20
Duré un par de horas más en esa habitación de hospital, notando como llegan unos enfermeros a revisarme, para así darme de alta al notar que me encuentro normal, gracias a la ayuda que recibí tras mi “entrenamiento” en el instituto, que por cierto, ahora me encuentro en el de chicos.
Al parecer, en este lugar tienen lo necesario para que alguien como yo, con algo que intenta acabar conmigo, pueda mejorar.
Los chicos están más preparados para estas amenazas, tras investigar tanto en las dimensiones, lo que se me hace un acto machista, como un día mencionó Joselyn, pero no podemos hacer más que aceptarlo y seguir entrenando por si algún peligro se acerca.
Aunque, a este paso, el peligro no está tan lejos como lo imaginamos.
Tras darme de alta, me vestí con lo que me trajo Cat hace un momento, para después salir, viendo a Colin en la sala de espera, vestido con algo más limpio, lo que me hizo sonreír un poco.
Él, al verme, no dudó en ponerse de pie y caminar con rapidez hacia mí, poniendo sus manos en mis mejillas.
—¿Cómo te sientes? – pregunta él, mirándome con preocupación, a lo que puse mis manos encima de las suyas.
—Me encuentro mejor – cierro mis ojos, inhalando el olor de su perfume tan suave y perfecto. – Mucho mejor – abro mis ojos, conectándolos con los suyos.
—Te acompañaré al instituto – dice él, dándome un pequeño beso en mis labios, para después tomar mi mano con firmeza, haciendo que me ruborice, pero, esta vez, el fuego no se descontrola, lo que me hace fruncir un poco el ceño, pero simplemente decido caminar a su lado.
Mentiría si dijera que pasamos desapercibidos, pero sería una mentira.
Todos se giran para vernos, algunos con picardía, otros con confusión, pero la mayoría, con curiosidad.
La curiosidad sería porque me encuentro yo en el instituto, algo lastimada, probablemente mi rostro tenga algunos moretones o cortadas, pero claro, fueron provocadas por la criatura, o mejor dicho, el alma en pena.
Claro que ellos no lo saben, por eso no comprenden, tan solo observan.
Frente a nosotros, en una banca cercana, se encuentra un chico rubio, aunque su cabello es más platinado que el de Colin.
Pero ese chico se encuentra rodeado de otros más, los cuales parecen escuchar lo que él menciona tan emocionado, pero agregándole misterio, un notable misterio.
Él hace ademanes con sus manos, exagerando un poco en algunas partes, como si fuese algo de fantasía, pero los chicos no parecen molestarse ni burlarse, de hecho, parecen bastante cómodos por lo que el chico platica, hasta que giran su rostro, haciendo que recibamos las miradas de todos, lo peor, debíamos pasar frente a ellos.
Apreté la mano de Colin, el cual pareció percatarse de mi incomodidad por la extrema atención a nuestros movimientos, pero ya no hay marcha atrás.
El chico rubio platinado se puso de pie, moviendo su cabello hacia atrás con su mano, con tanta comodidad y ego, como si fuese el popular del lugar.
Él me mira de arriba hacia abajo, como si analizara mi ropa y por supuesto, mi cuerpo, ya que no dudó en mostrar una sonrisa coqueta al volver a mi rostro. Unos hoyuelos se marcan en sus mejillas, a la vez en la que parece tener un palillo en su boca, mordiéndolo y moviendo con su lengua.
Al pararse frente a nosotros, Colin intentó apartarlo, pero el chico se hizo duro como una roca, evitando que lo moviese un milímetro.
—Genial – murmura Colin, fastidiado. – Sylver, te presento a Oliver – me mira, para después fijar su mirada en el chico. – Oliver, te presento a Sylver, MI chica.
El hecho de que me presentara como “su chica” hizo que mi corazón diera un salto repentino, haciéndome sentir un escalofrío recorriendo mi cuerpo entero.
No pude evitar enrojecer mis mejillas, sintiendo algo de calor, pero moderado, sin el fuego esparciéndose.
—Tranquilo galán – dice Oliver, sonriendo, mientras toma con su mano el palillo y con la otra toma mi mano, depositándole un beso lento. – Mucho gusto, guapa. Veo que eres el nuevo peón de nuestro mujeriego Colin.
Sentí como Colin se tensa, su mano aprieta un poco la mía sin lastimarme, pero con la otra mano, no dudo que haya hecho fuerza, de seguro sus nudillos se vuelven blancos por consecuencia.
—Creí que el mujeriego aquí eras tu – musité, como si las palabras hubiesen luchado por salir sin dudarlo, pero claro, inmediatamente me puse roja, dándome cuenta de lo que dije sin pensar.
Pude notar como Oliver se puso algo rojo por la molestia, lo que intentó disimular. Pero lo que más me importa es que Colin pareció relajarse, su agarre se convirtió en algo más ligero, como siempre suele hacerlo.
—Has oído cosas erróneas sobre mí, guapa – sonríe Oliver, acercándose un poco a mí, sin temor a mi rechazo. – Sé que eres amiga de Catty.
—¿Catty? – pregunto, realmente confusa, a lo que él sonríe, buscando algo en su abrigo de cuero.
—Catherine Hoodson, una rubia que habla con las plantas – alza la ceja y yo solo asiento, comprendiendo. – Bien, necesito que le entregues esto por mí – me tiende un papel doblado a la mitad.
—¿Por qué debería hacerlo?
—Porque no estaré estos días, estaré muy ocupado con trabajo y no la veré – se lleva el palillo a sus labios. – Pero regresaré para el baile.
—¿Tu invitación al baile es por medio de la carta? – pregunta Colin, burlándose un poco.
—Yo sí tengo con quien ir – dice Oliver, alzando la ceja. – ¿Y tú? – aquello pareció molestarle a Colin, por lo que intervine en su conversación.
—Bien, se lo entregaré – dije, guardándolo en mi bolso. – ¿Algo más?
—Ya que lo mencionas… – se acerca un poco más, quedando a poca distancia de mí, lo que me hizo fruncir el ceño. – Ten cuidado con tu escote, aquí hay mucho degenerado.
Yo bajé mi mirada y efectivamente, mi escote era pronunciado, todo por la ropa que Cat me trajo, lo que me hizo ruborizarme y con mi mano cubrir un poco.
Pero claro, mi blusa es de tirantes, no tengo algo más para cubrirlo, a lo que Oliver me tendió una sudadera delgada que sacó de alguna parte que desconozco.
Él me guiña un ojo y se aleja de nosotros, regresando con su grupo de amigos que sonríen hacia mí, lo que me hace ponerme la sudadera, sintiendo la mirada de Colin en mí.
—Vámonos – dice él, serio.
Yo asiento y salgo con él, en dirección hacia la motocicleta, la cual prende de inmediato, sin siquiera mirarme.
—Colin – le hablo, pero él ni siquiera voltea, por lo que me pongo frente a él, poniendo mis manos encima de las suyas, las cuales sostienen con fuerza la motocicleta. – Mírame – él alza la mirada hacia mí, por lo que suelto una de sus manos y acaricio su mejilla. – Dime lo que sucede.
—Esa sudadera.
—No lo hizo con mala intención – respondo a ello, tomándolo con suavidad de la barbilla. – Sabes que el instituto está rodeado de chicos y… aunque no me moleste vestir así contigo, me molesta que los demás lo vean. Si debo usar una sudadera de él para que no me vean, prefiero hacerlo.
—Lo sé – suspira y cierra los ojos. – Pero preferiría que usaras algo mío, en vez de algo que pertenezca a ese imbécil.
—¿Y luego? – alzo la ceja, mientras una sonrisa se posa en mis labios y él abre los ojos. – ¿Qué esperas para darme una tuya? – él sonríe, sin siquiera decir nada, quizá porque se quedó sin palabras. Sin más, se baja de la moto y comienza a retirarse su abrigo, para después retirar su sudadera, quedándose en una playera negra sin mangas, a lo que yo me retiro la sudadera de Oliver, quedando en tirantes. Él sonríe y me la tiende, la cual no dudo en ponerme y así lanzarle al rostro la otra.
—Genial, ya tengo un trapo para limpiar la motocicleta – sonríe, guardando la sudadera en su motocicleta y así subiéndose, acto que me hace reír, para después subirme detrás y abrazarme a él.
El trayecto ha sido corto, Colin ha conducido con rapidez hacia el instituto, deteniéndose junto al jardín prohibido, en donde me bajé y me dispuse a caminar lejos de él, pero Colin me sostuvo de la mano, impidiendo que me vaya.
—Espera – murmura él, apagando la motocicleta y bajándose de ella.
—¿Qué sucede?
—Tú y yo tenemos una cita pendiente – murmura, sonriendo, para después correr hacia el jardín prohibido, sin soltarme de la mano, por lo que lo sigo, riendo sin parar.
Una mariposa parece guiarnos por todo el laberinto, haciéndonos ver como comienzan a aparecer flores desde las enredaderas que adornan el lugar, lo que me hace sentirme en una película romántica.
Finalmente, llegamos al área del enorme cerezo, que, ahora que lo pienso, no se logra apreciar desde afuera, lo que me parece extraño, pero sorprendente.
Este lugar me sorprende cada vez más.
Frente al enorme árbol, se encuentra un picnic bien formado, con rosas encima de la enorme manta. Una caja típica de picnic con comida dentro, lo más seguro. Dos copas con un líquido rojizo en él, junto a una botella de vino frutal. Y lo mejor, velas decorando alrededor, aseguradas en una pequeña cúpula, para no incendiar el jardín.
No pude evitar sonreír ante el hermoso plan que Colin organizó para ambos, por lo que me lanzo a sus brazos, abrazándolo con fuerza, sin lastimarlo.
Él corresponde el abrazo, alzándome en el aire mientras ríe tan bello.
—Esto es… – comienzo a decir, pero las palabras simplemente no salieron, lo que pareció comprender.
—Me alegra que te guste – sonríe Colin, llevándome de la mano hacia el hermoso picnic. – Tuve un poco de ayuda por parte de Catherine, ella se emocionó cuando le conté la idea y el hecho de que me perdí un poco al momento de organizarlo. Pero fue una buena amiga – yo sonreí tras sus palabras, después le agradecería a la rubia. – Ven, sentémonos.
Ambos tomamos asiento encima de la manta, para después ver como Colin comienza a sacar un par de sándwiches, fresas con chocolate, fruta picada y unas galletas recién horneadas, lo que me sorprendió.