Crónicas del Equilibrio Ancestral CAPÍTULO 5 – EL CONSEJO DE LOS SEIS #3
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CAPÍTULO 5 – EL CONSEJO DE LOS SEIS #3

Por primera vez, aquella respuesta parecía incomodarlo, la esfera tembló, entonces se escuchó una voz, no provenía de ningún punto concreto. Parecía surgir del propio aire.

—Los seis han respondido.

Amariel sintió que el corazón le golpeaba el pecho, Aetherion levantó la mirada.

—¿Quién eres?

No hubo respuesta, solo una nueva vibración, después, el sonido de algo quebrándose, la esfera se oscureció y desde el exterior llegó un grito.

Las campanas de Sylvaris comenzaron a sonar, Amira salió de la cámara.

—¡Todos afuera!

Un rugido atravesó las plataformas, desde las montañas comenzaron a surgir criaturas negras, los Devorasombras, sus cuerpos parecían formados por una mezcla de sombra y materia, con movimientos rápidos y violentos.

No atacaban las viviendas al azar, se dirigían hacia un mismo punto, el santuario, la esfera, Amariel salió corriendo.

—¡No están atacando a la gente!

Kael tomó su espada.

—¿Entonces qué buscan?

Amariel observó el movimiento de las criaturas, una de ellas descendió desde una plataforma y giró directamente hacia el santuario.

—La esfera.

Su voz cambió.

—Quieren la esfera.

Aetherion desplegó sus alas por primera vez, los demás pudieron verlas, eran enormes, oscuras, una extensión de sombras que se abrió detrás de él.

Rangar retrocedió instintivamente, Brumm abrió los ojos, Zaphira observó en silencio, Lysandra sostuvo su bastón, Aureon miró a Aetherion, pero no dijo nada, el rey de Umbrath levantó la mano.

—Aither.

El dragón dorado descendió y su voz llegó directamente a la mente de Aetherion.

—Hay más en las montañas.

—¿Cuántos?

—Demasiados para ignorarlos.

Aetherion miró a Amariel.

Ella ya estaba observando el campo, las criaturas estaban dividiendo sus fuerzas, no buscaban conquistar, buscaban entrar.

—Están creando tres frentes —dijo Amariel.

Rangar la miró.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque están obligándonos a dividirnos.

Señaló las plataformas.

—Los de arriba intentan alejarnos del santuario. Los del centro bloquean las rutas de acceso y los del valle están esperando que dejemos una abertura.

Amariel tomó su arco.

—No vamos a dársela.

Rápidamente comenzó a señalar posiciones.

—Rangar, necesito que mantengas la plataforma oriental. No persigas a ninguna criatura fuera de tu zona.

Rangar la miró durante un segundo, después asintió.

—Entendido.

—Brumm, protege la entrada inferior.

El gigante levantó su maza.

—Eso sí sé hacerlo.

—Zaphira, conmigo en el centro. Lysandra, cubre la plataforma superior.

—Voy —respondió Lysandra.

—Aureon, necesitamos luz sobre las sombras. No las destruyas todavía. Quiero ver cómo reaccionan.

Aureon comprendió.

—Quieres estudiar su movimiento.

—Exacto.

Aetherion se acercó.

—¿Y yo?

Amariel lo miró.

Por un instante volvieron a sentirse aquellos sueños.

—Tú puedes moverte por donde quieras.

Aetherion arqueó una ceja.

—Eso no parece una orden.

—No lo es.

Ella sostuvo su mirada.

—Es confianza.

Los cuernos de guerra resonaron por toda la ciudad, los Guardianes del Viento ocuparon las almenas. Los arqueros tensaron sus arcos y los magos comenzaron a levantar barreras de aire.

Astreo desenfundó por primera vez la espada ceremonial de los reyes de Sylvaris. Su hoja, forjada con acero celeste, no estaba hecha para conquistar, estaba hecha para proteger.

—¡Defiendan la ciudad!

La orden recorrió toda la capital, miles de soldados comenzaron a movilizarse.

—Parece que la reunión terminó antes de comenzar —dijo Brumm.

Tomó la enorme maza que descansaba junto a una columna y sonrió. Era la sonrisa de un guerrero que llevaba esperando aquel momento desde niño.

—Al menos ahora tendremos respuestas —dijo Rangar.

Hizo girar sus dos espadas,las hojas comenzaron a cubrirse de llamas escarlatas, Zaphira levantó ambas manos, el agua de todas las fuentes del palacio ascendió al mismo tiempo. Serpientes líquidas comenzaron a girar alrededor de ella.

Lysandra desenvainó sus hojas de cristal, Kael cruzó ambas espadas frente al pecho, Amariel colocó una flecha sobre la cuerda de su arco.

Lumen dio un paso al frente su pequeño cuerpo comenzó a emitir un resplandor azul intenso, los destellos que recorrían su pelaje se transformaron en antiguas runas flotando alrededor de él, por primera vez, nadie veía a un pequeño zorro.

Veían a un Guardián Ancestral, sólo uno permanecía inmóvil, Aetherion observaba el horizonte, no a los Devorasombras, observaba aquello que avanzaba detrás.

Podía sentirlo, era una presencia conocida, antigua, mucho más antigua que cualquier reino su cicatriz comenzó a arder.

Las runas negras marcadas sobre su espada despertaron.

Aureon respiró profundamente, su inmenso cuerpo dorado comenzó a elevarse, las montañas respondieron a su rugido.

Uno.

Dos.

Cinco.

Diez.

Rugidos contestaron desde distintos puntos de Umbrath, dragones muchos más de los que cualquiera imaginaba, no habían acudido para hacer la guerra, habían acudido porque Aureon los había llamado.

Los habitantes de Sylvaris retrocedieron aterrados, los soldados levantaron sus lanzas, los reyes intercambiaron miradas,durante un instante.