13
Escucho como Catherine mastica las palomitas de maíz, al mismo tiempo en el que cuento lo que me ha sucedido.
—Entonces… ¿Tu nuevo guía espiritual es un chico guapo? – pregunta la rubia, sin dejar de comer.
—Es extraño el verlo de ese modo – respondo, alzando la ceja.
—Yo leí una vez sobre eso – dice Joselyn, atenta a la conversación. – Sobre prodigios que ayudan a su sucesores porque son inexpertos.
—Pues me viene bien esa ayuda – la miro. – Soy la única que no sabe utilizar sus habilidades.
—Eso es cierto – escucho a Camille, la cual toma la laptop y comienza a escribir en ella, sin dejar de estar atenta a la conversación. – Pero el lado bueno es que aprenderás muy rápido, gracias a un experto.
—De alguna manera me emociona… pero a la vez, no puedo evitar pensar que él ya no está presente entre los vivos…
—El lado bueno es que eres prodigio – murmura Catherine. – Eres como nosotras y como algunas del instituto. Eso te hace poderosa en el ámbito de la popularidad.
—No busco ser popular…
—Pero podrías serlo – se encoge de hombros. – Todas quieren estar con las prodigios, por ello somos muy populares nosotras – se señala a sí misma, al igual que a Joselyn y Camille.
—Eso es lo de menos – dice Joselyn. – No importa la popularidad, importa que ahora tienes más poder del que imaginabas y que debes controlarlo, porque puedes quemar la escuela en un descuido.
—Eso es lo que más miedo me da…
—¿Descubriste algo más? – pregunta Catherine, abrazando una almohada hacia ella.
—Descubrí que me protege un ser invisible ante mi vista y la de las demás. – murmuro, bajando la mirada.
—¿Un ser? – pregunta Catherine y yo asiento.
—Solo se presentaba en mis sueños… Pero… Michael pudo verla ahí, él me dijo que se trata de Nora, mi pariente… alguien muy cercano a mí… Él pudo notar cierta familiaridad entre ambas y que… debo confiar en ella, ya que me guiará por un buen camino.
—Eso es bueno – dice Catherine, emocionada. – Eso te ayudará con tu búsqueda sobre tu pasado.
—¿Estás investigando sobre tu pasado? – pregunta Joselyn, confusa, a lo que yo asiento, algo conmocionada. – Pero… ¿Por qué? Es decir, tú tienes a tus padres, una vida perfecta llena de amor y familia… No comprendo eso de buscar…
—Yo soy adoptada, o bueno, eso pienso… Mis padres no tienen habilidades, ellos no saben nada de este mundo, de esta dimensión, o estas dimensiones a las que me enfrento ahora, ellos no saben nada del instituto… Eso lo hace sospechoso… Así que quiero indagar en mi pasado, en mi verdadera esencia… En mis ancestros… En todo…
—Entiendo… Pero… ¿Has encontrado más? – pregunta la pelinegra y yo solo puedo mirar hacia el libro viejo, para después mirar el libro prohibido que se encuentra abierto, en medio de las cuatro, para al final, mirar los diarios de Lysandro, todo sobre él.
—Ahora que preguntas… Michael me comentó algo sobre Lysandro – frunzo el ceño. – No sabía si era cierto, pero claro, mi guía no me podría mentir y… dijo que en este libro viejo aparece información sobre el ángel, como él lo conocía… Al parecer, Lysandro se dividió en muchas partes, se “quebró”, sus habilidades fueron repartidas para crear prodigios, ya que, tanto poder en él sería devastador para el universo, un ser peligroso podría utilizarlo en contra de toda dimensión que se conozca, o simplemente crear entidades que hagan el trabajo sucio, como existen realmente en dimensiones… Esa fue su misión – las miro. – Toda información sobre este mundo se encuentra en este libro viejo, escrito por un amigo de Michael, un tal Edward…
—Eso nos puede ayudar con la investigación – murmura Catherine, tomando rápidamente un cuaderno.
—Ya lo escribí – dice Camille, a lo que la miramos, sorprendidas. – No hay que retrasarnos, así que ya vamos por la mitad.
—¿Qué has escrito? – pregunta Joselyn, con curiosidad.
—Esto que dijo Sylver, también un poco de ese libro prohibido, sobre que es extremadamente poderoso y un poco sobre sus habilidades, ya sabes, parte de las que tenemos nosotras, de hecho – alza la ceja. – También las criaturas amorfas con las que se ha topado, eso lo dicen los diarios – señala con un plumón hacia los diarios de cuero. – Y bueno, claro que su nombre, su aspecto y demás. Un guapísimo hombre de 1.90 metros, con larga cabellera blanca, un rostro tan exquisito, pálido como la nieve y unos ojos dorados tan misteriosos – nos mira, con una sonrisa en su rostro. – Ni hablar de los labios carnosos tintados de un rojizo leve. Además de portar accesorios como la cadena con una cruz enorme, un reloj en su muñeca, y por supuesto, sus enormes alas blancas con un aura celeste en ellas, algo majestuoso.
—¿Cómo demonios sabes tanto? – pregunto, un poco anonadada por tanta información.
—En su diario se encontraba esta imagen – me muestra una fotografía en donde sale un hombre tal cual y como lo ha descrito. – Además, sé que he visto alguna pintura por el instituto.
—Creí que estaba prohibido tener algo de él… – murmura Catherine. – Según lo que escuchaba… No podíamos mencionarlo mucho ni tener algo de él por aquí, más que los libros de historia básica de la biblioteca – señala el libro que ambas encontramos, cuya información parece más ficticia.
—Ese cuadro se encuentra en el sótano, en una zona… prohibida – dice Camille, algo incomoda. – Solía ir ahí con… Ezra.
—Oh… – solo pudo decir aquello Catherine.
—Espera… ¿Son pinturas marcadas con el nombre de…?
—Tina – dice ella, con seguridad.
—Eso me recuerda al cuadro de la biblioteca… La noche en la que estuve mensajeándome con Colin.
—¿Qué tu qué? – pregunta Joselyn.
—Colin y Sylver son novios – dice Catherine, con tanta seguridad.
—¡N…NO! – respondí rápidamente, casi en un grito, sintiendo como mis mejillas arden. – Solo… somos amigos.
—No niegues que lo amas – la rubia alzó y bajó las cejas rápidamente, haciendo varios movimientos, lo que me hace sentir más calor. De pronto, una llama salió disparada hacia un jarrón cerca, quemándolo. Catherine inmediatamente corrió hacia él, apagando el fuego y reconstruyendo la planta que yacía en él.
No pude evitar sentir tanta pena por quemarlo, pero no pude controlar ese fuego que se escapó sin querer.
—Definitivamente necesitarás ayuda de Michael – dice Joselyn, mirando tan divertida la escena de Catherine con la planta, a lo que la rubia la mira con molestia en su rostro.
—Oh, Kitty, todo estará bien, la recataste a tiempo – dice Camille, a lo que la rubia la mira, con las mejillas rojizas.
—Y sigues con ese apodo…
—¡Es perfecto para ti! – dice Camille, con un tono alegre en sus palabras. – Ahora eres como un gatito protegiendo sus juguetes.
No pude evitar reír, a lo que se unió Camille, después Joselyn y al final, una Catherine rendida.
La habitación se llenó de risas, algo que me hizo sentir tan cómoda, en familia.
—Estuve pensando que somos unas perfectas Winx – digo yo, secándome unas lágrimas de tanto reír.
—¿Winx? – pregunta Camille, confundida. Lo que me sorprende tanto.
—¿No las conocen? – pregunto, algo ofendida.
—¿Es un grupo de música o algo por el estilo? – pregunta Joselyn, mirándome con confusión.
—¿En tu dimensión es una película o algo así? – pregunta Catherine, sentándose en su sitio.
—Algo así… me sorprende que no sepan que es – frunzo el ceño. – Es un programa de televisión. Sobre unas chicas que son hadas y tienen sus poderes, y brillitos, y vestidos… además de una canción tan espectacular cada que se transforman en hadas.
—Bueno, aquí no tenemos nada de eso – comenta Catherine. – Muy apenas tenemos celulares, si no es porque los escondemos, pero antes no usábamos absolutamente nada – suspira, abrazando su almohada. – La tecnología no es nuestro fuerte, bueno, a menos que tengas una habilidad de esas, pero, hasta el momento, solo sabemos que los chicos tienen esos conocimientos. En nuestro mundo, no vemos ningún programa así, solo entrenamos.
—Es… triste – frunzo el ceño. – Será difícil acostumbrarme a esto, bueno, tampoco es como que haya sido tan popular en mi realidad, pero… mis tardes libres solía utilizarlas para ver series o películas.
—Aquí tus tiempos libres son para convivir con la naturaleza, o con chicos, si es que te gusta eso – dice Joselyn, mientras se encuentra pintándose de negro las uñas de sus manos. – Realmente no se hace mucho aquí, los días pasan rápido.
—Que extraño… – murmuro, pero un grito de Camille nos hace girar para mirarla. Ella se encuentra con su celular en la mano, mientras que, con la otra, se cubre su boca. – ¿Qué sucede?
—No puedo creer que la señal llegue hasta aquí – dice Camille, negando con su cabeza, mientras mira a Catherin. – Kitty, no quiero que te asustes, ni te enojes, ni hagas berrinches, ni… reacciones mal…
—¿Qué sucede? – pregunta la rubia, mirando asustada a Camille. – De verdad me comienzas a asustar…
—Te han sacado del comité de decoración…
—¡¿Qué?! – grita la rubia, acercándose con prisa a Camille.
—Eso no es todo…
—¿Qué dice el maldito artículo?
—Tras defender a… – me mira, para después volver a su celular. – La pelirroja nueva del instituto, algunas chicas están en contra de que… seas parte del comité…
—Idiotas – murmura la rubia. – En fin, no quería ser parte de eso…
—Pero no solo de ese comité…
—¡¿Qué?!
—Quieren que estés fuera de todos – dice Camille, nerviosa por su reacción. – Al parecer ha regresado… Blair…
—¡BLAIR! – grita Catherine, poniéndose de pie. – ¡ESA PERRA!
—Disculpen que interrumpa, pero… ¿quién es Blair? – pregunto, confusa por la reacción de mi amiga.
—Una zorra – responde Joselyn, rodando los ojos mientras comienza a pintar las uñas de sus pies. – Es familiar de la directora y ella se fue hace un año de misión.
—Creí que las misiones eran para los chicos – frunzo el ceño.
—Al parecer, su habilidad es importante para esa misión – dice la pelinegra, volviendo a rodar los ojos. – Su canto puede controlar a toda criatura que se le aparezca de frente, eso les ayudaría a los chicos para que puedan salvar las dimensiones.
Una furiosa Catherine se metió a nuestra habitación para cerrar de un portazo y comenzar a gritar sin parar, mientras se escuchan cosas romperse.
—También, Blair se metió con los chicos que Catherine comenzaba a conocer y salir – dice Camille, algo nerviosa por los ruidos. – Blair y Kitty tienen esa enemistad tan… fresca desde hace años.
—Entonces el regreso de ella le causaría muchos problemas – murmuré.
—Exacto – habla Camille. – Y no es todo… – la miré con curiosidad. – También está obsesionada con Colin.