Crónicas de los secretos: El despertar I 19
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Me encuentro acostada en el suelo blanco como la nieve, mientras porto un vestido blanco que me llega a los tobillos, teniendo los pies descalzos, sintiendo la frialdad del suelo.

Me pongo de pie con dificultad, haciendo que mi cabello se pose en mi rostro, notando como igualmente es blanco.

—¿Qué…?

Mi voz suena como un eco interminable, pero a la vez suave.

—Hola…

No puedo evitar sentir miedo.

Miedo por estar sola y, de alguna manera, luciendo diferente.

Frente a mí, se encuentran unos espejos enormes que, al acercarme, me rodean.

Puedo ver mi reflejo en ellos.

Definitivamente no parezco yo.

Mi cabello ahora es blanquecino, como si hubiese perdido toda tonalidad rojiza de golpe, haciéndome sentir que perdí mi esencia, que perdí todo.

Toco mi rostro, sintiendo la misma frialdad del suelo, lo que me hace temblar un poco. No hay ni un rastro de calor en mí.

Algo no está bien…

Un ruido fuerte me hace girarme, viendo como un Javis se encuentra al fondo, con la misma ropa del hospital, pareciendo haber caído en el mismo lugar.

—¿Javis?

Mi voz salió temerosa, como si estuviese a punto de llorar.

Él me mira, pero en su mirada puedo notar frialdad. No puedo evitar retroceder con miedo al verle acercarse a mí, con determinación y seriedad.

Yo trago saliva, antes de pronunciar otra palabra.

Pero él se adelanta y me toma del cuello con fuerza, alzándome.

El aire empieza a faltar en mí, por lo que intento defenderme, pero su agarre es firme, como si en verdad no quisiera soltarme.

—D…e…te…nt…e

Mi voz sale como puede, sin siquiera pronunciar bien una palabra, ya que él no me lo permite.

Con su otra mano, que lleva el guante puesto, saca su daga, girándola entre sus dedos, para después tomarla con firmeza y sin más, atravesar mi pecho con ella.

Abro mi boca, sintiendo como el filo de la daga se encuentra en mí, con la intensión de asesinarme.

Pero…

El dolor no está presente.

Es extraño.

Algo pasa por mi cuerpo, lo puedo sentir, pero no puedo descifrarlo, es difícil saber que tengo en mí, hasta que noto como sale un humo oscuro de la herida que provocó aquella daga.

Él me suelta, haciendo que caiga de rodillas mientras intento arrancar ese humo de mí, la daga, por alguna razón, es intocable por mí, por lo que solo la atravieso con mis manos, pero al menos puedo ayudar a sacar esa cosa extraña.

Poco a poco comienzo a sentirme mejor, como si recuperara algo que me pertenece.

Al estar agachada, mi cabello se encuentra frente a mis ojos, por lo que noto como comienza a tintarse de mi tono rojizo, haciéndome recuperar mi esencia.

Cierro mis ojos con fuerza, estirando con fuerza lo poco que aún queda en mí, hasta lanzar aquello lejos.

Levanto mi vista, notando un alma en pena a lo lejos, incorporándose como puede, lo que me hace asustarme y retroceder un poco, pero Javis tan solo toma la daga que ahora se encontraba en el suelo, para acercarse a ella, murmurando cosas para sí mismo y así, hacer un movimiento rápido, pero ágil con su daga.

La realidad comienza a ser cortada por él, como lo hizo aquella vez en el jardín prohibido, atrayendo el alma hacia él y así desapareciéndolo de nuestra vista, escuchando un chillido agudo, que me hace cubrirme mis oídos con mis manos.

Al terminar todo, Javis se acerca a mí, arrodillándose y tomando mi mano, mirándome con una tranquilidad que me hace sentir segura.

—Ahora estás bien. – murmura él, acomodándose sus lentes con su mano, antes de posicionarla encima de la mía, como hace un momento. – Cierra tus ojos.

Yo asiento y los cierro, sintiendo como un calor nos envuelve por completo, hasta caer de golpe, por lo que abro mis ojos y de nuevo me encuentro en la camilla, rodeada de las mismas personas.

Mi respiración es agitada, por lo que Colin me abraza de nuevo, al momento en el que Javis me suelta y se pone su guante de nuevo.

Me abrazo al rubio, sintiendo la calidez de él, lo que me tranquiliza.

—Todo estará bien. – murmura Colin en mi oído. – Te protegeré siempre…