Cruceros Taylor (Hermanas Taylor 2) Capítulo 5
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Capítulo 5

—Creo que es lo que necesitamos —le dice Caroline Taylor a su padre mientras caminan por el barco.

—¿Has estudiado bien las cifras? —pregunta Warren solo por decir algo, sabe perfectamente que su hija no solo ha revisado los documentos, sino que también ha memorizado todos los números que ha encontrado.

—Sí, y es mejor de lo que me esperaba —explica la chica—. Habíamos acordado que ellos se encargarían de al menos un setenta por ciento de la ocupación del Christie II y han logrado un ochenta y dos.

—Son bastante buenos en lo que hacen, su empresa está posicionada como una de las mejores del país. Antes de que los tontos de Berth que sus bragas quedaran inservibles con la abundante humedad y que ella solo pueda pensar en los labios hinchados de Caroline mientras la devoraban entera la noche anterior.

Solo sintió pánico cuando William se levantó y se acercó a la única mujer que la ha tocado y a la que no ha podido sacar de sus pensamientos.

—Pues ella es mi mujer y socia, Indira Campbell —las presenta William con una sonrisa encantadora—. Cariño, ella es Caroline Taylor, la que, espero, sea nuestra futura alianza.

Indira, que aún sigue nerviosa, le estrecha la mano a la dueña del Christie II, pero siente un pinchazo cuando Caroline apenas la toca porque ha retirado su mano como si Indira fuera una apestada.

—Si no os importa, vamos a sentarnos. Tengo otra reunión después de esta —dice Caroline, señalando la mesa tras presentar a su padre.

Warren Taylor nota el cambio de su hija y eso hace que se ponga alerta.

No entiende qué ha pasado, Caroline estaba emocionada porque, después de tanto buscar, por fin había encontrado a una empresa que cumpliera con sus expectativas y ahora, de repente, finge estar muy ocupada y parece querer escapar de una encerrona.

—Tengo entendido que ha podido revisar las cifras —empieza William, que extiende un brazo para coger la tablet que le ofrece Amelia, la ayudante inseparable de Indira—. Hemos logrado un…

William empieza a hablar de estadísticas, número de pasajeros y potenciales clientes.

Pensándolo de manera sutil, a Caroline le importa una mierda lo que dice el hombre.

Aunque parece que está prestando atención a la explicación, su mente le lanza señales de toda clase y ella está luchando por controlarse para no levantarse y estrellar esa mano que anoche estaba ocupada entre las piernas de Indira, en la cara de la mentirosa que tiene sentada frente a ella.

Está tan cabreada que su pierna bota con rapidez; no hay nada que Caroline odie más que la infidelidad, pero aquí hay algo más y, a regañadientes, tiene que aceptar que se siente sucia por haber sido el pasatiempo de una mujer que está casada y que además la hizo sentir viva por primera vez en meses.

Indira quiere vomitar, ese es el resumen.

Siente tantas cosas a la vez que no es capaz de controlar el temblor de su cuerpo.

Se pierde en esas facciones que tanto le gustan, en la piel melocotón de la que fue su amante y en esos dedos que la hicieron gritar como nunca.

A la vez, se siente mezquina, ha engañado a William y, en vez de centrarse en su discurso, no puede dejar de mirar a Caroline ni detener el huracán que habita en su vientre.

Tiene miedo —mucho— y le cuesta encontrar una salida rápida para esa montaña rusa sentimental que se la está llevando por delante.

Por una vez, le encantaría que Amelia la interrumpiera inventando una llamada que no existe y la sacara de ahí, pero su asistenta solo se limita a observar con atención todo lo que pasa en la reunión, sobre todo entre ellas.

—¿Qué le parece, señora Taylor? —pregunta William cuando termina de hablar, bajo la mirada expectante de Amelia, a la que no le ha costado unir piezas para saber que Caroline es la mujer con la que Indira pasó la noche.

La menor de las Taylor cambia de posición en la silla y, aunque no ha escuchado nada, está donde está porque es capaz de asumir el control de cualquier situación por mucho que le cueste.

—Me gustaría que me enviaras una propuesta completa, William —responde Caroline con seriedad—. Lo que habéis hecho con las reservas ha sido bueno, pero si vais a empezar a trabajar con mi empresa, necesito algo más.

La decepción de William solo es evidente para su mujer. Esperaba que, de esa reunión, salieran con un jugoso contrato firmado, pero el hombre es un camaleón y, aunque algo no le guste, por fuera no lo demuestra.

—Esta misma semana tendrá la propuesta sobre su mesa —contesta William de manera cordial.

—Bien —responde Caroline y revisa la hora en su reloj—. Ahora si me disculpáis, tengo que marcharme.

William se levanta como un resorte y estrecha su mano con los Taylor. Indira hace lo mismo, pero se repite lo de un inicio; apenas ha podido sentir la piel de la rubia porque esta ha retirado el brazo como si hubiera llamas, un puercoespín o una mujer infiel que le causa rechazo.

—No pienso firmar ningún acuerdo con ellos —suelta Caroline apenas ha salido con su padre del bar.

Warren, que estaba esperando estar a solas con su hija, iba a preguntarle el motivo de su cambio de actitud cuando esta ha hablado.

—¿Qué ha pasado, cariño? —pregunta Warren de manera delicada porque conoce la furia de su hija—. Todo lo que ha dicho me ha cuadrado y, antes de reunirnos con ellos, estabas casi segura de firmar.

—Si esa mujer es capaz de engañar a su marido, no dudará en engañarme a mí también.

Y con esta afirmación Caroline zanja el asunto.

Lo peor es que se ha dado cuenta de que no se ha referido a su empresa, sino a sí misma, a Caroline Taylor, que por alguna razón su mente prodigiosa pero ilusa se ha movido de forma apresurada cuando se reencontró con Indira y su cuerpo reaccionó de una manera distinta, gritándole que esa mujer podría ser algo más que una noche de sábanas húmedas. Vaya decepción.