Crónicas del Equilibrio Ancestral CAPÍTULO 7 – LA HISTORIA QUE FUE OCULTADA #3
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CAPÍTULO 7 – LA HISTORIA QUE FUE OCULTADA #3

Sus miradas se encontraron durante unos segundos. Ninguna dijo nada. Después Zaphira apartó los ojos y volvió a observar las pinturas.

Amariel permanecía frente a la imagen de Atenea. Kael se acercó y se quedó a su lado, sin preguntarle nada al principio. Sabía que algunas veces su hermana necesitaba unos segundos antes de poder explicar lo que sentía.

—¿Estás bien? —preguntó finalmente.

Amariel negó ligeramente.

—No lo sé.

Kael sonrió con suavidad.

—Eso empieza a ser una respuesta bastante común.

Amariel soltó una pequeña risa.

—Todo esto... cada vez entiendo menos.

Kael miró las pinturas.

—Entonces no intentes entenderlo todo hoy.

Amariel volvió la mirada hacia él.

—¿Y si lo que estamos buscando cambia todo lo que creemos saber?

Kael se quedó pensativo.

—Entonces lo enfrentaremos cuando llegue el momento.

Amariel apoyó brevemente la cabeza sobre su hombro.

—Gracias.

Kael observó al resto del grupo.

—Y tampoco estás sola ahora.

Amariel siguió su mirada. Brumm discutía con Rangar sobre quién había cargado más peso durante el viaje; Zaphira y Lysandra hablaban en voz baja; Aureon revisaba nuevamente el mapa y Atherion permanecía junto a Aither mientras Fenrhael observaba las ruinas.

Por primera vez, Amariel comprendió que aquellos desconocidos comenzaban a convertirse en algo más, no sabía qué, todavía no.

Atherion permanecía apartado de las ruinas mientras Aither se mantenía a su lado. El joven rey observaba el colgante entre sus dedos, todavía intentando comprender por qué aquella imagen había provocado una reacción tan profunda.

—La imagen te afectó.

Atherion levantó la mirada.

—Sí.

—¿La reconociste?

—No.

Aither permaneció en silencio.

—Pero sentiste algo.

Atherion asintió.

—Sí.

Durante unos segundos ninguno dijo nada. Atherion observó las montañas que se extendían a lo lejos.

—No sé qué era ese dragón.

Aither inclinó ligeramente la cabeza.

—Yo tampoco.

Atherion volvió a mirar el colgante.

—Pero siento que debería recordarlo.

Aither no respondió inmediatamente.

—Quizá todavía no es el momento.

Atherion aceptó la respuesta.

No porque no quisiera saber, sino porque algo dentro de él le decía que aquella respuesta todavía no le pertenecía.

Aither acercó ligeramente la cabeza.

—Algún día comprenderás lo que viste.

Atherion apoyó una mano sobre sus escamas doradas.

—Eso espero.

Permanecieron así durante unos segundos, sin necesidad de decir nada más.

Fenrhael llamó al grupo.

—Debemos continuar.

Aureon guardó el mapa.

—¿Hacia dónde?

Fenrhael señaló las montañas.

—La Ciudad Antigua de Atenea.

Todos quedaron en silencio.

Aureon levantó la mirada.

—¿Existe realmente?

Fenrhael asintió.

—Existió.

—¿Y todavía está allí?

—Eso tendrán que descubrirlo.

Brumm tomó su maza y suspiró.

—Otra ciudad que quizá no exista.

Rangar sonrió.

—Ya deberías estar acostumbrándote.

—No. Prefiero las ciudades que sí existen.

Lysandra se acercó a Zaphira.

—¿Lista?

Zaphira miró el camino y después a sus compañeros.

—No.

Lysandra sonrió.

—Yo tampoco.

Zaphira tomó aire.

—Vamos.

El grupo comenzó a avanzar.

Fenrhael caminaba junto a ellos. No les dijo qué debían pensar, no les explicó qué significaban las pinturas y tampoco respondió quién era realmente Náyros. Mucho menos les dijo qué relación tenía Atenea con aquella antigua ciudad.

Porque algunas respuestas todavía no les pertenecían.

Mientras abandonaban las ruinas, Amariel volvió la vista atrás. El símbolo de los siete círculos seguía grabado sobre la piedra y, durante un instante, creyó ver una figura detrás de él: un hombre, un libro y una silueta que no alcanzó a distinguir por completo.

Parpadeó.

Ya no había nadie.

Lumen se acomodó sobre su hombro.

—¿Lo viste?

Amariel acarició su cabeza.

—Sí.

—¿Qué era?

Ella miró nuevamente las ruinas.

—No lo sé.

Lumen cerró los ojos.

—Entonces sigue caminando.

Amariel sonrió y continuó.

Detrás de ellos, el viento comenzó a cubrir lentamente las huellas. Muy lejos, en Alfheim, Atenea permaneció frente a la ventana mientras que Valkar estaba a su lado.

—¿Crees que podrán llegar hasta el final? —preguntó él.

Atenea observó el horizonte.

—No sé cuál será el final.

Valkar bajó la mirada.

—Yo tampoco.

Durante unos segundos ninguno habló. No había respuestas que pudieran darse sin abrir puertas que todavía debían permanecer cerradas.

En un lugar donde ningún mapa podía señalarlo, Náyros abrió nuevamente el Libro. Una página que antes estaba vacía ahora tenía una sola frase:

«La historia vuelve a caminar.»

Náyros sonrió, cerró el Libro y la oscuridad volvió a tragarse su rostro.

Mientras tanto, los herederos continuaron hacia la Ciudad Antigua, sin saber qué encontrarían, sin saber qué había ocurrido realmente antes de los seis reinos y sin saber qué parte de la historia había sido ocultada.

Cada paso los acercaba a una verdad que todavía no podían comprender, mientras las preguntas crecían más rápido que las respuestas.

Y, sobre todo, ninguno sabía todavía si aquello que estaban descubriendo pertenecía al pasado… o si el pasado estaba comenzando a descubrirlos a ellos.