Capítulo 18
Caroline Taylor echa el último vistazo al espejo que tiene en el salón de su apartamento y asiente satisfecha con el reflejo que le devuelve.
Lo que más le gustaría es ir con ese vestido azul marino que tan bien combina con sus ojos y esos tacones de muerte a cenar a algún sitio íntimo con Indira, pero esa noche ninguna de las dos está libre; las Taylor celebran una gala benéfica en el hotel Magnolis e Indira tiene un compromiso al que no puede faltar.
Ese día no tiene ganas de conducir, así que ha dejado su adorada camioneta y un coche la recoge para, minutos después, dejarla en la puerta del hotel.
En cuanto entra, se topa con la mirada de su padre, que está junto a Katherine y Jodie en la parte de atrás del salón.
—Llegas tarde —le reprocha Katherine y Jodie le coloca, de forma casi automática, la mano en la espalda a su novia para que no increpe a su hermana.
Caroline sonríe, le da un beso en la mejilla a su padre y se para frente a su cuñada.
—Estás impresionante, Jodie —suelta Caroline y Katherine vacía sus pulmones con rabia. No puede evitar seguir cayendo en ese juego estúpido de su hermana pequeña—. Tú también estás muy guapa —termina Caroline elogiando a Katherine.
La familia disfruta del evento conversando entre ellos, saludando a los invitados y observando a una muy maniática Jodie Sinclair que cada poco tiempo desaparece tras la puerta de la cocina del hotel para supervisar que todo esté saliendo como lo ha planificado.
Justo cuando los camareros salen con una nueva ronda de champagne, Caroline casi pierde el equilibrio cuando ve que, entrando al hotel y cogida de la mano de su marido, Indira Campbell camina por el lugar como si fuera una artista de renombre.
La pequeña de las Taylor siente que algo le quema por dentro y no son precisamente los celos que pudiera llegar a tener, es que nota que la pareja se mueve de forma grácil entre los presentes, sonríen con una armonía típica de quienes llevan juntos media vida y se tocan como si fueran el matrimonio más feliz de la historia.
—¿Qué ocurre? —pregunta Katherine al darse cuenta de que su hermana se ha quedado callada con la mirada afilada.
—Indira y su marido acaban de llegar a la gala —contesta Caroline sin apartar la mirada de la pareja.
Katherine sigue la mirada de su hermana y reconoce a la mujer con la que la chica estuvo el otro día en la azotea de su hotel.
Para la desgracia del grupo, Indira habla de manera distendida con una pareja elegante y William, que está a su lado asintiendo a todo lo que dice, la tiene cogida por la cintura.
El hombre, que parece haber visto a alguien de interés, baja un poco más la mano y le deja a su mujer una palmada disimulada en el culo y esta, como accionada por un botón, sonríe, mueve la boca un par de veces más y camina para situarse en otro lugar.
—Ya lo habéis hablado, Caroline —intenta Katherine rebajar la tensión del momento—. Os estáis conociendo y, mientras tanto, ella seguirá junto a su marido. Es normal que acudan juntos a este tipo de eventos o cualquier reunión que sea positiva para el negocio .
Caroline niega con la cabeza y decide girarse hacia Katherine antes de que los ojos se le derritan. Siente un calor insoportable en la cara y sabe que es producto de todo lo que está observando.
—No se trata de eso, Katherine —dice Caroline y se pasa la mano por su melena—.
Hay que estar completamente ciego como para no darse cuenta de que ese de ahí no es un matrimonio roto.
Indira no solo parece cómoda, sino que no tiene ningún problema en que su marido le toque el culo o incluso le dé un beso.
Yo me pongo en su lugar y sí, es verdad que no me separaría de una persona con la que me siento bien, aunque ya no haya nada entre nosotras por una mujer a la que acabo de conocer, pero tendría muy claros mis límites y no permitiría este tipo de gestos.
La dueña del hotel, lo único que hace es cogerle la mano y apretarla con cariño porque poco puede decir tras la explicación de su hermana.
La misma Katherine ha sentido un vuelco en el pecho cuando ha visto a William posar sus labios en los de su mujer y que esta no pusiera ningún impedimento.
Si por ella fuera, sacaría a Indira de su hotel y le prohibiría el acceso a cada uno de los sitios en los que el grupo Taylor está metido, pero sabe que esto es algo que debe resolver su hermana y no ella.
—Ven, vamos a saludar. Allí está Caroline Taylor —dice William, que nada más entrar a la gala benéfica, sus ojos de halcón se activaron para identificar a todas las personas a las que quería acercarse. Para él los negocios son lo más importante y ahí hay muchas oportunidades.
El suelo bajo los pies de Indira amenaza con abrirse y ella reza para que así sea.
Cuando William le dijo que tenían una gala esa noche, ella ni siquiera le preguntó dónde era ni quién la auspiciaba.
Le daba igual, más que nada porque Caroline tenía un evento familiar y no podrían verse, así que Indira prefería estar fuera de casa antes que encerrada con William entre cuatro paredes pensando en la rubia.
Ahora se da cuenta de su error y, como si hubiera caído en la actitud demasiado cercana que ha tenido en todo momento con su marido, le suelta la mano y disimula buscando algo en su bolso.
En cuanto puede, sube la mirada y la ve al lado de su hermana, la mujer que la acompañaba la otra noche y también junto a su padre. Indira nota el cuello tenso de Caroline y la forma en la que mira a cualquier sitio menos al frente.
—Está con su familia, William —dice Indira, que quiere evitar a toda costa acercarse al grupo—. Dejémosla tranquila; ya habrá tiempo de saludarla.
—Precisamente por eso, Indira —dice William mientras sonríe—. Está con Katherine Taylor y, si nos presentamos ahora, podemos tener una oportunidad para hablar con ella más adelante. Si nos hacemos con la gestión de reservas de sus hoteles, nos vamos a forrar.
Indira quiere apretarse fuertemente el puente de la nariz.
No puede, sería un gesto demasiado evidente, pero en momentos como esos detesta a William y esa cabezonería por conseguir un buen acuerdo.
No quiere culparlo, ella también tuvo mucho que ver, pero es justo eso lo que hizo que su matrimonio se convirtiera en una empresa societaria destinada a hacer millones de dólares.
—Vamos —sigue William y tira de su mano para acercarse a su objetivo.
Warren Taylor, que ha podido atar cabos desde que a una de sus hijas se le ha desencajado el rostro y la otra ha intentado darle consuelo, se mueve un poco y se pega a Caroline cuando ve que la pareja que parece ser la causante de sus angustias, camina en dirección a ellos.
—Tengo un arma en la habitación; si quieres, subo a buscarla —dice el hombre mayor con un tono jocoso que busca que su hija se relaje un poco. Lo consigue, porque Caroline sonríe de verdad.
—Buenas noches —saluda William extendiendo la mano hacia Caroline Taylor para después apretar la de su padre y por último la de Katherine—. Un evento maravilloso —elogia.
—Gracias por asistir —responde Katherine de forma cordial mientras calcina a Indira con su mirada y aprieta su mano más fuerte de lo que ha querido cuando le toca saludar a la mujer que le hace daño a su hermana pequeña.
Caroline siente que el corazón se le saldrá por la boca en cualquier momento y le encantaría desaparecer de la gala de forma instantánea, pero eso sería hacer una pataleta de mujer herida y ella no es de esas.
Cuando Indira extiende la mano para saludarla, las dos se quedan enganchadas en una mirada muy reveladora para todos menos para William, que está centrado en felicitar a Katherine por su nuevo hotel.
—Hemos pensado reservar una habitación para conocer las instalaciones. Nuestro aniversario se acerca y sería un buen lugar para celebrarlo —remata William y Warren piensa que va siendo hora de buscar su arma.
La suerte parece entender que necesita aparecer en ese momento para darle un respiro a Caroline, así que Jodie invita a todos a tomar asiento porque la cena está por servirse. La menor de las rubias mira a su cuñada, agradecida por romper esa situación tan desagradable.
Unos minutos después, los camareros empiezan a servir los entrantes y la incomodidad de Indira es casi palpable.
No para de observar a Caroline y sus miradas se encuentran varias veces.
La chica se levanta de su silla y Katherine también lo hace para susurrar algo en su oído.
Indira las estudia sin querer perderse ni un segundo de lo que ocurre hasta que contempla a Caroline atravesar el salón, directa hacia la salida.
—Voy un momento fuera —le dice Indira a William.
—Vale —contesta el hombre, que apenas la ha escuchado. Está enfrascado en una conversación con el dueño de una cadena de pizzerías muy famosas en la ciudad.
Indira se levanta y siente como si un animal salvaje y hambriento estuviera observándola, lista para saltarle encima y devorarla, pero ella no se gira; sabe bien que en la mesa del fondo está Katherine Taylor y es ella quien la mira.
La mujer de William Murphy sale del hotel y, sin pensarlo, le pide un cigarrillo a un hombre que disfruta del vicio cerca de la puerta.
Aspira una calada tan profunda que por poco se ahoga, pero le rebaja un poco esa ansiedad que la está asfixiando cuando encuentra a Caroline apoyada en una columna observando cada uno de sus movimientos.
—Estás preciosa esta noche —le dice Indira cuando se acerca a ella. Quisiera tocarla y besarla, pero sabe que no puede.
Para Caroline, ese comentario pone el ingrediente que faltaba para que el cóctel molotov que aguarda en su interior se active.
—Tu hipocresía me deja perpleja, de verdad —es lo primero que escupe Caroline e Indira frunce el ceño—. No pienso seguir aguantando esta situación, Indira. Verte aquí con William ha sido una de las peores cosas que recuerdo haber sentido.
Indira no sabe por qué, pero una molestia la invade al escuchar a Caroline quejarse de que ella asiste a un evento acompañada por su marido.
—No creo que tengamos que volver a discutir esto —dice Indira, le da la última calada al cigarrillo y lo apaga en el cenicero que tiene detrás—. Este es un evento que nos interesa como empresa y aquí estamos, juntos, como socios.
Caroline suelta una carcajada cargada de ironía y eso hace enfurecer a Indira.
—Vais cogidos de la mano, te toca el culo, te besa y tú pareces encantada —rebate Caroline—.
Yo también soy empresaria y estoy bastante acostumbrada a ver matrimonios acabados en eventos como estos, y el tuyo está muy lejos de parecerse a alguno de ellos.
Acepté que siguieras con él mientras averiguábamos en qué dirección iba lo nuestro solo porque me prometiste que vosotros no erais más que amigos, pero lo que has demostrado con tu actitud dista mucho de lo que me contaste y eso no estoy dispuesta a aceptarlo, no voy a ser la otra de nadie.
—Eso que dices…
—¿No es cierto? —la interrumpe Caroline—. No solo lo he visto yo, Indira, hasta mi padre lo ha notado. El único momento en que cambiaste de actitud fue cuando reparaste en mi presencia y eso me hace entender que cuando estás a solas con William eres su mujer, no su socia.
Indira siente la cabeza como si la tuviera en una caja muy ajustada.
Le cuesta pensar y que el oxígeno le entre con facilidad.
Ella no es consciente de esa actitud que Caroline le reprocha; lleva tantos años siendo de esa manera junto a William que le parece algo normal porque tiene muy claro que ella no siente lo que debería por su marido y que el hombre la coja de la mano o le dé un beso, para ella no representa nada. Es natural.
—Yo me puse en tu situación —sigue Caroline, que quiere soltarlo todo—, entendí que no era sencillo dar el paso y dejar una relación de tantos años, pero ahora ponte tú en la mía.
¿Cómo te sentirías si fuera yo la que estuviera casada y eres tú quien me ve con mi mujer siendo melosa y en una actitud que dice que mi matrimonio es maravilloso?
De solo imaginar a Caroline con otra mujer, Indira siente una arcada que no le queda más remedio que contener. No solo es una adúltera, sino una egoísta, pero aun así sigue sin terminar de entender la actitud de la rubia.
—¿Y no cuenta lo que yo te haya explicado? —pregunta la mayor de las empresarias—. ¿No vale de nada que yo te diga que entre él y yo no hay nada?
Caroline niega y en su rostro se refleja tristeza. Esperaba que Indira al menos asumiera su error, pero la mujer sigue enfrascada en su verdad. En la única que ella ve.
—Las palabras son importantes, pero las actitudes lo son más —contesta Caroline—. Tú puedes prometerme miles de cosas, pero si me demuestras lo contrario, para mí no tiene validez nada de lo que me digas. Te he visto tan cómoda con él que dudo que de verdad vayas a dejarlo para estar conmigo.
Indira, que no se esperaba nada de lo que le ha dicho Caroline, se queda tan callada que ni siquiera se escucha su respiración.
Su cerebro es un hervidero y miles de teorías, palabras y momentos corren por él, recordándole cada minuto que ha compartido con William y lo que han logrado, pero también lo que siente por la chica que tiene al frente.
Es todo tan confuso que es incapaz de abrir la boca y Caroline, que esperaba que Indira se sincerara con ella, se siente aún más hundida y decepcionada de esa mujer que le hizo promesas que ahora quedan en nada.
—No es necesario que digas algo —dice Caroline y se irgue—. Tu silencio me confirma que yo tenía razón. Tú, Indira Campbell, no eres capaz de dejar a tu marido y, desde luego, yo no seguiré siendo la querida de una mujer que solo me ve como una diversión .
Caroline da media vuelta y entra en el hotel con el alma rota, pero segura de la decisión que ha tomado, mientras que Indira solo escucha un zumbido insoportable que no la deja moverse porque la chica que le ha tambaleado ese suelo tan estable que llevaba años pisando, la ha dejado y ella ni siquiera ha sido capaz de intentar detenerla.