Crónicas de los secretos: El despertar I 9
26%

9

Al principio comencé a contar una, dos, tres, cuatro cervezas.

Pero tras ello, las cervezas simplemente dejaron de contarse, tan solo nos concentramos en nuestra charla tan animada. Incluso Magnus reía sin parar, como si aquella seriedad que tanto lo identifica, se transformara en algo más alegre.

La única que no parecía verse afectada por el alcohol es Joselyn, que bebe sin parar y la sigo viendo normal, a diferencia de Camille y Catherine, que parecen disfrutar de la noche, con muchísimo alcohol en su sistema.

En mi caso, tan solo siento el mareo, pero puedo seguir caminando lo más normal posible, aunque prefiero quedarme sentada y beber con más lentitud que al inicio, para no perder la conciencia.

Todos los hombres presentes gritan y aplauden al terminar de escuchar a las dos chicas más borrachas que se encontraban cantando un par de canciones al unísono, y al terminar, se sientan frente a nosotras, sin parar de reír.

Puedo ver como Catherine se recarga un poco en el hombro de Javis, el cual no parece incomodarle su tacto, lo que me hace sonreír un poco, realmente harían buena pareja, si él no estuviera cegado por Joselyn, la cual no lo ha mirado en toda la noche.

—Kitty – dice Camille, arrastrando las palabras, mientras se queda mirando a Catherine, la cual la mira con los ojos llorosos de tanto reír. – Es gracioso como tu nombre es Cat, como gato, y la verdadera gata, sin ofender, ya sabes, por la confusión de palabras – mira a Joselyn, la cual alza la ceja, mientras bebe su cerveza. – Pero ella tiene cara de gatito – toma del rostro a Catherine y aprieta sus mejillas. – ¿No les parece tierna?

Antes de que alguien pudiese responder, el bartman llegó, interrumpiendo con la charla para poder entregar más cerveza, pero yo me negué a ello, realmente me comenzaba a agobiar un poco por el calor que se siente dentro de la taberna.

—Iré a tomar un poco de aire – le dije a los demás, los cuales asintieron y sin más, me puse de pie para poder caminar hacia la salida. Colin recién se había ido al baño, por lo que no pude avisarle que estaría fuera, pero no creo que algo me llegue a suceder, los hombres presentes ya nos conocen y parecen ser amables, al menos la mayoría.

Tras pasar por el largo pasillo rojo, comencé a sentir la brisa de aire tan fresca, lo que me hizo cerrar mis ojos por un momento, al estar fuera. Finalmente pude respirar un poco.

—Es peligroso estar sola – dijo una voz masculina detrás de mí, haciéndome sobresaltar, para después girarme y ver a Colin acercándose, con sus manos dentro de su gabardina.

—Necesitaba un poco de aire y los vi muy cómodos, no quise molestarlos – murmuré, abrazándome a mí misma, algo tímida.

—Entiendo, estás pasada de alcohol y tu cuerpo reacciona con calor, además de tu habilidad que se potencializa – toca mi mejilla con delicadeza, a lo que frunce un poco el ceño, como si algo le hubiese dolido. – Parece que el fuego cubre incluso tu rostro.

—¿Eso es posible?

—Depende de la fuerza de la habilidad y parece ser que tienes más poder del que imaginas – sonríe de lado, volviendo a meter su mano a su bolsillo. – Solo falta que lo sepas controlar, pero me imagino que has practicado mucho, ¿no?

—No realmente – bajo la mirada. – Supe de mi poder hace unos años, pero… No he tenido a nadie que me enseñe cómo funciona… Mis padres no saben de esto…

—¿Jamás practicaste? – parece sorprendido por mi historia, lo que me hace sentir inferior a él.

—En mi hogar no existe gente como yo, como nosotros – lo miro. – O al menos no conozco a nadie y de hecho, si dudo que haya alguien más, porque, conociéndolos… estoy realmente segura de que todos se encuentran en esta especie de dimensión…

—Bueno, supongo que tienes razón – se rasca su nuca con algo de confusión.

—Además… Creo que no es casualidad que yo esté aquí – frunzo el ceño y me recargo en el barandal, mirando hacia el camino de piedra, donde hay algunas personas sentadas, platicando entre ellas. Colin me imita y se queda a mi lado, sin dejar de mirarme.

—¿A qué te refieres?

—Pensarás que enloquecí… pero… escuché hablar a la profesora sobre una profecía – bajé la mirada hacia mis manos, las cuales tengo unidas, sintiendo cierta tensión por lo que estoy platicando. – Algo sobre cuatro chicas que pertenecen a una profecía y… le mencionó a la directora que no es casualidad que las cuatro hayamos quedado en la misma habitación, además de que mencionaron a Lysandro…

—Lysandro… ¿qué no es aquel hombre de las leyendas sobre el mundo de los sueños?

—¿Conoces las leyendas? – le miro y él asiente.

—Normalmente no solía entrar a las clases, así que no sé mucho, lo poco que escuché fue que Lysandro enloqueció y se adentró al mundo de los sueños para arreglar el supuesto problema que había, pero nuestro profesor nos contó que en realidad él estaba muy mal de la cabeza y que, lo más seguro, es que se fue para poder morir en paz, porque fue contaminado en una de sus múltiples excursiones.

—¿Contaminado?

—Existen seres más allá de este lugar que conoces… se les conoce como criaturas amorfas – frunce el ceño. – Hay muchísima información sobre ellos en todos los libros del instituto, hace un año hice un trabajo de ello. Se dice que Lysandro utilizaba parte de su poder para hacer cambios en esta dimensión que él mismo creó, pero claro, ellos parecían cansados de ser utilizados y cambiaron de bando, es por ello que se creó una especie de “guerra” entre las dimensiones y nosotros, los que pertenecemos al instituto de chicos, nos encargamos de acabar con las criaturas, pero parecen multiplicarse con el paso de las horas.

—¿Horas?

—El tiempo pasa de forma diferente en las dimensiones.

—Vaya… ¿Crees que en esos libros que mencionas aparezca algo sobre la profecía y sobre Lysandro?

—Desconozco sobre ello – posa su mano encima de las mías, que, sin darme cuenta, apretaba bastante. Por lo que aligeré la presión al sentir la calidez de su piel. – Solo sé que la mayor información que dejó Lysandro, se encuentra en la biblioteca prohibida – enlaza su mano con la mía. – Ven, comienza a refrescar, vayamos adentro.

Yo asentí, y caminé con él, llegando a la mesa donde se encuentran los demás, que parecen estar platicando de algo gracioso, ya que ríen sin parar, hasta que nos ven llegar.

—¡Sylver! – grita Camille, para después llegar a mí, tropezándose con todo, y así abrazarme fuertemente. – Espero y la hayas pasado de lo mejor en tu bello cumpleaños – se separa de mí, sonriente.

—Me la pasé muy bien – le sonreí, tan sincera. – Muchas gracias, Camille.

—Todo por nuestra nueva mejor amiga, ahora somos el cuarteto más sexy del instituto – me abraza por encima de los hombros y a la vez, abraza a Joselyn, para intentar alcanzar a Cath, la cual se acerca a nosotras sonriente y nos abraza.

—No quisiera interrumpir, pero traje esto – dice Javis, mirando algo nervioso a Joselyn, mientras le entrega un libro que parece viejo.

—Javis… eso es… – murmura Magnus, pero él lo interrumpe.

—Si, es un libro prohibido – murmura el pelinegro, acomodándose un poco sus lentes.

Por la mirada de Magnus, supe que no era nada bueno que él tuviese ese libro y que se lo entregara a Joselyn, la cual lo toma entre sus manos y le guiña un ojo al pelinegro, el cual se ruboriza.

—Bueno, es hora de irnos – dice Joselyn, poniéndose de pie. – Es tarde y no queremos que la directora se dé cuenta de nuestra ausencia.

—Es cierto – murmuré. – Ya es tarde…

Tras despedirnos del bartman, caminamos hacia la salida y nos fuimos por el mismo camino, con la diferencia de que ahora, llevamos a una Catherine y Camille borrachas, riendo sin parar.

Al llegar a las motocicletas, que, de hecho, no me di cuenta de que hay otra más algo rezagada, en la cual se sube Javis.

—Bien – habla Colin, subiéndose a la suya. – Syl se irá conmigo, Camille con Magnus, que es la más borracha y él podrá sostenerla bien. Catherine con Javis, que también podrá cuidarla bien. Y Joselyn, eres la más cuerda, podrás ir en la motocicleta que queda.

—Claro – dice la pelinegra sin importarle mucho, y sin más, se sube a la motocicleta, no sin antes guardar el libro en la mochila de Javis, sin siquiera decirle palabra alguna.

Me abrazo a Colin y segundos después, siento el viento correr por mi rostro, como hace algunas horas, solo que en estos momentos me marea un poco, pero trato de mantener la compostura.

Solo que, en un momento inoportuno, la motocicleta comenzó a hacer unos movimientos muy bruscos y Colin frenó de golpe, haciendo que me pegue más a su cuerpo, algo adolorida por el movimiento, a lo que él se quitó el casco y se giró como pudo para mirarme.

—¿Te encuentras bien? – noto su preocupación. – Lo lamento mucho… Esta motocicleta… no sé qué sucedió…

Pero no respondí, tan solo me bajé de prisa y me acerqué a un arbusto para vomitar en él, escuchando los pasos apresurados detrás de mí y el ruido de otras motocicletas.

—¿Qué sucedió? – escuché la voz de Magnus, preocupado. – Colin.

Unas manos sostuvieron mi cabello con delicadeza, para después sentir otra en mi espalda.

—Debió marearse – dijo una voz femenina que reconocí como la de Joselyn, la portadora de la mano en mi espalda. – Estará bien.

—No solo es eso, la motocicleta falló a medio camino y el movimiento brusco hizo que sintiera náuseas y… vomitara – dijo Colin, para después ayudarme a incorporarme al terminar de vomitar.

—Lamento eso – murmuro, sintiéndome muy apenada, pero Colin me limpia la comisura del labio con la manga de su gabardina.

—No es tu culpa – dice el rubio, sonriéndome un poco. – Ven, debes sentarte un rato, en lo que intento arreglar la motocicleta. – mira a Joselyn. – Si quieren adelantarse, la llevaré en un rato más.

—¿Seguro? – pregunta la pelinegra.

—Ella está más sobria que tus otras amigas – dice el rubio, mirando como las otras dos chicas no paran de reír.

La pelinegra asintió, para después ayudarme a sentarme en el suelo y se fueron tras unos minutos.