Cruceros Taylor (Hermanas Taylor 2) Capítulo 19
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Capítulo 19

—¿Hay café para mí? —pregunta William entrando en la cocina.

Indira estaba tan absorta aferrada a su taza, que da un respingo al escucharlo.

—Sí, lo he preparado hace un rato.

La empresaria señala la cafetera con la cabeza y permanece en el mismo sitio, apoyada contra el mármol mientras observa el café de su taza, que ya se ha quedado frío.

—No te he escuchado levantarte, ¿llevas mucho tiempo despierta? —pregunta William.

Indira parpadea un par de veces tratando de centrarse antes de responder.

—No, hace un rato que me he despertado —miente como una bellaca.

Indira apenas ha dormido en toda la noche mientras su mente repetía en bucle la conversación que tuvo anoche con Caroline.

Repasa cada detalle de la gala como si fuera una masoquista y se tortura por no haber estado más atenta, pero, sobre todo, por no ser capaz de prever cuando advirtió que el evento al que la llevaba William era en el hotel Magnolis, que las probabilidades de que Caroline estuviera allí eran muy elevadas .

—Somos un equipo cojonudo —dice William de repente, acercándose a ella con una sonrisa de oreja a oreja.

Indira frunce el ceño, ni está de humor ni entiende a qué se refiere.

—Ayer hicimos muchos contactos importantes, Indira —William se sienta sobre el mármol de un salto, balanceando las piernas como un niño emocionado mientras habla—. ¿Recuerdas a Néstor Milton?

Indira hace una mueca de desconcierto, desde su discusión con Caroline, todo lo acontecido en la gala permanece difuso en su mente.

—El dueño de la aerolínea —le recuerda William y ella asiente levemente—, a su mujer le caíste tan bien que nos han invitado un fin de semana a su casa de los Hampton, y mira que la mujer es rara —matiza divertido—.

Por eso digo que es importante que asistamos a este tipo de eventos juntos, porque somos imparables.

Indira lo mira y solo tiene ganas de llorar. Se siente mezquina por no compartir ni la alegría ni el entusiasmo de su marido, pero, sobre todo, por ser incapaz de prestarle atención porque solo puede pensar en Caroline Taylor.

—Mierda —dice William deslizándose hacia el suelo—, he de irme a la oficina. Tengo una reunión en una hora y si no salgo ya, llegaré tarde. ¿Te vienes conmigo?

—No, hoy trabajaré desde aquí, tengo la agenda despejada y la verdad es que me duele un poco la cabeza, ya sabes que a mí acostarme tarde no me sienta bien.

William sonríe y le da un beso en la frente. Tras eso se marcha a la habitación e Indira espera quieta e impaciente a que se vista y se marche. En cuanto se queda a solas, coge el teléfono y llama a Caroline, pero como ya intuía que iba a suceder, no se lo coge.

Indira hace un par de intentos más mientras se viste y decide no perder el tiempo con intentos de llamadas y presentarse en el edificio del grupo Taylor para hablar con Caroline directamente.

—Buenos días, Asher —saluda al secretario en cuanto llega.

Asher levanta la mirada y la observa, siempre fascinado y sonriente, aunque esta vez, con un deje de sorpresa.

—Hola, señora Campbell, ¿ha quedado con la señorita Taylor? —pregunta, descolocado.

Indira le sonríe y tuerce la boca en una mueca.

—Me temo que de nuevo me presento sin cita.

—Ya veo —Asher se muerde el labio—, lamento decirle que no está, ha llamado hace un rato para decir que hoy trabajará desde su casa.

Indira se queda quieta y mira el despacho de Caroline, donde ve la puerta abierta y las luces apagadas.

—Esto me pasa por no llamar antes —dice con un amago de sonrisa.

—No sabe cuánto lo siento —dice Asher.

—No pasa nada, vendré en otro momento.

Indira tiene claro cuando sale del edificio que no irá en otro momento, ella quiere hablar con Caroline ahora, así que, aprovechando que sabe dónde vive, decide ir a su casa.

Caroline acaba de salir del despacho de su casa con la intención de ir a prepararse otro café cuando suena el timbre.

No le extraña mucho porque, en ocasiones, cuando trabaja desde casa, su padre suele visitarla porque vive cerca y se pasa a desayunar con ella, por eso cuando abre la puerta, el corazón le da un vuelco al ver a Indira y su primer impulso es el de intentar cerrarla, pero Indira se lo impide aguantando la madera con el pie .

—Déjame pasar, por favor, necesito que hablemos de lo que pasó anoche.

Caroline no se hace de rogar y se hace a un lado para cederle el paso a la empresaria, porque negarse a sí misma que no quiere escuchar cualquier cosa que tenga que decirle, es absurdo.

—¿Quieres café? —pregunta Caroline cuando Indira se acerca a ella con la intención de darle un beso.

La empresaria se detiene aceptando la negativa con un dolor que le traspasa el alma, pero que disimula como puede.

—Por favor.

Las dos entran en la cocina e Indira guarda silencio hasta que Caroline sirve dos tazas bien cargadas y las deja sobre el mármol junto a la leche y el azúcar.

—Necesito aclarar esto, Caroline —dice Indira removiendo su café con nerviosismo—, no he podido dormir en toda la noche y…

—Creo que fui bastante clara, Indira —la corta Caroline de manera abrupta—.

Lo que dije anoche lo mantengo, el tiempo de aguantar esta situación para mí se ha terminado.

Me estoy enamorando de ti —suelta mirándola a los ojos, con una sinceridad tan abrumadora que el cuerpo de Indira se sacude en un espasmo—.

Ahora tengo que mirar por mí, Indira, hacer lo que más me conviene, y te aseguro que no es seguir viendo a una mujer casada, por mucho que ella me asegure que la relación con su marido está acabada.

—Pero, Caroline... —dice Indira, sobrepasada.

—Ha llegado el momento de que decidas, Indira, o William, o yo.

A Indira el comentario le parece demoledor y es incapaz de procesarlo: demasiada información en tan poco tiempo, demasiados cambios.

—Me parece que estás siendo injusta al presionarme de esta manera, Caroline —dice notando que el corazón se le desboca y le falta el aire.

Caroline deja la taza y se aferra al mármol con las dos manos, con el cuerpo tenso y los ojos a punto de desbordarse como dos cascadas.

—Me da igual lo que te parezca, yo acepté tus condiciones al principio, ahora estas son las mías —dice con dureza—. No te pido que me contestes ahora mismo —añade intentando que la voz no le tiemble—, piénsatelo bien y ven a verme cuando tengas una respuesta.

Indira deja la taza de café sobre el mármol sin haberla probado.

Aunque Caroline no le ha pedido que se vaya de su casa de manera directa, sabe que la conversación ha terminado.

La pequeña de las Taylor ha sido muy clara con su ultimátum y si la cabeza de Indira era un caos cuando ha llegado, ahora es un mar de dudas, uno embravecido por la rabia.

Sale de casa de Caroline sin despedirse y siente que se le detiene el corazón cuando la puerta se cierra a sus espaldas. Camina hasta su coche sintiéndose devastada y, antes de subirse, se enciende un cigarro y llama a su amiga y terapeuta Abigail Norton.

—Necesito que nos veamos —dice en cuanto le contesta.

La conversación es prácticamente idéntica a la que tuvieron hace unas semanas, porque Abigail le dice que no tiene hueco y al final acuerdan verse a la hora de la comida, comida que Indira debe pagar junto a la factura de la sesión.

La espera se le hace a Indira interminable y, en cuanto Abigail llega al restaurante y se saludan, la empresaria no espera a que le pregunte y la pone al día de todo lo que ha sucedido en su vida desde la última vez que se vieron, terminando con lo que la tiene prácticamente destruida, la conversación de esta mañana con Caroline.

—Se te complica la vida, amiga —dice Abigail tras soltar un silbido.

Indira la atravesaría con la mirada si se sintiera con fuerzas, pero está tan derrotada que no se inmuta.

—Bueno, esto da para mucho, pero como no tenemos tiempo, vamos a ir a los puntos importantes —dice Abigail, captando la atención de Indira, que espera que su amiga dé respuestas a todas las preguntas que invaden su cabeza—. Aquí se trata de responder a una pregunta: Caroline o William.

Abigail mira a Indira tratando de buscar alguna reacción en ella, pero su amiga está tan perdida que solo la escucha y la mira atenta, como si ella fuera una brújula que le va a indicar el camino.

—Para mí es fácil —dice Abigail—. Caroline dice que se está enamorando de ti, así que sabiendo esto, lo primero que tenemos que saber es si tú sientes lo mismo, porque si no es así, tu conflicto está resuelto.

Indira siente que el corazón se le encoge solo de pensar en que su vida siga sin Caroline en ella.

—Yo no me estoy enamorando de ella, ya lo estoy, hasta las trancas —confiesa trastornada al ser consciente de ello.

Abigail sonríe con cierta ternura.

—Pues tú sola acabas de responderte, Indira. En el fondo, sabes perfectamente lo que tienes que hacer, aunque entiendo que para ti es muy complicado por todo lo que tienes construido con William y por el impacto emocional que implica una decisión como esta, tanto para ti como para él .

—No es justo que Caroline me pida esto ahora —dice Indira con los puños apretados.

—Claro que lo es, ella puede pedir lo que quiera, se trata de su vida y a esa chica tu situación le hace daño.

Sé que ahora te cuesta verlo porque para ti esto implica una decisión que te hace daño a ti y se lo hará a William, al que quieres con locura, pero has de valorar Indira, una vida gris con un marido por el que solo sientes cariño o una llena de color con una chica que te desboca el corazón cada vez que la ves.

Indira sonríe y suspira. Lo tiene muy claro, pero no sabe cómo hacerlo.

—¿Por qué no te tomas unos días de vacaciones? —le aconseja Abigail—. Este es un paso importante y ahora mismo estás sobrepasada. Vete unos días, despeja la mente, habla contigo misma, entiende lo que quieres y lo que necesitas y vuelve cuando estés lista.

Indira asiente. La idea de alejarse unos días de Nueva York hace que los pulmones se le llenen de aire. Siente que lo necesita, alejarse de todo, desconectar para centrarse y volver cuando se apague todo ese ruido interior que no la deja pensar.