26
Abrí mis ojos, tosiendo sin parar.
Como si hubiese estado bajo el agua, por lo que siento mi garganta arder.
Cuando logro controlar aquella tos, miro a todos lados, pero la directora no se encuentra, al igual que la copa, lo que me parece extraño.
Me pongo de pie como puedo, con dolor por los golpes de hace un rato y claro, aun siento mi cuerpo arder, pero ya es menos.
Me dispongo a salir del lugar, subiendo las escaleras con dificultad.
Toco mi estómago, sintiendo un poco de nauseas, las cuales se detienen al estar en los pasillos del instituto, en donde hay algunas chicas caminando, pero con sus pijamas puestos.
Frunzo el ceño.
¿Acaso pasaron las horas y ya es de noche?
Caminé hacia la habitación, subiendo con dificultad hasta ver mi cama bien hecha, tal cual y como la dejé en la mañana, a diferencia de que Cat no se encuentra en la suya.
Suspiro, para después dirigirme hacia el baño a darme una ducha.
Al quitarme la ropa, puedo ver una marca en mi costado, que parece recorrer mi espalda, noto como se pierde en ella, pero claro, es una marca rojiza, en donde parece simular el fuego, expandiéndose poco a poco.
Claro que desconozco como se ve por mi espalda, así que me acerco a un espejo que tenemos en el cuarto.
Un especie de dragón se ve formado, con una media luna y un árbol en el centro, pero no cualquier árbol.
Puedo notar la forma del cerezo, con sus pétalos cayendo, justo como se encuentra en el jardín prohibido.
Yo frunzo el ceño, notando como todo parece conectarse, pero claro, no sé realmente lo que significa.
Todo es tan extraño.
Termino de desvestirme para después tomar una relajante ducha, quitando toda suciedad de mi cuerpo y sangre, la cual es mucha, ya que todo cayó en mí, lo que es desagradable, pero supongo que me debo acostumbrar si quiero entrar a las dimensiones.
Suspiro, saliendo del baño con mi pijama puesta y mi cabello cepillado, haciéndome sentir más fresca y muchísimo mejor.
Me siento en mi cama, sintiendo una soledad.
Cat no ha regresado, lo que sí es extraño, pero debe seguir molesta, así que la comprendo, cometí un error al no contarles sobre la profecía, pero… yo tampoco sé mucho de eso.
He intentado averiguar las cosas, pero no sé cómo.
Los diarios de Lysandro no dicen mucho, simplemente hablan sobre las dimensiones y criaturas, pero ahora mismo no voy a ellas, así que es inútil seguir leyéndolas por el momento.
Y los libros no me dicen mucho más, tan solo el texto que Javis encontró.
“El fuego ha perdido su ceniza, sus brasas, lo que le hace crecer en el mundo arcano. La muerte se ha enemistado de la calidez. La soñadora ha traicionado a su familia. Y el cuervo pertenece por siempre en plena oscuridad.”
Tomo una libreta, apuntando los cuatro “títulos” que podrían dar una pista.
“Fuego, Muerte, Soñadora, Cuervo”.
Es lo único que tengo.
Pero…
¿Se tratará de las cuatro?
Aunque no tiene mucho sentido.
Es obvio que yo soy el fuego, pero me quedan tres más por descubrir, que no van para nada con mis amigas, no las representa.
Por más que sus personalidades sean diferentes, ninguna se asocia con la muerte.
Cierro mis ojos, cansada de tanto pensar, de tanto intentar encontrar la verdad sobre la profecía, sobre mi pasado.
Sobre lo que significa ser parte de lo arcano, de las habilidades arcanas, de este instituto.
De esta dimensión.
Mi celular vibra, haciéndome tomarlo con prisa, esperando que sea algo importante, y lo es.
“Abre tu ventana”
Es Colin.
Inmediatamente sonrío y corro hacia la ventana, abriéndola de par en par, para después ver como un rubio entra y sin más, me abraza con delicadeza por mis golpes, pero puedo notar su felicidad por verme y la necesidad de tenerme abrazada.
Ambos nos recostamos en mi cama, ahora pude sentirla cálida y en compañía, lo que me hizo tranquilizarme, mientras su respiración es lenta, como si no tuviese ninguna preocupación.
—Estuve tan preocupado por ti – murmura, acariciando con suavidad mi cabello, lo que me relaja tanto. – No supe nada de ti en muchas horas… vine a verte, pero me prohibieron la entrada al instituto.
—La directora me tuvo ocupada por bastante tiempo – suspiro.
—¿Todo bien?
—Mentiría si dijera que sí – murmuro y ahí fue donde salió la primera lágrima de muchas que saldrán en un momento. No pude evitar sollozar, a lo que Colin me tomó del rostro para que pudiera mirarlo.
—Puedes contarme las cosas – me mira directamente a los ojos. – Puedes confiar en mí.
—Cometí un grave error – le digo, sin dejar de mirar sus ojos que me hacen sentir tantas emociones dentro de mí.
—¿Qué sucedió?
—Fui una tonta al no contarle a mis amigas sobre la profecía…
—Oh… ¿la que me contaste en la taberna? – frunce el ceño y yo asiento.
—La directora nos iba a castigar por ir a tu instituto y causar problemas… pero toda la charla se salió de control y… saqué el tema de la profecía, sobre el hecho de que nos lo hayan ocultado, que podríamos morir por ello y… más cosas – suspiro, cansada del tema, pero aliviada por poder hablarlo con alguien. – Ellas se molestaron mucho conmigo y… ahora Cat no está en la habitación y estoy segura de que las demás tampoco están por aquí, y las comprendo, yo también me habría molestado… yo… pensé en mí misma, sin siquiera pensar en cuanto podría afectarles…
—Pero no es tu culpa – seca mis lágrimas con sus manos. – Tú intentaste buscar la verdad, te arriesgaste por los libros prohibidos y los diarios de Lysandro – pellizca con delicadeza mi mejilla, lo que me hizo reír un poco. – Esta es la Sylver que me encanta – yo lo miré, sintiendo una presión en mi pecho, pero ésta vez no es por tristeza, sino por felicidad. – La que se levanta a pesar de lo mal que la está pasando. La que sonríe al ver lo que le gusta – no pude evitar sonreír mirándolo con tanto cariño. – Escúchame bien. Tú no tienes la culpa de nada, en este caso, las únicas culpables son la directora y la profesora. ¿Me escuchaste bien? – yo asentí.
Me lancé a sus brazos, no sin antes besarlo con dulzura, antes de ocultar mi rostro en su pecho.
—Aún me pregunto el por qué sigues soltero – murmuro. – Es decir, eres muy atractivo, cariñoso, amoroso y bastante fuerte… tú te la pasas trabajando duro en misiones y en el instituto – noto como él ríe un poco.
—Me pregunto lo mismo sobre ti – noto su sonrisa. – Es decir, eres tan atractiva, demasiado diría yo. Eres divertida, tan buena, perfecta – da un leve beso en mi cabeza.
—Eso es lo que no les suele gustar a los chicos – río un poco. – Yo solía salir antes, bebía como los demás, como mis compañeros… pero dejé todo atrás cuando mis habilidades se descontrolaron… así que me volví así – suspiro. – Me cerré mucho… por miedo a hacer daño…
—Pero ahora ya no temes…
—Contigo no – murmuro, levantándome un poco para mirarlo. – En este lugar no temo… no desde que te conocí – él sonrió ampliamente.
—Sabía que te gustaba – acerca su rostro al mía. – Y mucho.
—Me gustas demasiado – sonreí, sintiendo mis mejillas arder.
Él no esperó más, simplemente nos fundimos en un apasionado beso mientras la luz de la luna ilumina nuestros rostros, haciéndolo cada vez más perfecto.
No pude evitar sonreír al separarnos, para después volver a besarlo una y otra vez, cosa que él aceptó.
Finalmente terminamos dormidos en mi cama, él abrazándome hacia su cuerpo, lo que hizo que esta noche fuese la mejor de todas, sintiéndome querida y sobre todo, protegida.
Nada podría arruinarme esta tranquilidad.