estás bien?

—Estoy bien —dije dándole una palmada al roble.

Agradecí en silencio a quien fuera que hubiera plantado el árbol hace cuarenta años por su previsión.

—¿Y ahora qué? Lo tengo todo grabado en video.

—Felicidades. Estás a punto de ser famoso en Twitter.

—Ahora se llama X.

—Sí, es muy diferente a Twitter ahora. Mejor súbelo mientras puedas. Seguridad Nacional podría confiscarte el teléfono si se entera.

Shawn empezó a subir la información mientras yo llamaba de nuevo al Agente Duff. Probablemente absorto en el drama del ataque, no contestó, así que escribí:

«Estoy junto a los dos lanzadores que dispararon al Air Force Two y tengo un video del ataque».

Mi teléfono sonó segundos después.

—¿Qué carajo, Doc?

—Supusimos que podría estar planeando volar el avión en lugar de dispararle al presidente con un francotirador. Así que fuimos al lugar más probable donde dispararía y lo vimos disparar los misiles. ¿Pudo aterrizar el avión sin problemas?

—Aterrizó sin víctimas, aunque «sin problemas». Es un término relativo. ¿Por qué no me llamaste?

—Revisa tus mensajes. Te llamé un montón de veces.

—¿Dime qué viste?

Le conté todo sobre los dos lanzamientos de misiles y los disparos.

—¿Estás seguro de que es el mismo imbécil del barco ?

—Estoy un 99% seguro de que es el mismo tipo. Te enviamos el video ahora mismo.

—Describe la camioneta.

—Azul, último modelo, probablemente una Honda Odyssey. No tengo la matrícula.

—De acuerdo. Quédense ahí y no dejen que nadie se acerque a esos lanzadores hasta que llegue.

Shawn terminó su publicación y presionó «enviar».

—Va a ser tendencia número uno en Twitter.

—Felicidades. Envía una copia a este número.

Shawn envió el video por mensaje de texto y se sentó en el pasto a mi lado. Le lanzó la pelota a Banshee, que aún tenía energía para quemar mientras revisábamos las noticias en su teléfono.

—El avión se ve intacto en el video, con la gente deslizándose por los toboganes. Siempre he querido deslizarme por la salida de emergencia de un avión —dijo Shawn.

—Probablemente es chido hacerlo después del terror del aterrizaje forzoso. Deberíamos haber hecho más para detenerlo.

—Hicimos lo que pudimos. El tipo tenía dos misiles y una pistola. Al menos teníamos a Banshee.

—Quizá marcó la diferencia. Ese tipo se enojó mucho después de que Banshee lo derribara.

—Estoy muy contento de tenerlo de nuestro lado.

—Yo también.

Banshee todavía perseguía su pelota cuando las sirenas invadieron la recién instalada tranquilidad del parque.