Crónicas de los secretos: El despertar I 9 #2
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Colin me sonrío de nuevo y se acercó a mí, quitándose la gabardina, para ponérmela por encima de los hombros, quedándose en una playera sin mangas, la misma que traía temprano cuando entrenaba.

—¿No tienes frío? – pregunté, tomando con mi mano el borde de la gabardina.

—Estoy acostumbrado – sonríe de lado, para después caminar hacia la motocicleta y comenzar a inspeccionarla. – Suelo ir a misiones y créeme que algunas están en los lugares más helados de las dimensiones – me mira por unos segundos. – Existe uno donde hay montañas y sueles aparecer en la punta de ellas, el frío va más allá de… -20°C.

—Vaya… es demasiado – murmuro, poniéndome de pie y acercándome hacia él, con algo de dificultad por el largo del abrigo. – Cada día aprendo más – sonreí un poco y me agaché a su lado, viendo como intenta acomodar una pieza, a lo que la tomo y con facilidad, la acomodo, sorprendiéndolo. – Mi padrastro es un aficionado por las motocicletas y me enseñó todo sobre ellas – lo miro. – Así no dependería de nadie, o al menos esas fueron sus palabras.

—Pues… es un hombre muy listo – sonríe Colin, sin dejar de mirar mis ojos.

—Bastante – murmuro, sintiendo el calor de su aliento chocando con mi rostro, lo que me hace sentir un cosquilleo en mi cuerpo.

Ambos comenzamos a acercarnos, haciéndome sentir un calor rodeando mi cuerpo, pero yo solo podía concentrarme en su rostro y en el hecho de que cierro mis ojos para poder disfrutar más del momento.

Pero un quejido suyo me hace abrirlos y separarme al ver una quemadura en su mejilla.

—Yo… lo siento mucho… no quería…

—No te preocupes – dice él, riendo un poco mientras toca un poco la herida con su dedo. – Sanará en un par de días.

—No controlo mi habilidad y…

—Está bien, Syl – dice él, tomando mis manos entre las suyas. – Todo está bien…

—Colin…

—Vamos, se hace tarde y no quiero que tengas problemas – sonríe sincero, para después subirse a la motocicleta y ayudarme a subir detrás.

Lo abracé con algo de fuerza y así partimos hacia el instituto, pero en vez de ir al mío, terminamos yendo al suyo.

Al bajarnos de la motocicleta, lo miré extrañada. Pero él me sonrió y me tendió su mano, la cual tomé, para después caminar hacia el instituto, y tras dar una pequeña excursión por los pasillos, donde me comenzaba a explicar un poco sobre los colores y las pinturas que hay en el lugar, claro, susurrando, ya que no se permite que las chicas entremos.

Al final, llegamos hacia unas escaleras que dan al piso de abajo, es decir, un especie de sótano, por lo que lo miré extrañada.

—¿Qué hacemos aquí? – pregunto en un susurro, acercándome a él para que me escuche.

—Mencionaste la profecía y el hecho de que Lysandro podría estar implicado, así que, te invito a que conozcas los libros prohibidos – susurra él, tomándome con fuerza de la mano.

Ambos bajamos hacia esa especie de sótano, llegando a unas enormes puertas rojas, tan llamativas que me extraña el hecho de que esté aquí, tan desprotegido.

Teniendo tantos libros importantes y que no haya algún guardia.

—Tanta confianza tienen como para dejarlo desprotegido… – murmuro, tocando las puertas.

—El guardia debe estar por el otro lado del instituto – me mira y sonríe. – Vamos.

Yo asentí y él empujó las puertas, haciendo que se abran de par en par, haciéndome sentir una brisa que mueve mi cabello por un instante.

Ambos entramos, para después escuchar como Colin cierra las puertas. Pero yo solo puedo concentrarme en ver los miles de libros, algunos que parecen tener cierto brillo que los hace más llamativos, lo que me hace mirarlos, aunque sea de lejos.

—Esos pertenecen a Lysandro – me dice Colin, por lo que le miro. – Son sus diarios. Se dice que escribió miles de diarios, contando su experiencia en el mundo, desde que fue creado. Pero otros dicen que simplemente cuenta sus experiencias en las dimensiones, el cómo luchó con criaturas y su supervivencia antes de crear esta dimensión.

Volví mi mirada hacia esos libros, a lo que Colin me llevó hacia ellos tomándome de la mano, para después tenderme uno de esos libros, o mejor dicho, diarios.

A simple vista no parecían ser tan chicos, pero realmente lo son, como si fuesen la mitad de un cuaderno quizá. Su pasta es de cuero tan suave, con algunos relieves que le darían un toque más personalizado, o al menos eso me da a entender.

Lo abrí con delicadeza.

Sus hojas se sienten tan delicadas y claro, se ven antiguas, como si llevasen mucho tiempo guardadas, quizá el polvo también les haya afectado.

“Volumen 30.

He estado varado en este mundo tan extraño, la soledad me rodea y solo puedo escuchar el sonido del viento, y de aquellas criaturas que esperan devorarme sin piedad.

Se les llama “cambiantes” o “cambia formas”. Su poder se basa en adaptar la forma de otro ser vivo, convirtiéndose en un temible transmutador. Su ADN cambia de la misma manera para poder engañarte por el físico que pretenden mostrarte, podrías estar viendo a tu ser querido, pero realmente no es él. Tan solo se trata de una manipulación demoniaca que juega con tu mente.

Ya lo ha hecho conmigo.

Creí que era ella.

Creí que era mi Ellis, pero caí en cuenta de que ella ya no pertenece a este mundo tan cruel y eso me tiene más tranquilo, porque ya no sufrirá las consecuencias de haber entrado a este mundo.

~Lysandro.”