Cruceros Taylor (Hermanas Taylor 2) Capítulo 6
23%

Capítulo 6

—Te lo dije, de tratar con esta mujer tienes que encargarte tú, Indira, ¿por qué no has abierto la boca? —protesta William en cuanto los Taylor han desaparecido, dejando una estela de silencio tenso.

Por primera vez en semanas, Indira desea salir corriendo a comprar un paquete de tabaco, y es entonces cuando se da cuenta del problema que tiene encima, porque logró dejar ese vicio hace años y la ansiedad desesperante de volver a fumar solo la asalta cuando siente que ha perdido el control de alguna situación o está demasiado nerviosa. Ahora le pasan ambas cosas.

—Indira —dice William abriendo las manos en un gesto de desesperación que le provoca su silencio.

Indira sabe que tiene que contestar a su marido, pero está completamente en blanco.

—Lo siento, señor Murphy —interviene Amelia, que esta vez sí que acude en su ayuda para alivio de la ejecutiva—, pero tendrán que hablar sobre esto en otro momento. Indira tiene otra reunión en cinco minutos y necesitamos ir a un lugar más privado.

—¿Una reunión? ¿Con quién? —pregunta William.

Amelia no tiene que pensar mucho, solo mentir con respecto a la hora de la reunión que de verdad Indira tiene más tarde .

—Con el dueño de un par de hostales de Nueva York, nos contactó él, ¿recuerda?

—Ah, sí —William tuerce el gesto mientras Indira se levanta—. De acuerdo, nos vemos más tarde.

En esta ocasión es Amelia la que arrastra a su jefa por los pasillos del barco con la urgencia de interrogarla.

Indira simplemente la sigue, tratando de encontrar algo que la ayude a calmar las pulsaciones de ese corazón que se ha desbocado cuando ha visto a su amante, que ahora sabe que es Caroline Taylor. Menuda puntería.

Mientras camina, Amelia piensa a dónde ir para tener la intimidad que necesita una conversación como la que viene, y lo único que se le ocurre es su propia habitación porque el desliz de Indira ha adquirido una magnitud que no se puede hablar en cualquier sitio.

—Te has follado a Caroline Taylor —dispara exaltada en cuanto cierra la puerta.

Indira, que se ha quedado con la espalda pegada a la pared, coge mucho aire y se aprieta el puente de la nariz mientras trata de centrarse.

—No sabía quién era, creo que ha quedado bastante claro —consigue hablar finalmente, y empieza a caminar por la habitación como una desquiciada.

—Sí, eso ha quedado claro con tu cara de pasmo —ladea una sonrisa Amelia—, aunque lo verdaderamente inquietante ha sido la mirada furibunda de ella —esta vez ya no contiene una pequeña carcajada.

A Indira le atraviesa el pecho una ráfaga de culpa y no está muy segura de si es por el engaño a William o por haber decepcionado a Caroline.

El solo pensamiento la perturba y la obliga a apretarse las sienes cuando se da cuenta de hasta qué punto le afecta lo que ha pasado.

Cuando se ha levantado esta mañana estaba muy segura de que lo que había pasado la noche anterior había sido una aventura —inolvidable, eso sí—, pero durante los tres segundos que han transcurrido al verla de nuevo antes de saber quién era, Indira ha experimentado un vuelco dentro del pecho que la ha dejado petrificada junto a William, con el pulso disparado y un extraño cosquilleo paseando por su estómago mientras la miraba.

—No sé cómo voy a arreglar esto —dice pasándose una mano por el pelo, arrastrando su melena hacia atrás para después apretar con fuerza y tirarse del pelo con frustración.

—No puedes deshacer lo que has hecho, Indira —trata de calmarla Amelia.

—Ya sé que no, pero intuyo que esto va a ser un problema. Si Caroline no firma el contrato, William no va a entenderlo. Teníamos un preacuerdo que nosotros hemos cumplido con creces, y los Taylor no tienen fama precisamente de echarse atrás cuando dan su palabra.

—¿Por qué crees que no va a firmar? —Amelia hace una mueca.

Indira exhala hasta dejar sus pulmones completamente vacíos.

—Porque anoche vi a una mujer y ahora he visto a otra. Ayer era tierna, dulce, sexy… —Indira carraspea y se estremece solo de recordarlo—, ahora ya la has visto, fría y cortante, deseando levantarse de la mesa.

—Bueno, has de ponerte en su pellejo, para ella también habrá sido toda una sorpresa encontrarse contigo, y probablemente algo muy incómodo sentarse frente a un hombre a cuya mujer se estuvo follando la noche anterior —concluye Amelia.

—Merezco que me maldigan con las siete plagas —suelta Indira, sentándose en la cama de Amelia como si estuviera sosteniendo el peso del mundo sobre los hombros.

—No seas exagerada, con una bastaría —trata de bromear su asistenta.

Indira levanta la mirada y esboza una breve sonrisa que acaba en una mueca de resignación, incapaz de comprender cómo a estas alturas de su vida ha podido complicarse la existencia de este modo.