Crónicas del Equilibrio Ancestral CAPÍTULO 14 — LA DECISIÓN #3
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CAPÍTULO 14 — LA DECISIÓN #3

—Pero tampoco voy a seguir llamándome Destructor porque ellos lo decidieron.

Valkar cerró los ojos. Una lágrima descendió por su rostro.

—Entonces empieza por elegir tu propio nombre.

Atherion miró a Amariel. Ella sonrió. No porque todo estuviera resuelto.

Sino porque, por primera vez, sabía que la decisión había sido realmente suya.

Detrás de ellos, los demás comenzaron a reaccionar.

Rangar observó sus manos. El fuego que siempre había sentido como una extensión de su orgullo ahora parecía diferente.

No menos poderoso. Pero sí más consciente.

Brumm miró sus enormes brazos y después a sus amigos.

Comprendió que su fuerza no tenía que desaparecer para convertirse en alguien mejor.

Solo tenía que aprender a dirigirla sin permitir que ella decidiera por él.

Aureon cerró su libro. Por primera vez desde que había comenzado el viaje, no necesitó escribir nada.

Había comprendido que el conocimiento que buscaba no estaba solamente en las páginas.

Zaphira apretó la mano de Lysandra. No hubo palabras.

Solo una mirada que decía que ya no quería esconderse detrás de la perfección.

Lysandra permaneció a su lado. No como sacerdotisa.

No como guerrera. No como protectora. Simplemente como ella misma.

Kael observó a Amariel y después a Atherion.

Le dolía. Pero no intentó interponerse. Su hermana había elegido.

Y aprender a respetar aquella elección era parte del hombre que quería convertirse en rey.

Rangar se acercó a Atherion. Durante unos segundos ambos permanecieron en silencio.

—Te debo una disculpa.

Atherion levantó una ceja.

—Varias.

Rangar soltó una breve risa.

—No arruines el momento.

Atherion sonrió. Fue una sonrisa pequeña. Pero verdadera. Brumm se acercó después y le dio una palmada en el hombro. Demasiado fuerte. Atherion dio un paso hacia adelante.

—Eso dolió.

—Lo siento.

—No parece.

—Estoy aprendiendo.

Rangar comenzó a reír. Y, poco a poco, los demás también.

Incluso Amariel. Durante unos segundos, después de todo lo que habían visto, fueron simplemente ellos.

Los ocho jóvenes que habían comenzado un viaje sin conocerse.

Ahora unidos por algo que no era solamente el llamado. Algo que habían elegido construir.

Thalora se acercó.

—La decisión ha sido tomada.

Amariel la miró.

—¿Y ahora qué?

La Custodia observó el agua.

—Ahora tendrán que vivir con ella.

Aeudan apareció a su lado.

—Como todos viven con las decisiones que toman.

Atherion miró hacia ambos Custodios.

—¿Nos acompañarán?

Thalora negó lentamente.

—No todavía.

Aeudan movió la cola.

—El fuego y el agua ya les mostraron suficiente.

—¿Entonces esto termina aquí?

Thalora sonrió.

—No.

Miró hacia la superficie.

—Aquí comienza.

El agua comenzó a cerrarse alrededor de ellos. La visión de Valkar se volvió transparente. Atherion dio un paso hacia él.

—Espera.

El dragón lo miró.

—¿Volveré a verte?

Valkar sostuvo la mirada de su hijo.

—Eso dependerá de las decisiones que tomemos.

Atherion quiso preguntar algo más. Pero Valkar desapareció.

No murió. No fue derrotado. Simplemente dejó de estar allí.

Como una puerta que todavía no había terminado de abrirse.

La cámara quedó en silencio. El medallón de Atherion permaneció cerrado sobre su pecho.

Pero ahora tenía una diferencia. Una pequeña línea dorada atravesaba su superficie.

Como una grieta que, en lugar de romperlo, parecía comenzar a unirlo.

El grupo comenzó a ascender. Las aguas de Elaria los envolvieron mientras la ciudad aparecía nuevamente ante ellos.

Las luces azules iluminaban los puentes, las torres y los jardines de coral.

Todo parecía igual. Pero ellos ya no eran los mismos.

Habían llegado buscando respuestas. Habían encontrado preguntas.

Habían buscado un origen. Habían encontrado una decisión.

Habían querido comprender el pasado. Y el pasado había comenzado a comprenderlos a ellos.

Cuando alcanzaron la superficie, el cielo estaba comenzando a cambiar de color.

La primera luz del amanecer apareció sobre el horizonte y se reflejó sobre el océano.

Ninguno habló durante unos segundos. Entonces Aureon preguntó:

—¿Y ahora?

Amariel miró hacia el camino que se extendía frente a ellos. Después miró a Atherion.

—Ahora seguimos.

El grupo comenzó a caminar. No hacia una respuesta.

No hacia una guerra. No hacia un destino escrito.

Hacia una historia que todavía no conocían.

Detrás de ellos, bajo las aguas, una sombra gigantesca atravesó el océano.

Un dragón. Muy lejos de allí, en las entrañas de una montaña, dos ojos violetas volvieron a abrirse.

Y en un lugar que ninguno de ellos podía ver, el Primer Ser Libre abrió lentamente su libro. Una página había cambiado.

Había una nueva línea escrita.

—Ella lo eligió.

El hombre pasó los dedos sobre las palabras.

No parecía sorprendido. Parecía preocupado.

Porque sabía algo que los jóvenes todavía ignoraban.

La decisión de Amariel no había terminado la historia.

La había puesto en movimiento. Y en algún lugar entre las sombras, las consecuencias de aquella elección comenzaban a despertar.

El pasado había hablado. El presente había elegido. Y el futuro acababa de abrir los ojos.