8
Una conocida música de Tim Burton invadió la habitación, a lo que abrí mis ojos e inmediatamente vi la habitación adornada con cosas de Halloween, lo que me sorprendió.
Me senté en la cama, inmediatamente viendo el celular, dándome cuenta de que ya es mediodía, por lo que me levanté y me arreglé un poco, para poder salir de la habitación, llegando hacia el pasillo, dándome cuenta de que la música proviene de los parlantes del mismo instituto, el cual también se encuentra decorado.
Sonreí inmediatamente, para después caminar hacia la cafetería del instituto y pedir algo de comida, para sentarme en una mesa, completamente sola.
No pasaron ni unos minutos, hasta que llegó una Catherine corriendo, sentándose frente a mí, haciéndome quedar un poco en shock por su actitud.
—¡¿Cómo es que no sabía sobre tu cumpleaños?!
Inmediatamente le cubrí la boca con mis manos, evitando que grite de nuevo.
—No lo grites – digo en voz baja, mirando a todos lados, notando como algunas chicas parecían curiosas. – No quiero que nadie sepa…
Ella comenzó a hacer unos ruidos extraños, pero todo porque yo cubría su boca, por lo que le impedía hablar, así que le descubrí la boca.
—¿Por qué? Podríamos hacer la fiesta del año.
—Oh no, no soy muy fan de ello…
—¿Malas experiencias? – yo asentí y ella sonrió de lado. – Pero ahora con esta nueva vida, puedes ser diferente a tu pasado.
—No me acostumbraría…
—Por eso estoy yo para cambiarlo – sonríe y me roba un poco de fruta.
Toda la mañana estuvimos platicando de temas diversos, riendo un poco, llamando la atención de las chicas, hasta que se comenzó a hacer más tarde y tuvimos que regresar hacia la habitación para poder trabajar en el proyecto que nos encargaron de tarea.
Al llegar a la habitación, solo se encuentra Joselyn, la cual escribe en una libreta con tanta tranquilidad.
—¿Y Camille? – pregunta Catherine, frunciendo un poco el ceño, a lo que Joselyn solo se encoge de hombros sin vernos.
—Debe estar con Ezra, como todos los días – responde la pelinegra, sin tomar realmente importancia.
—Pero debemos hacer el proyecto – murmuré yo, recibiendo su mirada.
—Avancemos nosotras y ya que llegue, que lo termine – suspira la pelinegra, dejando la libreta a un lado. Al mirar a Catherine, pudo notar la molestia en su rostro tan notoria y es normal, el proyecto es importante para nuestras notas.
La rubia simplemente se sienta en el suelo, mientras yo camino a la habitación por los libros, para después regresar y sentarme frente a ellas, dejando los libros en medio de las tres.
—Tenemos estas dos opciones – les digo a las chicas, más que nada a Joselyn. – Kali o Lysandro.
—La diosa de la muerte o el ángel caído – dice la pelinegra, tomando ambos libros. – Es interesante, aunque me voy más por Lysandro, ya que no se sabe mucho de él.
—Pero nosotras tampoco sabemos – dice Catherine.
—Los libros prohibidos nos podrían decir más – dice la pelinegra, con tanta naturalidad, a lo que frunzo el ceño.
—Libros… ¿prohibidos? – pregunto, realmente curiosa.
—El instituto de los chicos resguarda aquellos libros prohibidos que contienen información sobre temas que desconocemos o que no quieren hablar de ello – responde Joselyn.
—Pero está prohibido sacar esos libros, la profesora nos preguntará sobre donde sacamos la información y nos castigará al enterarse… – murmura Catherine, negando repetitivas veces con su cabeza.
—En ningún momento nos dijeron que no podemos sacar la información de aquellos libros, así que es nuestra solución – saca un celular de su bolsillo y comienza a escribir en él, para después guardarlo de nuevo y mirarnos. – Listo, en un rato los tendremos.
Catherine y yo nos miramos, para después tener que esperar un poco, hasta que el celular de Joselyn comienza a sonar, a lo que lo toma rápidamente, pero su semblante cambia de un momento a otro.
—Chicas, debemos irnos – nos mira. – Es Camille…
—¿Qué sucede con ella? – pregunta Catherine, notoriamente preocupada.
—Javis me mandó esto – nos muestra el celular y podemos ver una fotografía de una chica con la cabeza sobre una mesa y una botella de alcohol en su mano.
—Ella… – murmuro y Joselyn asiente.
—Ha bebido y lo peor es que… ella jamás ha bebido en su vida.
Sin dudarlo, nos pusimos de pie y salimos de la habitación, corriendo por los pasillos entre la gente y así salir hacia el jardín del instituto.
Joselyn se fue hacia una dirección exacta, por lo que Catherine y yo la terminamos siguiendo hasta llegar a un auto, lo que nos dejó extrañadas.
—¿Un auto? – pregunté, a lo que Joselyn asintió y abrió la puerta de piloto.
—No me digas que…. – dijo Catherine, para después quedarse en silencio.
—Hice un buen trato con Javis – se encoge de hombros. – Puedes tener tu auto aquí dentro, pero claro, se supone que no se puede utilizar – me mira.
—Javis te dio su auto… – murmura Catherine.
—Me ha servido de mucho – dice la pelinegra, para después subirse al auto, seguida de nosotras. Pero antes, puse mi mano en el hombro de la rubia, como si de ese modo la apoyara un poco, lo más que pueda, a lo que ella sonrío un poco, con sus labios sellados.
Joselyn condujo entre el bosque, por un camino que, como pude ver por la ventana del salón de clases, se encuentra rodeada de la misma cúpula, que se termina con el instituto de chicos.
La vista es impresionante, como si estuviese en una película, avanzando entre miles de árboles enormes que permiten solo ver algunos huecos entre ellos, al igual que un poco del brillo del sol que se filtra un poco.
Sin pensarlo, sonrío un poco, sintiéndome cómoda con este lugar que me hace sentir diferente, más de lo que me sentía en mi hogar original.
Pasaron unos minutos más de camino, creí que sería más largo, pero supongo que por ir en auto, es más rápido. El instituto que parece ser de los chicos, se comienza a asomar entre los árboles.
Un enorme edificio blanco con dorado comienza a ser cada vez más visible, haciéndome mirarlo con una emoción inexplicable. Algunos chicos parecen caminar por los jardines, algunos parecen estar luchando entre ellos, o más bien, entrenando, con espadas en sus manos o simplemente cuerpo a cuerpo.
El auto se detiene en medio del camino, recibiendo miradas de los chicos, que paran de entrenar, para mirar con muchísima curiosidad.
Las tres nos bajamos e inmediatamente algunos chicos sonrieron, mientras nos comenzaron a gritar diversas cosas incomodas, claramente no ven chicas a menudo, ya que parecen tener sus hormonas tan disparadas.
Una melena rubia y sudada, la reconocí al instante, sobre todo su mirada que ahora mismo es confusa.
Parece haber estado entrenando a puños con un chico de melena negra que reconozco como Magnus, ambos usan playera sin mangas y en sus manos tienen vendas, para amortiguar el golpe que dan y así no lastimarse los nudillos.
Ambos se acercan a nosotras, realmente confundidos.
—Vaya, sabía que me extrañabas – dice Colin, sonriendo hacia mí, mientras posa sus labios en mi mejilla, con delicadeza.
—Los coqueteos los pueden tener otro día – dice Catherine, a lo que Colin la mira, con una ceja levantada. – Vinimos por Camille.
—¿Camille? – pregunta Magnus, confundido. – Pero… no la hemos visto por aquí.
—Javis me envió esto – dice Joselyn, sacando sus celular para poderles mostrar la imagen que hace un momento recibió. – Ella está por aquí y… puedo sentirla.
—La taberna… – murmura Colin, a lo que lo miramos. – Es un bar cerca del instituto, unos chicos la abrieron hace un tiempo y… bueno… es más para chicos – rasca un poco su nuca, con nerviosismo. – Solemos ir cuando tenemos un día pesado de entrenamiento – me mira y se encoge de hombros. – O cuando regresamos de alguna misión.
—¿Misión? – pregunto, a lo que él asiente.
—Los chicos, a diferencia de nosotras, tienen misiones para poder recabar información prohibida – dice Joselyn. – Es un acto machista que solo ellos puedan hacerlo – alza la ceja, cruzándose de brazos. – Pero sus entrenamientos suelen ser pesados para poder acabar con cualquier criatura que se les atraviese.
—Vaya… cada día voy enterándome de más cosas de este… nuevo mundo – frunzo el ceño.
—Bueno… vengan con nosotros – dice Magnus, haciendo una seña con su cabeza. – Las llevaremos a la taberna, solo… una recomendación.
—¿Cuál? – pregunta Catherine.
—No se separen de nosotros – dice Colin, mientras toma con delicadeza mi mano. – Se encuentra cerca de un pequeño pueblo a unos metros del instituto, pero… hay de todo, es un barrio pobre, por así decirlo, así que tenemos de todo tipo de personas en él.
—Entre ellos, vendedores de cosas ilícitas que… podrían incluso inyectarte algo sin que te des cuenta – toma su celular. – Aún hay tiempo antes de que comience el bazar, así que démonos prisa para prevenir cualquier cosa.
Las tres asentimos con la cabeza, para después caminar con los chicos, no sin antes ver como toman unos abrigos del suelo, y así terminamos rodeando el instituto hasta llegar a un camino, en el cual parece haber motocicletas. Magnus se sube a una de ellas y le hace una seña a Catherine para que suba detrás, lo que hace sin chistar.
Joselyn parece tener experiencia, ya que se sube a una de ellas y la enciende sin más, como si conociera aquella.
Colin se sube a la tercera, haciéndome una seña para que me siente detrás, lo que hago de inmediato, para abrazarme a él y sentir como avanzamos por el camino.
Aunque no tengo casco puesto, disfruto el camino, confiando plenamente en Colin y su capacidad de conducir con rapidez, pero a la vez con muchísima seguridad.
A pesar de haber entrenado, su cuerpo huele a perfume tan fuerte, pero de aroma tan increíble, lo que me hace sentirme embriagada por él, por la esencia que muestra.
Sin darme cuenta, sonrío un poco, mientras suelto el aire retenido y cierro los ojos, disfrutando el momento tan perfecto que estoy pasando. Hasta que la motocicleta se detuvo, haciendo que abra mis ojos, viendo como las demás se bajan de las suyas.