Crónicas de los secretos: El despertar I 22
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Caminé molesta por los pasillos, sintiendo las miradas de las chicas en mí, las que probablemente escucharon lo que Blair dijo.

Cat me sigue, igualmente molesta, marchitando algunas plantas que se encuentra en su camino.

Joselyn va detrás, masajeando sus nudillos, después de golpear a la pelirroja con su puño, lo cual le dolió bastante, lo que más le extrañó, pero decidió irse para no ver la sonrisa de la chica que pareció no verse afectada.

Camille corre, con las mochilas en sus manos, mientras trata de alcanzarnos, pero claro, todas vamos tan distraídas que, finalmente llegamos a la habitación, encerrándonos las cuatro.

Escucho un suspiro de parte de Camille, la cual deja caer todo al suelo y se termina sentando en un sillón que Cat pidió temprano, para que hubiese más comodidad para nosotras.

—No puedo creer que la dejen regresar – dice Cat, caminando de un lado para otro. – Es ilegal que ella esté aquí, es decir, después de lo que ocasionó la última vez…

—Me dijo zorra, ¿pueden creerlo? – hablé, recargándome en la pared mientras miro hacia el suelo. – Me dice zorra y después habla como si Colin fuese de su propiedad.

—Maldito rostro de metal – escucho a Joselyn quejarse, mientras se pone hielo en sus nudillos, los cuales parecen sangrar. – Estoy segura de que me ha roto la mano. ¿Pueden creerlo? Tiene el rostro durísimo.

—Cuatro… mochilas – menciona Camille, agitada. – Bueno… tres mochilas y un bolso que pesa como si tuviese mil plantas – cierra los ojos, recargándose en el sillón. – ¿Qué mierda traes tú en tu bolso? – mira a Cat.

—Mi carpeta, maquillaje y mis semillas – dice Cat, como si fuese lo más normal del mundo, a lo que la miramos extrañadas.

—¿Semillas? – pregunta Joselyn, confundida.

—Son especiales, puedo utilizarlas con mis habilidades – se encoge de hombros la rubia, sentándose en el suelo, tomando su bolso. – No son tan poderosas, pero me ayudarían bastante si fuese a una misión – toma una bolsita de tela suave, pero brillosa. – Digamos que potencializan mis habilidades, creando alguna planta con ellas y atacando así a los enemigos.

—¿Cómo lo sabes? – pregunto, realmente extrañada.

—Yo misma las cree – responde la rubia, poniéndolas en su mano y mirándolas con precisión. – Nadie sabe esto, fue un momento de desesperación, necesitaba con urgencia con que protegerme cuando… me atacó un alma en pena y no pude… defenderme – las guarda y baja la mirada. – Si no hubiera aparecido Javis… probablemente no estaría aquí con ustedes.

—El efecto mariposa… – murmura Camille, a lo que la miramos. – Una cosa sucede gracias a otra. Y si no hubiese estado él, definitivamente Kitty habría sido comida de alma en pena.

—Ahora que lo recuerdo – murmuro, retirándome la pulsera que Cat me dio el día que llegué. – La pulsera dejó de servir… es decir, mis poderes se han descontrolado un poco, aunque he tenido ayuda para no dañar a nadie… en las prácticas utilicé mi poder de una manera… potente y nada me detuvo. – se la entregó a la rubia.

—Que extraño – frunce el ceño, mirándola a detalle. – No debería fallar, estas pulseras han ayudado mucho a varias chicas, ahora son un máster en habilidades arcanas, pero esto no les dejaba actuar de manera… potente.

—Quizá se dañó – opina Camille, sin comprender mucho, pero queriendo buscar una solución a ello. – Probablemente en las prácticas la dañaste con algo de ahí.

—No es posible – musita Joselyn, tirando el hielo, para después empezar a vendarse la mano. – Esa pulsera no debería fallar, fue aprobada por la directora y de hecho se hicieron muchísimas pruebas con alumnos, incluso los encargados de lo arcano, que son algunos chicos del otro instituto.

—Entonces… ¿qué habrá sucedido? – pregunté, mirando extrañada la pulsera que Cat mira con mucha atención.

—Sinceramente, no tengo idea – responde la rubia. – Hay que llevarla con los chicos.

Asentí, en forma de respuesta.

Para ser sincera, no sé realmente que hacer.

Este tema de habilidades me tiene un tanto nerviosa, más que nada porque logré crear un enorme dragón, a pesar de tener una pulsera que me ayudaba a no descontrolarme, es decir, en este caso sería que no podría haber creado el dragón porque algo me detiene a utilizar las habilidades de una forma en la que no te enseñan aquí.

Más que nada lo hice por Michael, ya que él vio el dragón a mi lado, acompañándome siempre, por lo que me vi en la necesidad de pedirle ayuda de alguna manera que desconozco, pero que me ayudó bastante para sobrevivir.

Suspiré al ver aquel auto de nuevo, el que utilizó Joselyn para ir a buscar a Camille aquella noche de borrachera, haciéndome recordar el mío que sigue desaparecido, o bueno, al menos así lo vi, vi como desapareció el día que llegué.

No puedo evitar extrañarlo, el recordar cómo me paseaba por la ciudad, escuchando la música que más me gustaba, mientras sentía el aire en mi rostro, ya que siempre bajaba las ventanas, lo que, de alguna manera, me hacía sentir libre, sin necesidad de autocontrol ni estrés.

Tan solo siendo yo.

Miré por la ventana, los árboles parecen no cesar, el bosque que divide los institutos es inmenso, pero, por alguna razón, me hace sentir una cierta familiaridad.

No puedo evitar recordar el cuadro que pintó Catrina, donde aparece un bosque cambiante, es decir, primero se veía un especie de ángel, que lo más probable es que fuera Lysandro y después me encontraba yo, justo como en las prácticas.

Es cierto que los bosques tienden a ser similares a otros que conozcamos, pero este en particular me hace sentir que me encuentro en el mismo de las prácticas, lo que lo hace aún más extraño.

Finalmente el instituto de chicos se hace presente.

Las mismas imágenes mentales, los chicos entrenando, algunos sin camisa, otros con camisas sin mangas y demás. Al igual que los mismos rostros, unos coquetos, otros confundidos y otros más que no nos prestan atención.

Entre los confundidos se encuentra Colin, junto con Magnus, al parecer ellos siempre entrenan juntos.

Se acercan a nosotros, pero Colin no duda en abrazarme fuerte y darme unas vueltas por el aire, lo que me hace reír.

Escucho una tos fingida detrás de mí, perteneciente a Cat, por lo que vuelvo a reír, rodando los ojos, para después separarme de Colin, el cual parece bastante contento de verme.

—¿Qué hacen por aquí? – pregunta Magnus, a lo que nos miramos las chicas.

—Necesitamos ir a su laboratorio – responde Joselyn.

—¿Sucede algo malo? – pregunta Colin, tomándome del brazo con delicadeza, pero apretándolo un poco con su mano para que lo mire y así asegurarse de que me encuentre bien, lo noto en su mirada.

—Oh no… o bueno… – comento, dudosa. – La pulsera que Cat me hizo… – Cat alza la pulsera para que puedan verla. – No funciona… es decir, debería controlar mis habilidades, pero no parece estar haciendo su trabajo…

—Las practicas salieron mal – habla Joselyn. – Ella logró utilizar sus habilidades de manera… potente… imposible si utiliza el moderador, lo que no tiene explicación. Por ello debemos ir a ese laboratorio para que lo analicen con sus… máquinas.

—Oh, vengan – responde Magnus, haciéndonos una seña para que lo sigamos.

Caminamos por los pasillos, recibiendo las miradas de todos, lo que no me sorprende, realmente es extraño que las chicas entren al instituto, a menos que sea algo grave como lo que pasé yo, o quizá para estar con alguno de ellos, como pude notar al fondo, que unas chicas salieron corriendo de lo que parece ser unas habitaciones, lo que no me sorprende, simplemente emito una pequeña risa, a lo que me miran.

Pero al alzar la vista y ver lo mismo que yo, también ríen, comprendiendo que no todas cumplen con las reglas.

Bajamos unas escaleras, que se me han hecho eternas, pero finalmente llegamos a una puerta metálica, la cual abre Magnus con una tarjeta que saca de su pantalón, para después ver un enorme pasillo tan limpio, brillante e incluso como si hubiese sido sacado de una película.

Hay puertas a nuestros lados, cerradas por supuesto, pero probablemente porque hay gente ocupada dentro.

Por los pasillos caminan algunos chicos con batas blancas largas, sosteniendo papeles, carpetas o simplemente caminando para poder entrar a una de esas puertas.

Al llegar al fondo, Magnus nos guía hacia la derecha, viendo todavía más chicos que parecen curiosos por nuestra presencia, hasta que los perdemos por entrar en otra habitación que tiene puertas móviles.

Ahí podemos ver a algunos chicos frente a unas computadoras, algunos escribiendo, otros mirando algunos datos y otros pocos caminando de un lado a otro con papeles extraños.

La habitación tiene un enorme espacio en medio, que parece estar cerrado con unos cristales enormes, desconozco para que se utiliza, pero parece ser tan importante, ya que hay algo dentro que no logro ver, pero que algunos chicos observan para después tomar apuntes.

Al fondo puedo observar a Javis, sentado con una bata blanca puesta, lo que me sorprende, ya que es la primera vez que lo veo utilizar algo que no sea negro.

Él, al vernos, nos da un pequeño saludo de lejos, con su mano, para después seguir con lo suyo.

Un pequeño quejido de parte de Camille nos hace mirarla, ella parece querer ocultarse, pero al girarme a un costado puedo notar la explicación de su incomodidad.

Ezra se encuentra junto con otro chico, ambos con batas blancas, mirando unos papeles para después señalar hacia adelante, justo en medio de todo, donde parecen estar analizando algo.

Pero claro, nosotros no pasamos desapercibidos, ya que él se gira para mirarnos, quedándose estático al ver a Camille.

El otro chico no se queda atrás, él se gira y así logro ver que se trata de Oliver, el cual trae unos lentes puestos, junto con la bata del laboratorio, dejando a un lado su personalidad coqueta y de “chico popular”.

Ambos se acercan, Ezra siendo más obligado por Oliver, el cual no deja de ver a Cat, la cual parece estar un poco nerviosa.