7
“Llegará el día en que ustedes, mis niñas, mis protectoras, mis prodigios; estarán en una fuerte decisión. Serán ustedes o su familia.
Deberán elegir sabiamente a quien traicionar, al igual que, ser fieles hasta la muerte, con tanta seguridad y frialdad.
Al final, todo habrá valido la pena y ustedes saldrán inmutadas.
Sus almas pertenecerán por siempre a la oscuridad.”
Aquellas palabras comenzaron a sonar en mi mente, con una voz femenina y algo robótica, como si estuviese programada para repetir lo mismo una y otra vez, dejándome en una especie de limbo, cayendo por un vacío sin fondo, esperando a ser rescatada.
Estiré mi mano en la oscuridad, intentando alcanzar algo que no puedo observar, pero, de alguna manera puedo sentirlo.
Cuando estuve a punto de tomarlo, un suave sonido comenzó a escucharse, creando un eco en el lugar, lo que me hizo girar mi cabeza en esa oscuridad, intentando saber de dónde proviene aquel sonido que poco a poco comienza a ser más ruidoso.
Sin darme cuenta, me desperté de golpe, sentándome en la cama mientras siento como el aire llena mis pulmones que parecieran que se quedaban sin él.
Ahí fue cuando comencé a reconocer el sonido que proviene del celular, por lo que lo tomé con prisa y lo silencié, esperando que Catherine no haya escuchado nada.
En la pantalla se pueden observar unas llamadas perdidas de Colin, al igual que mensajes, lo que me hizo negar con la cabeza, haciéndome sonreír sin pensarlo.
Abrí el primer mensaje, con la intención de responder, pero una presencia a mi lado me hizo helarme.
—¡JA, LO SABÍA! – dijo Catherine a mi lado, haciendo que suelte el celular, mientras salto del susto. – No estaba loca, sabía que ese sonido era un celular y ahora, veo que te pertenece.
Su rostro solo es visto por una linterna que se encuentra en su mano, la cual apunta justo a ella misma, lo que la hace ver tenebrosa.
—Te lo tenías muy escondido, eh – dice ella, encendiendo mi lámpara del buró, iluminando así la habitación.
—Puedo explicarlo… – hablé con la voz un poco ronca, por haber estado dormida, pero ella me interrumpió.
—No tienes porqué – sonríe y me lo quita de las manos. – Pero debes mantenerlo en silencio y… espera… – me mira con un rostro confuso. – ¿No te lo habían quitado? O es que tus padres te lo mandaron sin que me diese cuenta – frunce el ceño, mientras yo comienzo a jugar un poco con mis manos, con tanto nerviosismo por no saber explicar las cosas, hasta que ella mira la pantalla del celular. – “Chico hermoso que me gusta” – murmura ella, leyendo el nombre del contacto. – De esa manera no se llama a tus padres… No me digas que… – me voltea a ver y abre la boca sorprendida. – ¡Hablas con Colin!
—Shhhh. – cómo puedo, cubro su boca con mi mano – No quiero que nadie más se entere de eso.
—Lo siento – me mira apenada, bajando el tono de su voz. – Aunque, recuerda que mis plantas ayudan con los ruidos, en fin, debes contarme todo – sonríe abiertamente. – Pero primero, aquí la señal es muy mala, tienes suerte de que te hayan llegado mensajes de él y algunas llamadas – me tiende el celular. – Ponte tus tenis y ven conmigo – se pone de pie y corre hacia su cama, mientras yo me incorporo, haciéndole caso a la rubia y poniéndome los tenis, para luego salir detrás de ella y así, terminar en los pasillos. – Te llevaré a un mejor lugar, ahí podrás hablar mucho mejor con cualquier persona, yo suelo ir algunas veces.
—¿Aprovechas a hablar con tus padres? – pregunto, pero parece ser que aquello le afecta, ya que baja la mirada y se queda en silencio por unos minutos.
—No tengo padres, bueno… sé que tuve en algún momento, pero… – levanta la mirada y suspira, sin dejar de caminar. – Como te dije, muchos crecimos aquí, prácticamente nuestra vida fue hecha aquí, nuestra infancia la pasamos en este lugar – me mira por un momento. – Tú tienes mucha suerte de tener familia, es decir, yo tengo mi familia aquí, mis compañeras e incluso compañeros… pero… me habría gustado tener a quien decirle mamá o papá…
—Mis padres se divorciaron cuando tenía 3 años – murmuro. – Mi madre se volvió a casar hace doce años y… no es mal padrastro… pero, me habría gustado el saber porque mi padre se desapareció de mi vida – bajo la mirada, viendo como el suelo cambia cuando llegamos a cierto punto de la escuela. – Solo se presenta a través de cartas con dinero en ellas, en cambio, mi padrastro siempre iba por mí a la escuela, me llevaba por un helado e incluso íbamos al cine juntos – sonrío nostálgica. – Me consiente mucho…. A lo que voy es qué, a veces aquella que piensas que fue tu familia, hace menos que la actual que no te imaginabas – la miro. – Tu verdadera familia es quien está presente, aunque no sea de tu sangre y eso la hace más especial, porque… por más que es diferente a ti, termina siendo tu verdadera conexión.
—Vaya… no lo había visto de ese modo…
—Quizá no tuviste la infancia soñada, pero no estuviste sola – tomo su mano. – Y eso hace que tu infancia haya sido en compañía de personas que te amaron y que quizá lo siguen haciendo.
—Algunas no del modo que quisiera… – murmura ella, pero pareciera que es a sí misma, ya que se percató que lo dijo en voz alta. – Es decir… yo…
—Lo dice por Javis, ¿cierto? – sonrío un poco, a lo que ella se ruboriza. – Puedes contármelo… sé que lo amas y lo noté por como lo miraste en la habitación, cuando salió de la de… Joselyn… ¿ella lo sabe?
—No sé de qué hablas…
—Cath… Puedes contarme… – ella suelta un fuerte suspiro, antes de hablar.
—Él y yo nos conocemos desde que éramos unos simples niños… Nos convertimos en mejores amigos y… Esa amistad se convirtió en algo más… bueno, al menos para mí… él fue mi primer beso – sonríe nostálgica. – Estuvimos en el jardín prohibido, en aquella banca, éramos unos niños y simplemente sucedió… pero claro, llegó Joselyn al instituto, junto con… otra chica y bueno, nos separamos…
—¿Ella sabe de esto?
—Jamás le conté – suspira y entramos a la biblioteca, para después caminar entre los estantes. – No sé qué pensaría de ello, somos amigas y… tiene su personalidad muy diferente a la mía… Quizá le daría igual – se encoge de hombros. – Prefiero quedarme en silencio y dejar que los sentimientos se vayan por si solos. En fin… te dejo aquí para que puedas hablar a solas – sonríe y se acerca a la puerta. – Al fondo es donde hay mejor señal – me guiña el ojo y se va, dejándome sola.
Me senté en el suelo y desbloqueé el celular, inmediatamente enviándole mensajes a Colin, a lo que respondió de inmediato.
“Vaya, creí que te habías olvidado de mí.”
Yo sonreí.
“Jamás lo haría, y menos si me envías miles de mensajes al día.”
“Sé que te gusto.”
“Quisieras.”
“Mañana quiero verte, si es posible.”
“Tengo un proyecto que hacer, pero apenas me desocupe, podría tener tiempo.”
“Te esperaré en el jardín prohibido.”
“Pero… no hemos acordado una hora…”
“Te esperaré todo lo necesario:)”
“Estás loco.”
“Por ti, claro que sí.”
“Y luego dices que tú me gustas, cuando realmente yo te gusto a ti.”
“No diré que no, y menos a esta hermosa pelirroja.”
No pude evitar el sonreír abiertamente, para después responderle algo, pero unas voces me hicieron asustarme un poco y poner en silencio el celular, escondiéndome un poco entre los libros.
—Te dije que dejaras ese tema a un lado – dice la voz de una mujer, casi en susurro.
—Es importante este tema, Lillian – dice la otra mujer, a lo que frunzo el ceño, acercándome un poco más hacia ellas para poder escuchar mejor. – La profecía es real.
—Prefiero creer en la palabra de Lysandro y lo sabes Georgina – escucho como suspira cansada.
—Lysandro no ha dado señales de vida en miles de años, Lillian… MILES DE AÑOS, ambas sabemos que ha muerto y su legado debe estar cerca, el prodigio debe estar entre nosotros, y no es coincidencia que esa niña llegara para completar la profecía de la que tanto habló el ángel en sueños – escucho como camina de un lado a otro, claramente estresada. – Recuerda que tuvimos que sacarlo del mundo de los sueños, sacarlo de esa pesadilla sobre la profecía, en la que él intentaba salvarles la vida – escucho como golpea una de las múltiples pinturas de la biblioteca. – No es coincidencia que las cuatro estén juntas y hayan quedado en la misma habitación. Lillian, la profecía es real y Catrina lo ha pintado en múltiples ocasiones, tu misma has visto estos cuadros, este bosque, este desierto – vuelve a golpear otra pintura cercana. – Ella empezó a pintarlo un día antes de su llegada, su habilidad ha ido creciendo conforme las horas pasan…
—No sé qué decirte… desde chica estuvo pintando muchísimas cosas, como el fin del mundo y eso – al acercarme más, pude ver a la directora sentada, con una mano en su frente, claramente cansada. – Pero, hasta el momento, no ha sucedido nada de eso, simplemente han sido pinturas y así lo catalogamos, como si solo pintara por diversión, a menos que algo suceda, no creeré más en ello – veo como se pone de pie, y se acomoda sus lentes.
—No puedo esperar a que algo malo suceda – la profesora Gina camina hacia la salida y abre la puerta. – Sigo creyendo en la profecía y nada me hará cambiar de opinión.
La profesora sale, seguida de la directora, la cual da un último vistazo a la biblioteca, antes de irse por completo, dejándome sola.
Me acerqué a una de las múltiples pinturas, dándome cuenta de que todas tienen una firma en cursiva, la cual puedo identificar como “Tina”.
Pero una de ellas, en particular, me llama más la atención, aquella de un enorme bosque oscuro, con el cielo de la misma manera, pero una silueta al fondo, que tiene su sombra un poco más grande, dando a entender que está en la lejanía.
Aquella silueta parece tener unas enormes alas, y por si figura, puedo asegurar que se trata de un hombre con una enorme gabardina.
Sin querer, toco la pintura, sintiendo una descarga eléctrica por todo mi cuerpo.
Algo extraño sucede con esta pintura y no dudaré en averiguarlo.