Crónicas de los secretos: El despertar I 29
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Michael parece acomodar otro cuadro en aquella pared, como si comenzara una mudanza tan tranquilamente, hasta darse cuenta de mi presencia.

—Oh, hola Sylver – dice él, sonriente. – He comenzado a dejar un par de cosas mías aquí.

—¿Qué es este lugar? – pregunto, sin comprender nada.

—Es un lugar seguro – se sienta en un sillón, incitándome a que haga lo mismo.

—¿Seguro? – pregunto, tomando asiento frente a él.

—Aquí ningún mal puede afectarte – saca una copa de vino tinto de alguna parte que desconozco, por lo que frunzo el ceño, mirando a todos lados. – Aquí aparece todo lo que quiera.

—Sigo sin saber qué es esto…

—¿Sabes lo que es el palacio mental? – alza la ceja y yo tan solo muerdo mi labio inferior, sin comprender mucho, más que lo que contó aquella vez Oliver, sobre su habilidad que le permite encontrar fisuras para entrar en la mente. Así que negué con la cabeza, esperando que me explique un poco. – El palacio mental es básicamente tu mente, tus recuerdos, lo que te hace ser tu.

—Como… ¿la humanidad?

—Exacto – sonríe un poco. – Tu humanidad está intacta en la mente, a menos que alguien la esté deteriorando, pero, en esa mente tienes una pequeña parte que puedes cambiar a tu gusto, como si fuese una habitación de la cual tú tienes tu propia llave y puedes llevar a la persona que quieras, que tenga una fuerte conexión contigo, tan solo pensando que quieres estar en un lugar seguro y claro, forzando tus habilidades.

—Entonces… esta habitación es una parte del cerebro.

—Así es – sonríe, alzando la copa. – Te doy la bienvenida a una parte segura de mi palacio mental, donde albergo recuerdos de mi pasado.

Yo lo miro, sorprendida.

No esperaba que esto realmente existiera, es decir, sé que la mente es un lugar tan poderoso al cual no puede entrar nadie más que tú mismo, pero el hecho de tener la posibilidad de estar en tu propio lugar, a base de tus habilidades, es una hazaña increíble.

—Entonces… ¿aquí estoy segura?

—Bastante – deja la copa en una mesa a su costado. – Por lo que puedo analizarte bien, sin… esa presencia extraña que he notado en ti… – se hace un poco hacia adelante, recargando sus brazos en sus rodillas.

—¿Presencia?

—Hay algo en ti… algo que no logro captar – extiende su mano hacia mí, tomando la mía, a lo que noto un calor distinto al que tengo naturalmente. – Pero esa presencia me rechaza, me obliga a alejarme y no presentarme a tu lado como… una presencia fantasmal, por así decirlo.

—No comprendo…

—Es como si algo… o alguien controlara tus movimientos, tu habla… tu personalidad…

—Es cierto que algo sucedió… me siento algo extraña desde que tuve mi iniciación, como si perdiera algo.

—Tu esencia – habla, con seguridad, para después poner su mano en mi blusa y alzarla un poco, sin llegar a lo obsceno, tan solo mira con curiosidad mi marca. – Creí que la iniciación ya la habías tenido aquella vez que lo soñaste.

—La directora me llevó, ella me hizo beber de esa copa y… tuve la marca.

—El emblema – sonríe con nostalgia. – Tienes mi emblema, lo que significa que eres de mi linaje, pero mi aura ya lo sabía con anterioridad, por ello el dragón fue directo hacia ti hace años – me mira. – Esa marca ya la tenías y la directora debió haberlo sentido desde que te envió la invitación.

—¿Eso qué significa?

—Qué esa “iniciación” fue una tonta excusa – acerca el sillón en el que me encuentro, con una facilidad sorprendente. – Espero y no te incomode. – Pasa su mano por mi espalda, tocando el tatuaje, lo que hizo que sienta un escalofrío recorrer mi cuerpo, pero aquello no le parece molestar. Tan solo veo como cierra sus ojos.

Las luces de la habitación comienzan a fallar, haciendo que mire a mí alrededor, en lo que Michael parece concentrado en algo que desconozco, haciendo que su agarre sea cada vez más firme.

Sus ojos parecen moverse con rapidez por debajo de sus párpados, hasta que comienzo a sentir como mi espalda quema.

De pronto, Michael sale volando, lo que me hace asustarme, pero al intentar ir hacia él, algo me expulsa de su mente, de su lugar seguro, haciéndome caer en una oscuridad completa.

✵

Mis ojos se abren de par en par, viendo el rostro de Javis cerca del mío, pareciendo preocupado, pero aliviado al verme despertar.

—Mierda, Sylver – dice él, tocando mi frente. – ¿Qué demonios sucedió?

Miro a mi alrededor y me doy cuenta de que me encuentro en el suelo, lo que me hace sentir un frío recorrerme, por lo que me abrazo a mí misma.

—No… no lo sé – murmuro, volviendo la mirada a él. – Me transporte a… otro lugar…

—Algo no está bien – dice, ayudándome a levantarme.

—Lo sé… mi tatuaje… – emito un fuerte quejido, sintiendo como éste me comienza a quemar bastante. – Está… quemándome…

—¿Qué puedo hacer?

—Yo… no lo sé…

Grito un poco, sintiendo mi garganta desgarrarse al notar el calor en ella.

Sin pensarlo, me retiro la playera, a lo que Javis me ayuda sin dudarlo, como si aquello no le molestara en absoluto, más bien, le parece necesario para hacerme sentir mejor.

—¿Qué puedo hacer? – repite Javis, a lo que me recargo en el sillón, cayendo de rodillas con el dolor en mi cuerpo.

—Agua… necesito agua…

Él corrió hacia el baño, pude escuchar como llena algo y minutos después, vuelve, agitado por tanto correr

—¿Ahora que hago?

Yo intento controlar mi respiración, inhalando y exhalando, pero aquello no parece funcionar.

—Lánzala hacia mí – murmuro, para después girarme un poco, aún en el suelo, frente a él. – Lánzala hacia… el tatuaje…

Él parece algo sorprendido al inicio, pero después no duda en lanzarme agua, haciendo que un vapor salga de mi tatuaje, pero aquel vapor es oscuro, como si fuese humo saliendo de un incendio.

Aquella oscuridad nos comienza a rodear, por lo que Javis se retira uno de sus guantes y se prepara con su daga.

Cierro mis ojos hacia el sillón, sin poder ver lo que sucede, pero sé que fue un alma en pena y Javis se ha encargado de encerrarlo en su prisión, lo que hace que la sala vuelva a la normalidad.

La luz vuelve a iluminarnos como antes, por lo que me giro un poco, viendo a un Javis agitado, mirándome.

De pronto, la puerta se abre de golpe y ambos miramos hacia ella, viendo a Catherine, Joselyn, Camille, Oliver y Colin en ella, mirando la escena.

Algunos con el semblante serio, mientras que Oliver parece aguantarse una risa.

Me pongo de pie con ayuda de Javis, a la vez que intento decir algo, pero las palabras no salen de mi boca.

—Vaya… no esperaba que gafitas tuviera tanta suerte con las chicas – dice Oliver, alzando la ceja, divertido por la situación.

Mi mirada se centró en Colin, el cual parece molesto, pero a la vez decepcionado, y ni hablar de Catherine, la cual parece intentar controlar las lágrimas.

Pero ella tan solo me lanza lo que parecen ser fotografías al suelo, cayendo en mis pies, a lo que Javis se agacha para tomarlas.

—Primero nos mientes con la profecía y ahora… te metes con él… – escucho la voz de Cat rompiéndose.

—No… no es lo que crees – murmuro, negando con la cabeza, para después mirar a Colin, sintiendo mis lágrimas queriendo salir. – Colin…

Pero él no dice nada, tan solo se aleja, huyendo del lugar.

—Vaya… creí que el único infiel aquí era Ezra – murmura Camille, cruzándose de brazos, sin dejar de mirarme. – Ahora veo que no es así.

—Yo no diré nada – dice Joselyn, cruzándose igual de brazos. – Las zorras no pertenecen a nuestras vidas – yo la miro sin poder creer sus palabras.

—Tu mentira ha salido a la luz – dice Cat, mirándome con decepción. – Creíste que podrías ocultar tus celos hacia nosotras, pero lo que no sabías es que alguien observaba todo.

—¿De qué hablas?

—Pregúntale a tu mechón tintado de pintura roja – responde la rubia, claramente molesta.

Miré mi cabello con algunas partes húmedas, notando como efectivamente un mechón se encuentra manchado de pintura, la misma que encontré esta mañana.

—No es lo que creen – murmuré y Cat emitió una risa sarcástica.

—Si nosotras somos las zorras, entonces tu eres la imbécil – dice ella, apretando sus puños.

—Vámonos Catherine – dice Joselyn, tomándola del brazo. – No vale la pena.

—Chicas… – murmuré, pero ellas me ignoraron.

Vi como las tres se esfumaron, a lo que caí de rodillas, sintiendo mis lagrimas caer por mis mejillas.

Javis me tendió las imágenes, sin decir nada más.

—Javis – murmura Oliver, claramente incomodo por la escena. – Debemos regresar al instituto, nos buscan para la misión…

Javis no emitió ningún ruido, tan solo se agachó frente a mí, tomándome de la barbilla para alzar mi rostro y así mirar su semblante serio.

—Sé que no lo hiciste – murmura él. – Al menos, no tú… no la verdadera tú.

Yo fruncí el ceño, sintiendo mis mejillas ruborizarse, para después ver cómo se pone de pie y sale de la habitación.

Oliver me mira con algo de pena, a lo que me sonríe levemente.

—Todo saldrá bien – dice él, para bajar la mirada y seguir a Javis hacia la salida del instituto.

Bajé la mirada hacia las fotografías que se encuentran en mis manos, viendo primero como una chica que se parece bastante a mí, sale del instituto.

Pero algo me llama la atención.

Los ojos son completamente blancos, como si fuese un cuerpo sin vida.

Como si no fuera yo.

Las siguientes se puede apreciar como comienzo a pintar la pared de rojo, manchando mi ropa por completo, a lo que me cubro mi boca con la mano.

Pero algo me parece tan conocido.

Me levanto de inmediato para buscar aquel papel que me dejaron en la puerta y efectivamente, al analizar ambos, puedo ver que se trata de la misma imagen, la chica de espaldas, rayando la pared como si no tuviese control de sí misma.