12
Un cantico comenzó a llenar el vacío en el que me encuentro, haciéndome mirar a todos lados, intentando encontrar la fuente de ello, pero es imposible, ya que proviene de cada lado, de cada esquina, como si estuviese rodeada.
A lo lejos pude ver dos enormes luces que parecían… ¿mirarme?
¿Serían unos ojos?
Pude notar como se ladeaban, lo que me dejó confirmar que definitivamente se trata de alguien, de algún ser que parece cautivarse por mi presencia.
—Vaya, vaya… – dijo aquella voz que parece ser de hombre y mujer a la vez. – Parece que tenemos a una de las elegidas para la profecía que podrá salvarnos de esta esclavitud, de este sufrimiento.
No pude evitar retroceder.
Pero aquel ser alzó su mano hacia mí, haciendo que me alce en el aire, sintiendo como mi cabello se mueve con el viento.
Solo en esta posición puedo ver como de sus ojos sale un brillo que parece formar constelaciones alrededor de ellos, cubriendo gran parte de su rostro estrellado, como si del espacio mismo se tratase.
—Eres débil y fuerte a la vez… le temes a la soledad, pero aquello te hace ser más fuerte – vuelve a ladear su rostro. – Es algo que no logro comprender de los humanos, ¿cómo es que la soledad te puede hacer crecer? Si es algo que a la vez te destruye por completo.
No pude evitar temblar un poco del miedo.
—¿Qué… qué eres…? – mi voz salió temblorosa y algo ronca.
Aquella criatura pareció parpadear con lentitud.
—Yo soy todo – me miró de nuevo con intensidad. – Y a la vez… soy la nada.
Me bajó con lentitud hasta dejarme en ese especie de suelo.
—Nos veremos luego, mi querida Sylver – junta sus manos. – Cuando las cuatro estén unidas, será cuando nos volveremos a ver.
✵
Abrí mis ojos, sintiendo un fuerte dolor en mi cabeza, probablemente por el alcohol que bebí ayer.
Un fuerte ronquido se escucha en la cama de al lado.
Una Catherine completamente dormida yace entre las colchas, su cabello se encuentra enmarañado, una imagen que ella misma podría odiar.
Yo reí un poco y me puse de pie, estirándome un poco, sintiendo como mis huesos truenan por estar tantas horas dormida.
Tan solo me puse mis tenis y me dirigí rápidamente hacia la cafetería para tomar alimentos para las cuatro, probablemente las demás sigan dormidas como Catherine, así que tendrán hambre.
Al tener los alimentos, me dirigí a la habitación, no sin antes dar un corto vistazo por las puertas de la biblioteca, justo con la vista en el cuadro que anteriormente había visto.
Ahora solo puedo apreciar el bosque, sin nadie en él, lo que me hizo fruncir el ceño.
Retrocedí unos pasos, para después caminar confusa hacia la habitación, viendo como Joselyn se sienta en el suelo, con el libro prohibido que Javis le consiguió, en sus manos, leyendo cada página.
Me senté a su lado y le ofrecí comida.
—Gracias – dice ella, tomando la comida y empezando a comer poco a poco, sin dejar de leer.
—¿Tiene cosas interesantes?
—Pues parece más una biografía del ángel – bufa. – No tiene muchas cosas interesantes, así que tendremos que escribir cosas aburridas.
—Bueno, así nadie verá cosas extrañas.
—Supongo.
Pasaron unos minutos más, en los que Joselyn seguía leyendo, mientras yo solo me concentraba en comer un poco, mirando hacia un punto fijo sin dejar de pensar en lo nuevo que descubrí, hasta que las puertas se abrieron de forma simultánea, dejando ver a una Catherine completamente vestida y maquillada, como si nada sucediese, mientras que Camille se encuentra en pijama, con su cabello sujetado en una coleta alta despeinada, sin una gota de maquillaje, dejando ver unas enormes ojeras debajo de sus ojos.
Yo tan solo les señalé los platillos de comida, a lo que ellas no lo dudaron y tomaron su comida, sentándose frente a nosotras.
—¿Algo interesante? – pregunta Catherine, a lo que Joselyn suspira.
—Lysandro es un ángel cuyo poder es tan inmenso que podría crear la destrucción de las dimensiones mediante unas anomalías – dice Joselyn, cerrando el libro. – Sería un buen comienzo para la investigación.
—Me pregunto cómo era Lysandro – murmura Camille, a lo que la miramos. – Ya saben, si era guapo o no.
—Es un anciano – dice Joselyn, frunciendo el ceño. – Tiene más de mil años.
—¿Y si es como un vampiro? – dice Camille, sonriente. – Ya sabes, que no envejecen nada.
—He escuchado que las habilidades suelen ayudarte – murmura Catherine, dándole un vistazo al libro, hojeándolo un poco. – Según esto, ayuda a quien más lo necesite.
De pronto, sentí mis ojos arder.
Aquella frase inundó mis pensamientos tan repentinamente, como si alguien los repitiera una y otra vez, pero una voz masculina es el causante de ello.
Sin saberlo, desaparecí de la habitación, quedando de pie en un espacio oscuro, pero con un hilo rojizo que parece conectarme con alguien al fondo.
Yo fruncí el ceño, mirando a todas partes, tratando de buscar a mis compañeras, pero ellas ya no se encuentran presentes.
Primero inhalé con profundidad, para después exhalar el aire, sintiendo como el calor me cubre, el calor que sale de mi cuerpo y que, de alguna manera, comienzo a sentir conforme avanzo con lentitud.
Pero…
Aquel calor parece más una calidez familiar, como si lo que estuviera al fondo, perteneciera a mí, como si fuese igual a mí.
Aquel hilo que parece ser del destino, me hace caminar tanto, o al menos así lo siento yo, ya que parece interminable, pero, de pronto, algo me jala hacia en frente, con tanta rapidez, hasta quedar frente a algo.
O alguien.
Una silueta se encuentra frente a mí.
Es masculino.
Alto.
Fornido.
Y su cabello parece ser un poco largo, más debajo de sus orejas, algo rizado.
Poco a poco, su aspecto comenzó a mostrarse, dejándome ver a un muchacho muy guapo, rubio, con un par de tatuajes en sus brazos bien formados y unos ojos azules que te hacen perderte en ellos.
Él mostró una media sonrisa, sin dejar de mirarme, a lo que estiré mi mano, intentando saludarle con ella, pero él solo la miró con tristeza y negó con la cabeza.
—Sylver… – murmura él, a lo que le miro con extrema curiosidad. ¿Cómo sabe mí nombre? – Soy Michael, el prodigio del aura del fuego de dragón.
—¿Aura…? ¿Dragón…? ¿Prodigio…? – murmuro, con la voz algo ronca.
—Claro, en cada dimensión se le llama de otra forma… en la mía es aura, en la tuya sería… ¿habilidad arcana? – yo asentí, dudando un poco de la respuesta que podría darle. – El dragón fue parte de mí por muchos años, hasta el ataque devastador… hasta que… perdí la vida de la peor manera – baja la mirada, puedo notar tristeza en ella. – Cuando un prodigio, un portador de un aura o habilidad tan poderosa, fallece, su esencia viaja a través del linaje que los une, es extraño, pero es lo que aprendí todos estos años con mi familia.
—Pero… ¿Se pasa a través de familia?
—No, esa habilidad siente la necesidad de un portador igual de asertivo que el portador inicial, es decir, con la personalidad similar.
—No entiendo…
—Tu eres como yo – se acerca un poco a mí, pero no retrocedo, por alguna razón, no siento miedo, siento comodidad. – Nuestra personalidad es similar, somos sensibles, determinados, resentidos, sinceros, fuertes… – se acerca un poco más. – Poderosos…
—Eso quiere decir que… ¿yo tengo tus habilidades?
—También inteligentes – sonríe abiertamente. – Estás en lo cierto, Sylver… mi aura pasó a través de las dimensiones, sin importar la distancia y el tiempo, el dragón te encontró, encontró tu esencia y le gustó, realmente noto que se encuentra tan cómodo – mete sus manos en su bolsillo.
—¿Puedes… verlo?
Michael alza un poco la mirada, sonriendo de forma nostálgica.
—Lo veo bastante claro… – noto como sus ojos se vuelven de una tonalidad naranja con… ¿rojo? Es difícil distinguirlo. – Él te protege, siempre lo hará. Pero… veo que algo más te acompaña.
—La mujer… debe ser esa mujer – murmuro, a lo que él me mira.
—Así que la ves…
—No realmente… ha aparecido en sueños solamente…
—Es una manera en que los espíritus se presentan, pero claro, solo los más allegados.
—No comprendo…
—Ella es pariente tuyo – sonríe de lado. – Puedo notar la familiaridad en su esencia.
—Pa… ¿Pariente? – sentí mi voz quebrarse. He intentado buscar mi pasado, mi historia, mi vida real y ahora, puedo tener las respuestas a ello. – ¿Puedes decirme más?
—Su nombre es Nora. No sé su apellido, solo sé el nombre. Ella te protege, ella te guía por el buen camino, debes confiar en ella…
—Es cierto que… ella me rescató en mi sueño, cuando esa marca comenzó a quemar mi piel…
—El emblema – murmura Michael. – Ella te salvó de morir en manos del dragón, al estar tu cuerpo débil.
—No entiendo…
—El cuerpo reacciona de manera diferente ante los emblemas. Cuando un prodigio muere y el poder llega a otro, esa otra persona puede recibir de excelente manera el emblema, pero también puede que su cuerpo no esté preparado para tanta carga de poder y termina muriendo a manos de la habilidad… Tu cuerpo, al ser de un mortal, no está preparado para recibir tanta carga, es cierto que pertenecemos al mismo linaje, pero no tenías la misma resistencia que yo – de pronto, toma asiento en el suelo, incitándome a hacer lo mismo, lo que no dudo ni un segundo, quedando frente a frente, con mayor comodidad. – Tu poder era débil, pero ahí estaba. Solo que, al morir, eso creció y te envolvió, sin dejar que te prepararas como tus compañeros, que han vivido con ello durante toda su vida, como yo lo viví por muchos años, siendo inmortal.
—Si eras inmortal… ¿Cómo fuiste… destruido? – intenté encontrar una palabra adecuada que no lo lastimase, aunque todo lo haría.
—Un ser más poderoso hizo un movimiento tan… fuerte, utilizó un poder que solo conocíamos en libros, que no creímos que fuese real, al parecer canalizó un poder antiguo, utilizando un ritual para tenerlo en su poder y así usarlo en nuestra contra.
—¿Nuestra?
—Mis amigos y yo… todos acabamos con el mismo destino – bajó la mirada, tan triste. – Una de ellas utilizó su amuleto para acabar con ello, pero algo salió mal, otro ser invadió su propósito y… aunque logró acabar con aquello… abrió un portal que dio entrada a ese ser que acabó con todo y simplemente escapó.
—Eso es… horrible…
—Por ello las cosas están así, por ello todo el universo está en peligro – me mira, haciéndome notar la seriedad en él. – Ese ser está en alguna dimensión, buscando prodigios para absorber su energía arcana y acabar con todo a su paso.
—Será… ¿Lysandro?
—No sé quién es Lysandro – frunce el ceño.
—Un ser poderoso que creó las dimensiones y… el mundo arcano como tal…
—Oh… hablas del ángel – yo asiento. – Nuestros libros solo mencionaban a un ángel que creó todo, hasta las habilidades, pero no sabía su nombre. Solo se sabe que él se quebró en partes para otorgar habilidades y crear así los prodigios, tanto poder en él sería devastador, y las criaturas malvadas podrían robarle todo para destruir el universo con ello, o crear más entidades. Así que esa fue su misión.
—Vaya… eso no lo sabía…
—Toma esto – con un leve movimiento, hace aparecer un libro viejo, que pone sobre mis manos. – Es lo que tenemos de información sobre todo nuestro mundo, está escrito a mano por mi querido amigo Edward – sonríe con nostalgia.
—Lo cuidaré muy bien – sonrío un poco, abrazándolo a mí. – Lo prometo.
—Lo sé, confío en ti – sonríe. – Me debo ir… pero podrás contactarme cuando lo desees… eso sí, no estaré para siempre.
—No suena lindo eso…
—Desgraciadamente el mundo arcano funciona así… la muerte te deja estar poco aquí, te ayuda a ser un… guía… para que el prodigio de tu emblema sea el correcto y no cometa los mismos errores que tú. Después… podré ascender.
—Ascender… eso suena muy de película… – él ríe, una risa hermosa.
—No está tan loca esa idea, realmente parece sacado de una película… me han contado que el ascender es como… el volar – murmura. – Estás por un momento en completa oscuridad y de pronto… una luz aparece, rodeándote por completo hasta que comienzas a subir muy alto – señala hacia arriba, mientras mira a aquella dirección, lo que imito. – Después… sientes como cada parte de ti se disuelve de forma… tranquila y mágica… hasta que desapareces de este plano.
—¿Cómo sabes todo esto?
—Mi guía, cuando yo estaba en vida tuve uno y… me contó todo – sonríe de una manera tan nostálgica – Aprendí muchas cosas, y por esa persona, sobreviví por mucho tiempo…
—Me alegra eso – sonrío sincera.
De pronto, él comienza a tener un pequeño brillo rojizo que lo cubre completo, hasta que me ciega poco a poco, sintiendo como esa conexión empieza a perderse cada vez más, hasta sentir como caigo de golpe en el suelo, haciendo que despierte de esta especie de sueño extraño en el que me encontraba.
—¡Sylver!
Escucho la voz de Catherine al fondo, hasta que el sonido de la habitación se hace presente y mi vista enfoca a una rubia frente a mí, con ambas manos en mis hombros, agitándome un poco, haciéndome recobrar la conciencia.
—Qué… ¿Qué sucedió? – pregunto, con la voz ronca, como cuando recién despiertas.
—Te fuiste… es decir… no te fuiste de forma física, sino… mental… – responde Camille.
—Yo…
—¿Qué es eso? – escucho a Joselyn, y cuando la miro, noto que señala algo en mis piernas.
Al bajar la mirada, puedo ver el libro viejo que Michael me entregó hace un momento.
Con confusión, emoción y algo de miedo, lo tomo entre mis manos, pudiendo sentir la cubierta algo rasposa y vieja, con polvo y claro, algo despintada.
Pero puedo notar que un nombre se encuentra debajo, en letra cursiva.
“Edward”
Yo frunzo el ceño, pasando mis dedos por encima.
—No me lo creerían si se los cuento…