Crónicas de los secretos: El despertar I 30
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Ellas no me creerían si les cuento que no soy yo realmente.

Ellas piensan que yo hice todo.

Ellas piensan que yo soy mala.

La villana.

Pero realmente es alguien más.

Alguien que no puedo descifrar.

Que mi mente no es capaz de mostrármelo.

Me vestí con otra ropa que no estuviese húmeda, para después salir corriendo en dirección hacia la profesora Gina, pero ella parece no estar por ningún lugar, lo que me hace desesperarme, hasta ver a alguien al fondo que me observa nuevamente.

—¡Hey! – grito, pero aquella chica parece volver a correr

Esta vez no se me escapará.

Corrí detrás, sintiendo como mi habilidad me ayuda un poco a ser más rápida.

Al fondo veo a la chica, su cabello corto hasta los hombros y al girarse un poco, veo que porta lentes, justo como la profesora, lo que me hace sentir una presión en mi pecho.

Debe ser Catrina.

Fuerzo mis piernas para poder correr más rápido hasta doblar por un pasillo y notar como la chica parece estar sin salida, por lo que me mira, con miedo en su rostro, pero yo me detengo a unos cuantos metros de ella.

—Espera – hablo, intentando que mi respiración agitada se controle un poco, después de tanto correr.. – Solo quiero hablar.

Pero ella no me responde, por lo que me acerco más, haciendo que ella esté un poco a la defensiva.

—Eres Catrina… ¿Cierto? – ella me mira con confusión. – Tu mamá me dijo que puedo confiar en ti – pero ella parece no confiar. – Soy yo… soy Sylver.

Ella dejó de estar a la defensiva y el miedo en su rostro pareció irse, pero no por completo.

—¿Sylver? – habla ella, con una voz delicada. – ¿De verdad eres tú?

Yo asentí con la cabeza, para después acercarse con lentitud, hasta llegar frente a mí, tomando con algo de miedo mi mano, para después ver como sus ojos se tornan blancos.

Yo la miré sin comprender nada, pero ella regresó a la normalidad, mirándome con el semblante asustadizo.

—No está – murmura.

—¿Quién? – la miro sin comprender.

—Michael – dice ella, haciendo que mi corazón palpite con rapidez. – No siento a Michael en ti.

—¿Cómo… cómo sabes de él?

—Puedo sentir la esencia de las personas – dice ella, con total naturalidad que me asusta. – Siempre lo sentí en ti, cuando te veía por la lejanía… él siempre te acompañaba, junto con Nora, la otra chica.

—Tu habilidad…

—No solo tengo una…

Ella mira a mis espaldas, para después tomar mi mano e incitarme a correr con ella, lo que hago sin chistar, pasando entre pasillos hasta llegar al área de habitaciones, pero justo un pasillo que parece no tener ninguna puerta, más que la que se encuentra al fondo de todo.

Ella abre la puerta y entra sin soltarme, para después cerrar detrás de mí.

Su habitación es enorme, podría decir que más grande que la mía.

Teniendo dos pisos, el segundo lleno de estanterías con libros, miles de libros.

Ella me lleva hacia unos cojines en el suelo, en los cuales me siento, seguida de ella, a lo que Catrina parece servir algo en tazas, algo caliente, lo puedo notar por el vapor que sale.

Al recorrer mi mirada por la habitación, me percato de los cuadros de pinturas que se encuentran decorándola.

—Eres la artista del instituto – murmuro, viendo con detalle cada cuadro.

Algunos son solo bosques, mientras que otros parecen tener rostros de personas, aunque uno en particular me hace tener la mirada fija en él.

—Es Lysandro – dice ella, con su voz dulce. – Cada noche, su rostro viene a mi mente.

—Y lo pintas – murmuro, a lo que ella asiente con su cabeza. – Pero… ¿por qué?

—Pinto lo que veo en mis sueños o lo que aparece en mi mente. – dice ella y la miro – Llevo años con este… don, como lo dice mi madre, pero para mí es más una maldición.

—Pero… puedes ayudar con eso, ¿no? – ella asiente, pero baja la mirada.

—Normalmente si, si sigo las señales – suspira. – Pero no siempre acierto – me mira, con tristeza. – Perdí a mi mejor amiga por no saber que hacer, por no hacer caso a las señales que mis sueños me indicaban – mira hacia un cuadro en específico, donde sale una chica de cabello negro como la noche, muy guapa, con sus ojos azules intenso, rodeada de un rayo azul, lo que hace que su rostro se tinte un poco de ese color, lo que me extrañó un poco.

—¿Ella?

Catrina asiente, tendiéndome una taza, la cual acepto y bebo, sintiendo como el chocolate caliente recorre mi cuerpo, haciéndome sentir mejor, por lo que suspiro, cerrando un poco mis ojos.

—El chocolate caliente siempre ayuda con los problemas – dice ella, a lo que abro los ojos y la miro, sonriendo.

En su rostro se puede ver pureza, algo que no todos o todas suelen tener, o suelen mostrar, lo que me hace tener más curiosidad.

—Hace rato temías de mí… – murmuro y ella baja la mirada. – Necesito saber el por qué.

Ella tarda un poco en responder, mira fijamente su taza, la cual sigue emitiendo un vapor constante.

—Mencioné que puedo sentir la esencia de las personas – suspira y me mira fijamente. – Pero no solo de humanos… también de seres… malignos…

—Explícate…

—Veo en ti algo más… algo que parece acompañarte, aunque lo noto débil – me mira con curiosidad. – Es como si lo hayan intentado expulsar, pero… no se ha podido del todo.

No pude evitar pensar en lo que sucedió con Michael y el hecho de que yo haya sido expulsada de nuestro lugar seguro.

O el hecho de que él intentó ver más allá de mí, intentando ayudarme.

Todo comienza a conectarse.

El despertar desorientada y con pintura en mi ropa y cama.

El no saber cómo hay imágenes de mí, rayando el instituto.

Insultando a mis amigas.

Haciendo un desorden que ni yo misma me lo creo.

Pero… lo que más me sorprende y decepciona es que… ellas no me creyeron.

Ellas piensan que yo he hecho algo malo y eso no lo comprendo.

—¿Qué ves en mí?

—Veo control que te destruirá si no lo evitamos – dice ella, con voz firme.

—¿Cómo lo detenemos?

—Tengo una solución, pero eso dolerá…

—No importa – murmuro, dejando la taza a un lado. – No puedo ser controlada, creo que los seres que me acompañan han evitado cosas, pero… esa entidad mala puede hacerles algo muy malo si no se evita.

—Ya comenzó a dañar – dice ella, a lo que la miro con confusión. – Michael… algo le hizo, por eso no puedo sentirlo.

Fijé mi mirada a un costado, justo hacia el suelo, intentando pensar en lo que ha sucedido y lo que podría suceder en las próximas horas, o quizá minutos.

—Esa cosa… ¿se podría presentar en cualquier momento?

—Pienso que sería cuando tu cuerpo esté descansando – afirma Catrina.

—¿Quieres decir que cuándo duerma?

—Exacto – asiente con su cabeza. – Al dormir, tu cuerpo se relaja y es ahí cuando esa entidad puede actuar, pero ahora que sabe que la observamos o la queremos detener, puede reaccionar con furia.

—¿Cómo la detenemos?

—Mediante electroshock.

Pasé mis manos por mi rostro, presionándolo un poco, intentando controlarme.

Pero no puedo evitar sentirme fatal por estar expuesta al mal que intenta dañarme por completo, así que suspiré y la miré.

—¿Cuándo lo haremos?

—Esta noche – dice ella, dejando su taza a un lado. – No podemos dejar pasar más tiempo.

—Bien… ¿dónde?

—En el instituto de los chicos – al decir aquello, mi rostro palideció un poco, recordando lo que pasó últimamente, lo que me hace temer un poco por lo que pueda suceder ahora.

—No creo que…

—Es la única manera – me interrumpe ella. – Ellos pueden hacerlo con sus máquinas.

—¿Quiénes son “ellos”?

—Oliver, Javis y Ezra – dice ella, segura de su decisión, a lo que suspiro, resignada.

—Supongo que no tengo elección.