Crónicas de los secretos: El despertar I 24
66%

24

Oliver sale volando por los aires, para después chocar contra los cristales que nos separaban de los recuerdos.

Siento como Colin me pone detrás de él, mientras saca una espada de su costado.

Magnus y Ezra lo imitan, para después lanzarse contra la criatura que suelta un grito gutural, haciendo que las chicas y yo nos tapemos los oídos, mientras caemos al suelo.

Por alguna razón, los chicos parecen estar como si nada, esperando el ataque de la criatura monstruosa que no tiene ojos, de hecho, su cabeza es completamente lisa, sin cabello en ella, mientras que, en donde debe ir su boca, es un círculo lleno de sangre, pero al gritar, se le notan unos dientes afilados con los que debe asesinar a sus víctimas, además de las enormes patas en forma de pico grande de color rojizo con negro.

En su espalda, unos picos sobresalen, como si fueran parte de su piel, pero tal cual las espinas filosas.

Los chicos se lanzan hacia ella, menos Javis, el cual abre su libreta para poder escribir o dibujar en ella.

Los ataques con espadas no parece que le afecten en absoluto, así que con un simple movimiento con sus brazos afilados, los lanza lejos, dejando libre el camino hacia nosotras.

Catherine alza sus brazos, haciendo que algunas plantas que se encontraban por la sala, crezcan y lo amarren con una enorme liana.

Camille alza su mano y con facilidad alza un mueble que parece pesado, para después lanzarlo hacia la criatura, haciendo que vuelva a gritar.

Joselyn desapareció de mi lado, para después aparecer en la sombra de la criatura, lanzándose hacia ella y encajándole una navaja en su espalda.

El grito gutural vuelve a salir, ahora moviendo todo a su alrededor como si fuese un terremoto enorme.

Las espinas de su espalda crecen, cortando a Joselyn en la mejilla, haciendo que caiga de golpe hacia el suelo, para después hacer una fuerza sobrenatural y romper las lianas que lo atan.

Cerré con fuerza mis ojos, deseando con todas mis fuerzas que el dragón salga, que me salve, pero Michael apareció frente a mí.

—Espera – murmura Michael. – Esa cosa drenará tu habilidad, tu aura…

Yo fruncí el ceño, para después sentir como aquella cosa atraviesa el cuerpo fantasmal de Michael y me golpea con fuerza, haciéndome volar por los aires.

Pero el golpe fue tan fuerte que me hizo romper el techo, traspasando cada uno de los que existen, pasando entre los alumnos que parecen asustarse por lo que sucede, hasta lograr sentir la frialdad del día mismo, sintiendo como el sol atraviesa mi piel, calentándola hasta llegar a su máximo poder, como si me recargara, como si me diera energía inexplicable.

Como si canalizara esa energía y la convirtiera en mi propiedad.

Sentí como comienzo a descender con fuerza.

Las heridas de mi rostro me queman.

Pero, por arte del destino, algo me toma en el aire.

Primero puedo ver el rostro de Michael, que me sonríe levemente, hasta que se convierte en un enorme dragón de fuego.

Sin darme cuenta, termino montándolo, mientras él vuela por los aires, viendo como la criatura sale por el mismo agujero que yo, con unas alas que parecen haberle salido desde sus espinas, haciéndolas ver terroríficas.

La criatura vuelve a lanzar un grito gutural, haciendo que mi dragón responda de la misma manera.

Pero algo sale de esa criatura amorfa.

Es como un aura blanquecina que lanza hacia mí, haciendo que el dragón comience a retorcerse, cayendo poco a poco al suelo, hasta que siento el pasto en mi cuerpo, seguido de un fuerte golpe que me di al caer de una altura considerablemente alta.

El dragón se sigue retorciendo, por lo que grito fuertemente, sintiendo una lástima por él, haciéndome llorar sin parar.

—¡BASTA!

Deseé con todas mis fuerzas que regrese a mí, lo que no duda en hacer, pero, al sentirlo de nuevo conmigo, pude notar que algo falta dentro de mí.

Como si esa cosa me hubiese arrebatado algo.

Como si mi humanidad comenzara a estar perdida de un momento a otro.

Debí haberle hecho caso a Michael, pero… si lo hubiese hecho, podría haber muerto por la caída, al no tener quien me salve…

Otro grito gutural.

Vuelvo a cubrir mis oídos, viendo a la criatura volar hacia mí, mientras noto como varios alumnos salen del instituto, incluidos mis amigas y los demás.

La mirada de Colin es de preocupación y miedo.

Pero eso no lo detiene a correr hacia mi dirección, gritando mi nombre.

La criatura, estando a escasos metros de mí, me apunta con una de sus patas puntiagudas, por lo que suelto el aire retenido, esperando el ataque.

Pero este no sucede.

La criatura se queda inmóvil, casi logrando su ataque, pero algo le hizo detenerse.

Algo que desconozco.

Hasta girar mi rostro y ver que se trata de la directora, con las manos alzadas mientras un aura sale de ellas en dirección hacia la criatura.

Detrás de ella sale Blair, la reconozco por su cabellera rojo intenso.

Su mirada ha cambiado a un verde brillante, mientras parece realizar un cántico que resuena por todo el lugar.

De pronto, la criatura comienza a realizar un baile como las almas en pena, moviéndose delicadamente de un lado a otro.

Javis llega corriendo, para después utilizar su daga y realizar un corte en la realidad, justo como aquella noche en el jardín prohibido, la criatura se retuerce con dolor, mientras algo parece salir de su cuerpo.

Un alma en pena lucha por quedarse dentro, pero la habilidad de Javis es mayor a la de él, logrando separarlo por completo y con un sutil movimiento de su libreta, el alma en pena fue absorbido con rapidez, haciendo que Javis la cierre con fuerza, dejándola encerrada.

Pero la criatura sigue presente, por lo que Blair se acerca, quedando entre ambos y con una voz suave, pero de alguna manera monstruosa, se dirige a la criatura, sin dejar de lanzarle esa aura.

—Destrúyete.

La criatura comienza a convulsionar de prisa, hasta terminar explotando por completo, haciendo que partes de su cuerpo y del interior, salten por todo el lugar, cubriéndome también a mí de sangre.

Escucho unos pasos apresurados, para después ser abrazada por Colin, lo reconozco por su calidez y tranquilidad que me produce.

—Estás a salvo… – me susurra, para después separarse unos milímetros, tomando mi rostro con delicadeza por los moretones y cortadas tan notorias que debo tener. – No permitiré que algo así vuelva a sucederte…

Estuve a punto de decir algo, pero el sonido de unos tacones nos hizo mirar a la pelirroja limpia de pies a cabeza, como si nada le hubiese salpicado.

Su sonrisa parece ser burlona cuando me mira, pero al cambiar a Colin, se vuelve suave, por lo que siento como Colin se tensa.

—Hola, mi Colin – musita la pelirroja, sin dejar de mirarle.