Crónicas de los secretos: El despertar I 8 #2
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Con ayuda de Colin, me bajo de la suya, seguida de él, el cual la apaga y toma de nuevo mi mano.

El ambiente comienza a sentirse pesado conforme avanzamos entre algunos árboles, hasta llegar a un camino de piedra, en donde se encuentran algunas casas, o lo que parecen serlo.

Algunas personas caminan entre ellas, mientras que otras parecen estar sentadas, o simplemente recargadas, fumando un par de cigarros, mientras sus miradas se concentran en nosotros.

Aprieto con un poco de fuerza la mano de Colin, a lo que él se pega un poco más a mí.

—La taberna se encuentra al fondo – dice Magnus, quedándose cerca de las otras dos chicas.

—¿Cómo es que Camille llegó aquí? – pregunto, caminando con ellos.

—Debió haber venido con Ezra, pero me extraña que él la traiga aquí – dice Colin, mirando a todos lados, con seriedad en su rostro.

—Ezra puede ser un imbécil – dice Magnus. – Pero jamás traería a una chica aquí, mi hermano tiene algo de sentido común.

—Hermano… Eso explica su parecido – murmuro y él ríe.

—Lo que nos diferencia es la edad y claro, los valores – dice el pelinegro. – Él es un imbécil, mientras que yo trato de arreglar sus tonterías, me gusta ser un hombre de valores reales y de palabra.

—Eres el hermano bueno – dice Catherine, para luego recibir las miradas de todos. Segundos después, Colin comienza a reírse, seguido de los demás, mientras que Joselyn solo sonríe de lado, muy discreta.

El camino terminó silencioso, hasta llegar a una estructura rústica, con un enorme letrero que dice “La Taberna”, con algunos hombres fuera, teniendo tarros de cerveza en sus manos, mientras ríen y algunos muestran sus músculos a los demás, como si presumieran que son más fuertes.

De hecho, algo que logré distinguir es que, los más “fuertes” parecen tener tatuajes, lo que me extrañó, pero aquellos tatuajes parecían tan irreales, como si, de alguna manera se ocultarán bajo el ojo humano.

Aquello fue más notorio para mí, ya que nadie hablaba del tatuaje que parecía moverse un poco. Además de desprender un poco de… ¿brillo?. Como si algo quisiera resaltarlo.

—No sabía que los tatuajes se veían así en este mundo – le murmuré a Colin a lo bajo, a lo que él frunció el ceño, mirando a los hombres.

—¿Qué tatuajes? – pregunta él.

—Los que llevan…

—¿Te sientes bien? – toca mi frente con su mano, llamando la atención de Magnus y las chicas. – Quizá el viaje te hizo daño.

—¿Todo bien? – pregunta el pelinegro, acercándose, a lo que asiento.

—Claro que estoy bien – ruedo los ojos y quito la mano de Colin de mi rostro. – Vayamos por Camille.

Me adelanto y camino entre los hombres que no hacen nada más que mirarme y silbar. Pero lo ignoro y entro a la taberna.

Las luces rojas invaden mi vista. Un largo pasillo con unas escaleras nos espera, así que me armo de valor y camino sin miedo, pasando a lado de unos hombres que miden lo doble que yo, si es que eso es posible.

Subo las escaleras, aun con el color rojo a mi alrededor, hasta que llego al segundo piso, descubriendo el lugar lleno de mesas, con una barra de bebidas, muchísimos hombres bebiendo sin parar y riendo.

Pero al fondo, en un pequeño escenario, una chica cantando sin parar, mientras un chico alto con lentes intenta bajarla de ahí, haciendo que sea una escena algo graciosa, hasta para los hombres que la alientan a cantar.

Veo como Joselyn se acerca corriendo y sin pensarlo, la baja de un estirón, haciendo que Camille caiga en brazos de Magnus, mientras Javis parece respirar con tranquilidad.

—¡¿Cómo dejaste que bebiera tanto?! – pregunta Joselyn, casi gritando a Javis, el cual parece anonadado, mientras intenta explicar.

—Y….Yo…

—¡Ella nunca ha bebido en su vida! – le vuelve a gritar Joselyn, mientras sienta a Camille, la cual no para de reír.

—No es culpa de Javis – dice Catherine, realmente molesta. – Él no es su niñera.

—Niñera… – dice Camille, realmente borracha, riéndose sin parar. – Yo tuve una a los cinco años, se llamaba… – mira a todos lados, intentando abrir más los ojos, pero solo pareciera que intenta enfocar con su mirada. Hasta que mira fijamente a Catherine. – Oh… ¡KITTY! – corre hacia Cath y la abraza fuertemente, sorprendiendo a la rubia. – Es gracioso que tu nombre se asemeje a un gato, cuando el gato en realidad es Joselyn – pasa solo un brazo por los hombros de la rubia, mientras mira a la pelinegra. – Y Joselyn tiene cara de estreñida, amiga, deberías reír más – se acerca a la chica con el rostro rojo del enojo, pero Camille la toma de las mejillas y la hace sonreír a la fuerza, haciendo que la pelinegra le retire de las manos, para después emitir una risa, mostrando finalmente sus dientes. – Y tu… – me mira y se acerca a mí, sorprendiéndome. – Eres la chica fuego, tu cabello delata tu poder. Deberías ser más abierta, aunque tu personalidad le fascina a Colin, se nota que se muere por ti – no pude evitar ruborizarme, mientras escucho como el rubio parece toser un poco, nervioso por la situación. – Has hecho muy bien, enamorándolo a primera vista. Ojala y me hubiera sucedido lo mismo, pero solo terminé como el pobre de Javis – señala al chico de lentes, que parece tan asombrado por nombrarlo. – Que mendiga amor y eso lo hace Migajero.

—Muy bien – dice Magnus y la sienta en una silla. – Te daremos agua y la beberás sin dudarlo, necesitas estar recuperada.

—Yo solo quiero beber – dice Camille, haciendo pucheros.

—Yo apoyo eso – dice Catherine, recibiendo la mirada de todos. – ¿Qué? Mañana tampoco hay clases, o al menos para nosotras, podremos hacer el proyecto cuando nos levantemos y no sé, podemos desestresarnos un poco, estamos con los chicos y bueno, comprendo que Camille quiera desahogarse un poco – se sienta encima de la mesa. – Además, podemos festejar a Sylver.

—¿Festejarla? – pregunta Colin.

—¡FELICIDADES! – grita Camille y me abraza tan eufórica. – ¡TRAIGANLE UNA CERVEZA! – le grita al bartman, el cual hace una señal de confirmación con su cabeza, para después comenzar a servir la bebida en un tarro.

—Pero…

—Es tu cumpleaños – dice Camille, cortándome. – Tienes edad suficiente para beber, así que no te eches para atrás.

El bartman dejó un enorme tarro frente a nosotros, justo encima de la mesa, para después retirarse.

Supongo que comenzará el festejo.