Crónicas de los secretos: El despertar I 14
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Mentiría si dijera que no me afectó lo que me dijo Camille, sobre Blair y su obsesión con Colin.

Es cierto que lo conozco hace días, pero… sé que hay algo ahí entre nosotros.

Como lo dijo él.

Las personas como nosotros, solemos sentirnos atraídos por nuestras habilidades que, de alguna manera, nos conectan.

Esta tarde he estado escuchando como Catherine no para de quejarse de la, al parecer, pelirroja llamada Blair, y sobre el hecho de que siempre intenta sabotear todo.

—Ella me arruinó mi baile hace diez años – dice la rubia, frustrada, mientras abraza su almohada con fuerza. – Me odia, ella me odia. Además de que hizo estúpidos rumores sobre mí, lo que hizo que ningún chico me invitara a salir por un tiempo. Incluso Oliver, uno de los chicos más guapos, además de Javis, por supuesto, pero… – grita hacia su almohada, cubriendo el rostro por completo, para después mirarme de nuevo. – No puedo tenerla de nuevo cerca de mí.

Yo solo me limité a mostrar una mueca, sin siquiera saber que decirle, y fue lo mejor, ya que ella se tiró boca abajo en su cama para gritar más.

—Ya vuelvo…

Ella no pareció escucharme, o quizá no quiso responder, tan solo siguió gritando, mientras yo salgo de la habitación.

Caminé por los pasillos, viendo como hay muchas chicas que parecen emocionadas. Tan solo puedo escucharlas hablar entre ellas, sin parar de sonreír.

—Blair regresó y al parecer hará la mejor fiesta de Halloween – dice una de las chicas, sonriendo sin parar.

Las otras chicas, partes de su grupo, tan solo soltaron unos gritos en forma de respuesta, a lo que me cubrí un poco mis oídos, caminando más rápido para perderlas de vista.

Al parecer esa chica es muy popular.

Salí al jardín, sintiendo el aire fresco chocar con mi rostro, haciéndome cerrar mis ojos, respirando el aroma tan suave de la naturaleza.

Tan limpio y perfecto.

Un ruido me hace abrir mis ojos.

El cielo comienza a oscurecerse un poco, al parecer no tardará en llover, por lo que comienza a relampaguear.

Suspiré, con la intención de volver a entrar al instituto, pero algo al fondo me hace tener mi mirada fija en ese preciso lugar.

El jardín prohibido se encuentra al fondo, justo donde algo parece estar ahí.

Mi curiosidad me hace acercarme a ese lugar, casi corriendo. Aunque probablemente se trate de una amenaza, no puedo evitar sentir la necesidad de estar ahí, frente a aquello que se hace presente en esta dimensión.

Me adentré al jardín, persiguiendo esa esencia tan diferente, tan extraña, pero que me hace sentir tan cómoda, la cual me lleva entre el laberinto, pero no con dirección hacia el banco que siempre veo ahí, donde suele sentarse Javis.

Esta vez, me lleva a otra dirección.

Al salir del laberinto, veo un enorme árbol de cerezo frente a mí, cuyos pétalos caen poco a poco, pero que no pierde esa belleza que lo caracteriza.

Frente a él, se encuentra una mariposa morada, tan hermosa y con cierta peculiaridad, como si no fuese real.

El movimiento de sus alas se ven tan suaves, pero es como si pudiera ver a través de ella, notando el árbol de cerezo a través de sus alas.

Me acerqué sin pensarlo, alzando mi mano hacia ella, con la intención de tocarla, pero simplemente desapareció frente a mí, haciendo que frunza el ceño.

Una presencia a mis espaldas me hizo sentir como mi piel se eriza por completo.

La respiración de aquello me aterra un poco, pero a la vez, me produce una tranquilidad, como todo a mi alrededor.

—Sabía que vendrías. – dice la voz masculina.

Mi corazón late con rapidez, al mismo tiempo en el que me giro, encarándolo.

Una melena rubia, podría decir que se ve un poco más larga, pero quizá solo sea mi imaginación; parece brillar un poco, al mismo tiempo en el que él alza sus manos y así, miles de mariposas de todos colores vuelan a nuestro alrededor.

No puedo evitar sonreír abiertamente, viendo cómo me rodeo de seres tan perfectos y, al parecer, hechos con habilidades.

Miro hacia Colin, si, Colin.

El chico que parece tan rudo y mujeriego, se encuentra frente a mí, mostrándome lo maravilloso que puede crear.

—¿Cómo…?

Él sonríe ante la falta de palabras.

—No solo tengo super fuerza – se acerca a mí. – También puedo mostrarte lo que más miedo te da o, como en este caso, lo que más feliz te puede hacer.

—Es… increíble – murmuro, sin parar de sonreír.

—Tu eres increíble – con una mano toma la mía, haciéndome sentir el calor en mis mejillas.

—Colin… me enteré del castigo…

—No me importa que me castiguen – acaricia mi mejilla con suavidad, sin quejarse del fuego que parece emanar. – Si por hacerte feliz debo recibir castigos, entonces no me molestaría ser castigado.

—Pero… es mi culpa…

—Yo quise hacerlo – se acerca un poco más a mí. – Si quieres puedes tomarlo como un regalo de cumpleaños. Pero yo lo tomaría como un… me gustas.

Las palabras dejaron de estar presentes en mí.

Él aprovecha ello para acercarse a mí y sin más, juntar sus labios con los míos.

Mentiría si dijera que no sentí mariposas en mi estómago, sobre todo porque es mi primer beso, mi primer todo.

Jamás salí con un chico, mis habilidades no me lo permitían, ya que solían descontrolarse sin más, cuando me acercaba a hablar con alguien. Tenía que sacar la excusa de que vi como una vela encendida caía sobre las cortinas del lugar y por ello comenzaba a quemarse.

O casualmente alguien le prendía fuego en ese preciso momento. Pero claro, era demasiado extraño que algo se quemase sin más.

Por ello, me obligué a no conocer a nadie más. A no intentar salir o hablar con chicos, recibiendo miradas extrañas de mis compañeros y compañeras de clases, pero me importaba más que no quemase nada a mi alrededor.

Pero ahora, mis habilidades, a pesar de estar descontroladas, no parecen quemar nada.

La suavidad de sus labios me hace sentir el calor emanando de mi cuerpo, haciendo que mi fuego nos rodee, mientras él me abraza por la cintura, pegándome más a su cuerpo.

Al separarnos, puedo notar como el fuego que nos rodeaba tan solo son auroras boreales de distintos colores, lo que me hace fruncir el ceño, pero no puedo evitar sorprenderme al ver mi habilidad tan diferente.

Las mechas de fuego que parecen salir de mí, terminan convirtiéndose en mariposas o pétalos de rosa que vuelan para deshacerse antes de tocar el suelo.

Vuelvo mi vista hacia él, acariciando su rostro.

—¿Cómo es posible que mi habilidad haya sido controlada de esta manera…?

Él sonríe, subiendo una mano a mi mejilla, acariciándola con suavidad.

—Nuestras habilidades se conectan tan perfectamente – murmura, tan cerca de mi rostro, lo que me hace sentir su calidez. – Mi habilidad convierte la tuya en imágenes inofensivas, permitiendo que puedas sacar todo aquello que hayas tenido retenido por mucho tiempo. Ese fuego que sentiste salir de tu cuerpo, es aquel que no te has permitido sacar, por miedo a hacer daño – sigue acariciando con suavidad mi mejilla. – Pero conmigo, el miedo desaparece, porque confías en que puedo controlarlo.

No dije nada, tan solo me abalancé hacia él, uniendo de nuevo nuestros labios, lo que no rechazó.

El fuego de nuevo salió hasta sentir que me quedo vacía, sin ninguna pesadez en mi cuerpo, sin nada que tenga que controlar. De alguna manera, me siento aliviada.

Tranquila.

En paz.

Al volverme a separar, vi como sus ojos brillan, con una tonalidad morada.

—Tu habilidad es tan perfecta como tú – murmuro, sonriendo tontamente.

Él me toma de las manos y las besa con suavidad.

—Tú la haces perfecta – sonríe. – Me debo ir, cumpliré mi aburrido castigo que terminó siendo más corto de lo que pensaba. Tan solo me desapareceré por cinco días – acaricia mi mejilla de nuevo, con suavidad. – Pero regresando, tú y yo tendremos una cita, una cita de verdad. Con velas, un árbol a nuestras espaldas y un picnic frente a él – junta nuestras frentes. – ¿Qué te parece la idea?

Yo no pude evitar sonreír.

—Me parece perfecto. Te esperaré – muerdo levemente mi labio.

Él deja un pequeño beso en mis labios, para después retroceder, soltando poco a poco mi mano, como si no quisiera, pero no tuviera opción para ello.

Al final, da un salto hacia uno de los árboles que se encuentran cerca y se pierde entre la oscuridad que emanan.

Yo suelto un suspiro, para después darme la vuelta y ver el cerezo.

Una extraña sensación me recorre el cuerpo, como si algo de ahí me llamase, algo fuerte, pero quizá es mi imaginación.

Deseo creer que se trata de eso.

Aunque, aun así, no puedo evitar tocarlo con mi mano, sintiendo una energía inexplicable, a la vez que una voz masculina me habla.

“Sylver… el tiempo se acaba…”

Separo mi mano con rapidez, sintiendo como mi corazón palpita con fuerza y rapidez inexplicable.

Paso saliva con nerviosismo.

Además de escuchar esa voz, pude notar un sufrimiento dentro de ese árbol.

Como si… se estuviera muriendo.