20 #2
—Parte de mi castigo, fue ayudar en una panadería – se encoge un poco en su lugar, como si le diera un poco de pena. – Así que te preparé estas galletas especiales – yo tomé una, sin dejar de sonreír. – Espero y estén buenas, no soy experto cocinando, como podrás ver, preparé unos sándwiches básicos y bueno, el vino fue del bar que fuimos, así que… – puse mi dedo frente a sus labios mientras llevo la galleta a mi boca, saboreándola, sintiendo la suavidad y embriagándome por el buen olor a chocolate que lleva, lo que me hace abrazarlo tras ello. – ¿De verdad te gustó? – escuché algo de timidez en su voz, lo que me hizo sonreír.
—Me fascinó – dije, dándole un beso en la mejilla, para después limpiarle un poco de chocolate que quedó manchado.
La cita continuó de manera tranquila, sintiendo la naturaleza que hace caer los pétalos, el olor a rosas, el sabor dulce del vino, la comida exquisita.
Colin me tendió una fresa con chocolate en la boca, para que pueda comerlo de esa manera, lo cual no rechacé. Parecíamos una pareja tan cursi, dándonos de comer en la boca como si no tuviéramos manos para hacerlo, pero aquello lo volvía más perfecto.
Finalmente, nos acostamos en la manta, mirando hacia el cielo que se ve tras la cúpula.
—Me pregunto cómo es que llueve dentro – murmuro, tomando con suavidad la mano de Colin. – Es decir, hay una cúpula enorme que cubre todo, se supone que también debería cubrirnos de eso… ¿no?
—Debería, pero realmente la cúpula fue hecha para protegernos de criaturas, no de la naturaleza misma – suspira Colin. – Además, algunos necesitan de la lluvia para recargar su energía arcana, las habilidades no funcionan de la misma manera para todos.
—Y eso aún no lo comprendo – suspiro. – Aún no sé qué me sucedió…
—Lo que sé es que algo te llevó a otra dimensión que no debería estar abierta en esa sala de simulaciones, pero todos podían verlo – suspira de nuevo. – Algunas habilidades funcionan si se recargan con algo natural, como mencionaron, tu debías aprender a usar la energía solar para recargarte, de alguna manera emite suficiente energía que forma un fuego sorprendente – me mira. – Como cuando acercas una lupa a un plástico y la luz solar comienza a quemarlo – yo asiento con la cabeza. – Bueno, ese mismo efecto querían hacerlo funcionar contigo.
—¿Quemar un plástico? – aquello hace reír a Colin.
—No – al final sonríe, para después darme un golpecillo en la frente, lo que me hace reír y arrugar la nariz. – Ellas querían que tu hayas sido aquella lupa que toma la energía solar para poder utilizarla a tu favor – yo sonrío.
—Eres tan inteligente – murmuro, haciendo que se ruborice.
—Eres la primer persona que me lo dice – su voz se vuelve un tanto ronca, mientras me mira de una manera que no logro descifrar, pero que es buena.
Ambos nos acercamos de manera instintiva, para después juntar nuestros labios y formar un largo, pero lento beso que me provoca una energía extraña dentro de mí, pero es algo controlable, como si por fin, pudiera tener un control sobre lo que quiere salir sin más.
Al separarnos, nos ponemos de pie.
Comienza a anochecer, por lo que debo entrar al instituto, probablemente piensen que duré un rato más en observación, por lo que no me han buscado, o al menos no que yo sepa.
Colin y yo nos besamos una última vez, antes de entrar al instituto, viendo como él se aleja con dirección hacia su moto, lo que me hace sonreír.
Miro las escaleras que dan hacia las habitaciones, pero ahora mismo, siendo ya de noche, lo mejor sería hablar con mi padres un rato, antes de que ellos se duerman.
Desconozco cómo funciona el hecho de estar en otra dimensión, pero probablemente sea igual que allá.
Me dirijo con rapidez hacia la biblioteca, sentándome hasta el fondo como la última vez, para poder llamarlos, escuchando como da tono, hasta que me responde una voz femenina que reconozco como la de mi madre.
—¿Hola?
Yo no puedo evitar soltar una lágrima.
—Mamá – hablo, con un nudo en mi garganta. – Soy yo, Sylver.
—Oh, Syl… ¡Cariño, es Sylver! – escucho como grita, seguido de unos pasos acercándose.
—Sylver – se escucha la voz de mi padre, a lo que sonrío. – ¿Cómo has estado, querida? No hemos sabido de ti, tu madre ha enviado muchos mensajes pero no te llegaban, hasta después de un rato.
—Oh, es que… perdí el celular – mentí, pero traté de hablar claro, para que no me descubran. – Tardé en conseguir otro y… bueno, las cosas han ido bien por aquí, las clases son tranquilas, he hecho un proyecto con mis nuevas amigas y he practicado mucho… en mis clases.
—Me alegra saberlo – dice mi madre, claramente llorando, puedo escucharla perfectamente. – Te extrañamos.
—Yo también – seco las lágrimas que recorren mis mejillas. – Espero verlos pronto, se me ha hecho algo pesado porque las clases comenzarán a serlo…
—Lo entendemos, mi niña – dice mi padre. – Solo llámanos cuando estés desocupada.
—Claro que lo haré – sonrío.
—Y, ¿Qué nos cuentas? – dice mi madre. – ¿Ya conociste a alguien? – tras esa pregunta, no pude evitar pensar en Colin, por lo que mis mejillas se ruborizaron.
—Algo así – murmuro.
—Oh, cuéntanos – dice ella, claramente emocionada.
—Es un chico que va a otra clase, pero… lo conocí cuando recién entré y… es muy bueno conmigo – sonrío, jugando un poco con la cinta de mi tenis. – Él me entiende como nadie lo había hecho.
—Nos alegra escucharlo – dice mi padre, feliz. – Esperamos conocerlo algún día.
—Algún día, se los prometo – respondo, abrazando mis rodillas. – Me tengo que ir, la recepción aquí es algo mala y de hecho estoy en la biblioteca, pero después les envío mensajes.
—Muy bien, hija – dice mi madre. – Nosotros nos dormiremos, que ya es tarde. Cuídate mucho y no estés saliendo tu sola, que es peligroso.
—Claro que no, mamá. Me cuidaré mucho y no se preocupen, no planeo arriesgar mi vida.
—Te amamos – dice mi padre, seguido de un par de besos de su parte.
—Los amo – respondo, para después colgar la llamada.
Les envío un mensaje, el cual responden inmediatamente con una foto de ambos, por lo que abrazo el celular a mi pecho, sintiendo algunas lágrimas caer.
Pero el ruido de una puerta me hace estar alerta, escondiéndome entre las estanterías.
Reconozco a la profesora Gina y la directora, hablando de nuevo.
—Eso no debía suceder y lo sabes – dice la profesora, dando vueltas sin parar, como si algo le preocupase. – Es el mismo bosque, el mismo que Catrina pintó.
—Puede ser una simple coincidencia – responde la directora, sentándose.
—No lo es, yo sé que no lo es – se acerca a un cuadro. – ¿Ves eso? Ha cambiado, todo cambió, y lo volverá a hacer porque sus habilidades así son, predicen el futuro.
—El cuadro pasado mostraba a Lysandro, no a Sylver…
—Mostraba el bosque en el que Lysandro se perdió – responde la profesora. – Y recuerda que era una simulación, no me quiero imaginar lo que sucedería si fuese en el mundo de los sueños.
—Es imposible que ella entre ahí, sabes perfectamente que la prodigio no se encuentra con nosotros – suspira la directora, masajeando la frente con su mano, cansada. – Gabby se encuentra de misión y no se detendrá hasta encontrar a Evva, solo ella podrá encontrar a la prodigio y lo sabes.
—Es una misión imposible, el rastro de Evva se perdió hace quince años.
—Nada es imposible para Gabby.
Puedo escuchar como la profesora se sienta en una de las sillas cercanas a la directora, para después mirarla con seriedad.
—¿Y qué me dices de la profecía? – murmura la profesora. – ¿Acaso la tal Gabby sabe quiénes son las involucradas en ello?
—No, nadie lo sabe – suspira la directora. – Solo ellas lo saben.
—¿Cómo es eso posible?
—Lo sentirán en su interior – se pone de pie. – La misma profecía será quien las llame, pero me temo que no será para detenerla…
—Será para completarla – murmura la profesora.
Se formó un silencio.
Ambas se encuentran mirando a un punto fijo, como si pensarán en algo importante, hasta que la directora sale de la biblioteca.
La profesora mira por última vez el cuadro, antes de salir detrás, cerrando la puerta con delicadeza.
Yo suspiré, quedándome un rato escondida, hasta asegurarme de que ninguna regresará.
Me acerqué al cuadro en el cual se puede ver el bosque, pero ahora me encuentro yo en él, puedo notar mi cabello rojizo y mi atuendo que usé temprano.
Pero algo más me acompaña.
Puedo ver una silueta celeste con lila, claramente se trata de Nora, la cual parece flotar a mi costado, dejando un rastro de purpurina por el camino.
Mientras que, del otro lado, una silueta de hombre camina, su cabello rubio lo puedo reconocer. La tal Catrina pintó a Michael, lo que me hizo tocar el cuadro, viendo cómo se va pintando un dragón en mi sombra
—De haberlo sabido…
Murmuré para mí misma.
Me di la vuelta para irme, pero un ruido me hizo girarme.
El cuadro se oscureció por completo, lo que me hizo sentir un miedo enorme, pero después comenzó a pintarse solo, haciéndome no perder mi vista de él.
Las siluetas comenzaban a tener forma de humano, cuatro chicas para ser específica. Una de ellas parece tener el cabello corto, mientras que las otras tres lo tienen largo.
Pero ellas parecen estar cayendo en esa oscuridad, como si algo las hubiese empujado de pronto, por la posición de su cabello, se ve de ese modo, lo que me hace retroceder un poco.
Finalmente, el dibujo termina, dejando una firma chica, pero legible en la esquina del cuadro, así que me acerco y así puedo apreciar que se trata de “Tina”.
De nuevo, mágicamente, el cuadro ha cambiado y no de la manera en la que me gustaría.