CAPÍTULO 3 — LAS VOCES DE LOS REINOS #3
Luchaba contra la estrategia que había detrás de ellas y por primera vez, los Guardianes de Sylvaris comprendieron que Amariel no estaba allí solamente para combatir, estaba allí para dirigir.
Una de las criaturas consiguió atravesar la primera línea Amariel giró sobre sí misma, disparó a corta distancia y utilizó el viento para desviar su cuerpo.
La criatura cayó fuera de la plataforma, Amariel respiró profundamente entonces lo sintió aquella misma presencia que había percibido antes, no estaba dentro de los Devorasombras, estaba observándolos.
—Esto no es el ataque —dijo.
Kael llegó hasta ella.
—¿Qué dijiste?
Amariel miró hacia las montañas.
—Están buscando algo.
Muy lejos de allí, Atherion descendía desde la plataforma, el viento golpeaba su rostro mientras extendía las alas, abajo, las primeras criaturas habían alcanzado las defensas exteriores de Umbrath.
—¡Cierren las puertas exteriores! —ordenó Varkor.
Atherion levantó una mano.
—No.
Varkor lo miró.
—¿Qué?
Atherion observó el movimiento de las criaturas.
—No vienen por las puertas.
Su mirada recorrió las montañas.
—Están buscando una entrada.
Un rugido estremeció el cielo, Aither apareció entre las nubes detrás de él comenzaron a surgir más dragones, las criaturas levantaron la cabeza por primera vez, retrocedieron Atherion desplegó completamente sus alas.
—Ahora.
Los dragones descendieron, el cielo de Umbrath se convirtió en fuego, sombra y movimiento. Desde las murallas, los soldados de las Fuerzas del Aire comenzaron a elevarse.
Atherion los dirigía.
—¡Primera formación, conmigo! ¡Segunda formación, cubran el flanco occidental! ¡No permitan que lleguen a las ciudades!
Desde tierra, Rhaelia levantó sus espadas envueltas en fuego
—¡Ejército de Tierra, conmigo!
A su lado se encontraba Varkor, dirigiendo a los soldados que avanzaban hacia las montañas.
La batalla comenzó en dos niveles, el cielo pertenecía a Atherion, la tierra, a Rhaelia y Varkor.
Los dragones descendían sobre las criaturas mientras los guerreros cerraban los pasos entre las montañas. Aither lanzó un rugido y una corriente de energía atravesó el campo. Las sombras retrocedieron Atherion descendió detrás de ellas.
Hasta ese momento había mantenido su poder contenido pero entonces una criatura atravesó las defensas y se dirigió directamente hacia una de las poblaciones.
Atherion la vio, algo cambió, no hubo advertencia ni hubo duda, descendió como una tormenta su poder golpeó el suelo y la oscuridad alrededor de la criatura se quebró.
Los soldados que observaban desde las murallas quedaron inmóviles Atherion permaneció de pie entre las sombras sus ojos violetas brillaban con una intensidad distinta.
Aquello que durante años había mantenido bajo control estaba ahí, sin cadenas y sin miedo, no porque hubiera perdido el control sino porque esta vez no estaba dispuesto a contenerse mientras su reino estuviera en peligro.
Otra criatura apareció detrás de él, Atherion giró.
—No tocarás mis tierras
La batalla continuó Rhaelia y Varkor mantenían las líneas terrestres mientras Atherion y las Fuerzas del Aire impedían que los Devorasombras alcanzarán las ciudades.
Pero después de varios minutos, algo comenzó a resultar evidente, las criaturas no intentaban conquistar Umbrath, no buscaban matar, no buscaban ocupar, buscaban algo.
Atherion descendió junto a Rhaelia.
—Están registrando las montañas.
Rhaelia observó a las criaturas.
—¿Qué están buscando?
Atherion levantó la mirada por un instante, recordó los ojos de Amariel después recordó aquella presencia que había sentido antes.
—No lo sé.
Uno de los dragones lanzó un rugido y todos miraron hacia el horizonte, la misma sensación que había recorrido los reinos volvió a atravesar Umbrath.
Atherion cerró los ojos, la escuchó, una voz lejana, antigua no era humana y no estaba llamándolo solamente a él.
En Sylvaris, Amariel también levantó la cabeza, las criaturas comenzaron a retirarse no porque hubieran sido derrotadas, sino porque habían encontrado lo que buscaban… o porque habían comprendido que todavía no podían alcanzarlo.
El silencio regresó lentamente Amariel bajó el arco a su alrededor, los Guardianes respiraban con dificultad. Kael observó el campo de batalla.
—¿Se fueron?
Amariel negó.
—No.
Miró las seis luces del mapa que todavía brillaban dentro del Castillo Celestial.
—Solo están esperando.
Lumen se acercó. Sus ojos dorados se clavaron en ella.
—Entonces debemos movernos antes de que vuelvan.
Amariel miró hacia el horizonte por primera vez entendió que aquello ya no podía resolverse dentro de un solo reino, no podían seguir esperando, no podían seguir separados.
Y quizá, pensó, nunca habían estado destinados a permanecer separados muy lejos de allí, en cada uno de los seis reinos, las mismas señales continuaban apareciendo.
El viento había hablado.
El agua había respondido.
La tierra había despertado.
El fuego había cambiado.
La luz había temblado.
Y las sombras habían comenzado a moverse.
Los seis caminos todavía estaban separados, pero algo antiguo había comenzado a unirlos y pronto, cada uno de ellos escucharía su nombre.