CAPÍTULO TREINTA Y SEIS
Shawn entró como un rayo en la habitación y nos sacó de nuestro estado semi vegetativo.
—Parece que están aburridos. ¿Cómo está él?
—Deberían terminar en cualquier momento. Nos han dicho que el corazón está en su sitio y funcionando. Lo están cerrando —dije.
—¡Qué buena noticia! Ese hombrecito es un guerrero. ¿Qué sigue después?
—Lo van a trasladar a la sala de postoperatorio para una monitorización estrecha. Cuando estén seguros de que está estable y no necesita volver al quirófano, lo van a trasladar de nuevo a la UCI.
—Es increíble cómo la gente puede entender esas cosas. ¿Cómo lo llevas, Mary?
—Bien, pero me estoy quedando sin energía. Ha sido una semana larga y estresante. Me estoy agotando y necesito verlo.
—Lo vas a ver pronto. Oye, Doc, ¿cómo te fue en la reunión con los federales?
—Vamos a dar un paseo y te lo cuento.
Banshee optó por acurrucarse con Mary mirándome de reojo. Normalmente lo acusaría de traidor, pero probablemente intuyó que ella necesitaba un amigo. Le encantan los paseos.
Shawn y yo encontramos un banco afuera, a la sombra.
—¿Necesito saber algo? —preguntó Shawn.
—No, realmente. Carmen compartió la misma información con Duff. El único detalle nuevo que dio fue que, al parecer, Cedro cantó: «¡Vuela a ese cabrón!» Como si fuera una canción infantil.
—Odio ser yo quien te lo diga, pero esa canción nunca va a ser bien recibida por los padres.
—Depende de los padres. Tu amigo Samuel L. Jackson podría cantarla —dije, señalando la playera.
—Y sería mucho más entretenida. ¿Por qué crees que hizo eso? No tiene ningún sentido.
—Tal vez porque es un asesino psicópata con drogas haciendo estragos en su organismo.
—Eso sin duda puede explicar muchas cosas, pero no tiene sentido para un francotirador. Los francotiradores no hacen volar a la gente por los aires.
—Tal vez planea usar un rifle de calibre especialmente grande, lo que impresionaría a alguien como Cedro, dada su propia arma favorita —reflexione, lo que puso en movimiento los engranajes.
Desde la perspectiva de la medicina de urgencias, cuando algo no tiene sentido, los médicos revisan todos los datos para ver qué se han pasado por alto. En este caso me había distraído la tontería del cántico de Cedro y no había reflexionado mucho sobre su significado.
—Bien, Shawn, veamos esto. ¿Cómo haría un francotirador para volar al presidente de México?
—¿Quién dijo que era francotirador? Llevaba un maletín largo y habló de disparar, así que todos asumimos que era francotirador, pero nunca lo dijo. Quizás llevaba una bomba en ese maletín.
Frustrado y decepcionado conmigo mismo, me di cuenta de que efectivamente, había hecho esa suposición sin suficientes datos y, en efecto, me había cegado. Por primera vez, me detuve objetivamente para analizar todos los datos con la mente abierta.
—No creo que sea una bomba. El estuche es largo y estrecho —dije.
—Bien, señor experto en bombas. No tenemos ni idea de lo que hay en la maleta. Quizás tenga una bomba pequeña y el resto sea su ropa y artículos de aseo. Carajo, por lo que sabemos, puede que tenga botanas, libros y videojuegos.
—Pero dijo que iba a disparar. Dijo que iba a matar al presidente de un solo tiro.
—Quizás dispare una granada. Eso haría estallar a un presidente.
—Quizá, pero no es del todo exacto. Podría lanzarle una granada, pero tendría que estar cerca y no habría garantía de matarlo, incluso si pudiera acercarse.
—Tal vez tenga un misil ahí.
—¡Mierda! ¡Eso es! Robó uno de esos misiles del campo de batalla y va a volar el carro por los aires. Esas madres son inteligentes y pueden destruir un carro a gran distancia.
—Eso sí que volaría un cabrón por los aires. Esas cosas pueden destrozar un tanque, así que un carro no sería un problema. ¡Diablos, esas cosas pueden destrozar un avión!
La realidad o la paranoia me abofetearon al registrar las palabras de Shawn.
—¿Un avión? No crees que esos tipos irían tras un avión, ¿verdad?
Sería un objetivo más rápido que un carro, pero podrían mantenerse fuera de cualquier posible perímetro de seguridad y ese tipo de ataque sería una primicia histórica, así que su equipo de seguridad no estaría preparado.
Y el momento es perfecto. Vuelan a Miami esta noche en el Air Force Two.
Si van tras el avión, van a aniquilar a nuestro vicepresidente y al presidente de México.
—Creo que debes llamar a tu amigo de Seguridad Nacional. Asegúrate de que me den el crédito por haberlo descubierto.
Agradecí su broma, que alivió un poco la tensión creciente, pero seguía igual de alarmado. Marqué mi contacto para hablar con el Agente Duff, pero la llamada fue directo al buzón de voz.
∙ ∙ ∙
El Agente Duff informaba al FBI, al Servicio Secreto, al Departamento de Seguridad Nacional, a la policía de Miami y a la Casa Blanca sobre el estado de la investigación mediante una videollamada.
Todos los teléfonos celulares estaban guardados fuera de la sala de conferencias por motivos de seguridad.
Desafortunadamente, el Agente Duff no tenía ninguna información tranquilizadora para todos.
—La mala noticia es que aún no conocemos la identidad del tirador ruso. No se encontraron huellas en el barco y el reconocimiento facial no ha dado ninguna coincidencia.
—¿Y qué pasa con la ubicación del tirador? —preguntó el jefe del FBI.
—La policía de Miami ha tomado la iniciativa en la localización del tirador ya que es su ciudad natal.
El barco se ha rastreado hasta Cedro Álvarez, un conocido líder de una pandilla.
Principalmente de poca monta, se dedica al tráfico de drogas y la venta de protección.
También se le busca por un asesinato reciente.
La policía ha estado buscando sus paraderos, pero hasta ahora no han tenido éxito. Se dice que están escondidos.
—¿Qué pasa con la seguridad de nuestros invitados VIP que aterrizan en los próximos noventa minutos?
El jefe del Servicio Secreto intervino:
—Hemos reorganizado los horarios para trasladar todos los eventos al interior. Es imposible que el tirador tenga una línea de visión clara en ningún lugar. Además, todos los lugares son nuevos, así que, si el tirador ya tenía una plataforma de tiro preparada, ahora no sirve.
La reunión continuaría durante una hora más, mientras las agencias coordinaban los detalles de seguridad.
El Agente Duff detestaba tener al tirador suelto, pero contaba con que podrían mantener a todos a salvo a pesar de su presencia.
La reunión no terminó sino hasta quince minutos antes del aterrizaje previsto del avión.
∙ ∙ ∙
La habitación de Billy en la UCI estaba abarrotada cuando Mary por fin tuvo la oportunidad de verlo, todavía conectado a todo tipo de cables y monitores.
Desesperada por encontrar algo de esperanza, pensó que quizás solo lo estaba imaginando, pero se veía mejor que en toda la semana.
Se inclinó para besarlo en la frente, con cuidado de no estorbar al personal que lo atendía.
La doctora Karen Whitman la llevó aparte :
—La cirugía salió tan bien como se podía esperar. El corazón bombea con normalidad y tiene un buen ritmo sinusal. Todas las venas y arterias están conectadas y no presentaban ninguna fuga antes de cerrarlo.
La intensa emoción de los últimos días la abrumó y Mary lloró:
—Gracias por salvar a mi hijo.
—Es un honor cuidarlo. Ya casi hemos cumplido con nuestra parte.
Vamos a seguir de cerca su progreso hasta que le retiren los tubos torácicos y hasta que estemos seguros de que no hay problemas postoperatorios, pero su atención principal va a estar a cargo de la doctora Tracy, la cardióloga y la doctora Gina, médica de la UCI.
Ellas van a supervisar sus medicamentos y van a decidir cuándo retirar el tubo de respiración.
Finalmente, el frenesí de actividad se disipó y una vez más, solo Mary permaneció en la habitación con él y el incesante ruido de fondo de los monitores.
Ese mismo día, esos pitidos habían sido tan siniestros, como si estuvieran marcando la cuenta regresiva para la muerte de su hijo.
Ahora, parecían anunciar su recuperación, como si ganara fuerza con cada nuevo latido.
Ella tomó el libro de Harry Potter y le leyó el siguiente capítulo a Billy.