Capítulo 7
Caroline ha dejado a su padre en el mini campo de golf del Christie II y va directamente hacia su camarote, haciendo resonar sus pasos con la misma furia que ella siente.
Cierra la puerta con un golpe que hace retumbar el ventanal de la terraza y coge su teléfono para llamar al grupo que tiene con sus hermanas, resoplando con fuerza mientras espera.
—¿Es que no tienes trabajo? —pregunta Rachel desde la barra del bar, donde a su espalda Caroline puede ver decenas de botellas.
Su hermana pequeña guarda silencio unos segundos, mientras espera a que se conecte la mediana de las Taylor.
—Caroline, ¿estás bien? —pregunta Rachel entornando la mirada.
—¿Por qué no se conecta Katherine? —pregunta estúpidamente, con gesto de frustración.
Rachel, que siempre ha tenido esa intuición de madre con respecto a sus hermanas, le hace un gesto a la camarera para que se ocupe de la barra y va directa hacia la pequeña oficina que tiene en la parte trasera del bar.
—Si no se conecta es porque estará ocupada con el trabajo, Caroline —dice Rachel.
—Pues entonces ya hablaremos cuando esté disponible, porque lo que ha pasado es culpa de las dos —dice y cuelga, dejando a Rachel perpleja.
Caroline, consciente de su arrebato infantil, se sienta sobre la cama sosteniendo el móvil entre las manos hasta que la pantalla se ilumina y en ella aparece el nombre de Rachel, que la llama directamente.
—Ni se te ocurra volver a colgarme el teléfono, Caroline —la amenaza su hermana en cuanto descuelga—, y ahora haz el favor de contarme lo que pasa. ¿Papá está bien? —pregunta preocupada.
Caroline suspira y asiente. A veces se lleva a matar con Rachel, pero no sabe lo que haría sin ella.
—Sí, está jugando al golf.
—Está bien, entonces, cuéntame qué es lo que te pasa a ti. ¿De qué somos culpables Katherine y yo? —pregunta Rachel, arqueando una ceja que provoca una leve sonrisa en su hermana pequeña.
—De nada, no me hagas caso, es que estoy muy cabreada.
—Eso ya lo veo, ¿me lo cuentas ya o tengo que decirle a tu hermana que me envíe un helicóptero para presentarme en ese barco?
—No hace falta —Caroline sonríe solo de imaginar a su hermana subiendo al helicóptero con el vértigo que tiene—. ¿Recuerdas a la mujer mayor de la que os hablé ayer?
—Sí, claro, la mujer potente con todos los números para acabar en tu cama —dice Rachel.
Caroline vuelve a sonreír.
—Exacto, acabó ahí, por supuesto —dice con un deje de soberbia.
—Como no —Rachel pone los ojos en blanco—. ¿Y qué tal? ¿Estuvo a la altura de tus expectativas ?
Por un momento, Caroline se olvida de lo que acaba de pasar hace apenas media hora y su mirada se ilumina de un modo que pone en alerta a su hermana.
—Ni te lo imaginas. Disfruté como hacía mucho tiempo que no lo hacía, y eso que ella nunca había estado con una mujer, pero es…
—su cuerpo se retuerce en un agradable escalofrío solo de recordar ciertos momentos—, una amante cojonuda con una conversación muy interesante.
Es inteligente, culta y jodidamente guapa.
Cuando me desperté ya se había marchado, pero me dejó con un muy buen sabor de boca, ¿sabes?
—¿Me estás diciendo que te gusta? Porque si es eso, no veo motivo para que estés así de alterada, salvo que me digas que vive en Asia —dice espantada.
Caroline vuelve a sonreír.
—No es eso, Rachel.
—¿No es qué? ¿No vive en Asia o no te gusta? —inquiere su hermana.
—Las dos cosas, bueno, no sé —se corrige, aturdida.
—¿No sabes? ¿Qué es lo que no sabes? —pregunta Rachel confundida.
—Puede que me guste un poco —reconoce Caroline notando cómo la rabia vuelve a apoderarse de ella—, pero eso no importa, porque acabo de descubrir hace unos minutos que está casada.
—Mierda —Rachel lo sisea en voz muy baja, pero Caroline lo escucha.
—Sí, mierda, y eso no es lo peor —dice cada vez más alterada.
—¿Y qué es? —pregunta Rachel, pensando en cinco hijos y dos perros.
—¿Recuerdas que tenía que reunirme con un proveedor nuevo para la gestión de las reservas de los barcos?
Rachel parpadea sin comprender qué tiene que ver una cosa con la otra, pero no dice nada para no desatar la furia de su hermana.
—Sí, me acuerdo —responde sin más.
—Pues la reunión ha sido hace un rato. He tenido el placer de conocer a William Murphy y a su socia y esposa, Indira Campbell, la mujer con la que me acosté anoche.
Si no fuera su hermana, Rachel ahora mismo estaría muriéndose de la risa, pero no solo se contiene por respeto, sino porque nota algo en Caroline que no ha visto en ella otras veces, aunque no consigue descifrar de qué se trata exactamente.
—Bueno, cariño, intenta pensar en esa mujer como una más de tantas que han pasado por tu cama. Céntrate en el negocio si es que te interesa y después te olvidas, no tienes por qué volver a verla —trata de quitarle importancia Rachel.
—No es tan sencillo, hermana —dice Caroline.
Rachel asiente, como si ya intuyera su respuesta.
—Estaba casada y no me lo dijo, ¿tú sabes cómo me siento ahora? Es como si fuera otra Rebeca u otra Alexis —dice, acompañando sus palabras con un chasquido de lengua.
Su hermana suspira y se acomoda en esa silla de madera que sin duda tiene que cambiar de una vez por todas, mientras intenta encontrar las palabras adecuadas.
—Esto no es lo mismo, Caroline. Con Rebeca y Alexis tuviste una relación larga que salió mal porque ambas terminaron engañándote —Rachel hace una pausa antes de seguir tras observar el gesto demudado de su hermana.
La invade una ola de rabia, la misma que sintió cuando se enteró de ambos hechos, uno por boca de su padre y otro por boca de Katherine, que dejaron completamente hundida a su hermana pequeña.
—Lo de esta mujer ni siquiera ha sido una aventura, cariño, ha sido un polvo de una noche y si lo examinamos con frialdad, al que ha engañado es a su marido, no a ti.
—Lo sé —dice Caroline con la voz medio quebrada—, pero yo me siento a sí, como si me hubiera engañado a mí también, Rachel, y no sé por qué.
A su hermana mayor se le encoge el pecho cuando abre la boca para contestarle porque no sabe qué decirle.
Ella sí que intuye el motivo por el que Caroline se siente así, pero no se lo dice porque le aterra pensar que su hermana pequeña, de algún modo inexplicable, se haya quedado prendada de una mujer casada.
—¿Por qué no vuelves a Nueva York, Caroline?
Lo que tenías que hacer en ese barco ya lo has hecho y creo que quedarte ahí no te hace ningún bien ahora mismo.
Coge a papá antes de que le dé un pelotazo en la cabeza a alguien y vuelve a casa, anda —le aconseja Rachel mientras su hermana va asintiendo con la cabeza.
—Sí, me parece que tienes razón, aquí ya no tengo nada que hacer y no quiero volver a encontrármela. Voy a pedir que me preparen el helicóptero y, en cuanto esté listo, volvemos a casa.
—Bien, llámame cuando lleguéis, o antes si necesitas que hablemos, ¿de acuerdo?
Caroline le sonríe de tal modo que Rachel no necesita que le diga lo mucho que la quiere, ella ya lo sabe.