5
Unos movimientos bruscos me hicieron despertar de golpe, empapada en completo sudor, mientras Catherine se encuentra frente a mí, con la mirada preocupada.
—¿Qué… qué sucedió?
Pero ella tan solo suelta un suspiro, mientras toma asiento en mi cama.
—Creí que… no sé… no respondías y, de pronto… comenzaste a gritar, pero… no lograba despertarte. Tienes suerte de que mis plantas no dejen que se emita el sonido hacia afuera, sino pensarían que te estoy asesinando – ríe un poco, a lo que yo me siento, confusa.
—Tuve un sueño extraño… de pronto… alguien me salvó y… no sé… esa mirada me parecía familiar…
—Los sueños siempre tienen su significado.
—El problema es que… no sé qué significa.
—Lo podremos buscar después de clases – se pone de pie y ahí me doy cuenta de que ella ya está vestida.
—¿Cómo? Y… ¿Qué hora es? – miro el reloj y me doy cuenta de que son las 7:30am, por lo que me levanto de un salto y comienzo a buscar ropa.
—En la biblioteca podremos buscar información sobre tus sueños, créeme que hay muchísimos libros de todo tipo.
—Espero y encontremos de este – digo, tomando mi ropa y metiéndome al baño con prisa, para poderme dar una ducha rápida. Pero no puedo evitar pasar mi mano por mi vientre, al verme en el espejo. Unas marcas se aprecian de forma leve, como de una tonalidad rojiza casi invisible, lo que me hace fruncir el ceño, pero en un momento a otro, esto desaparece. Así que sacudo mi cabeza y comienzo a vestirme con prisa, ya que luego llegaré tarde.
Al salir, veo a Catherine sentada en su cama, viendo sus uñas con mucha atención, hasta que su mirada se posa en mí.
—¿Lista? – me pregunta ella, a lo que asiento, por lo que da un salto para ponerse de pie, tomar su mochila y salir de la habitación.
Yo imito su acción de tomar la mochila relativamente vacía, a excepción de mis plumones para poder escribir, además de una libreta.
Salgo detrás de mi compañera, pero la puerta a nuestro costado se abre con rapidez y de ahí, un chico de lentes mal puestos y únicamente con sus pantalones y gabardina puesta, que, de alguna manera, acomodó para que no se vea su torso desnudo, sale con mucha prisa.
Pero al vernos, su cara se pone pálida, más de lo que es.
—¿Javis? – pregunté, confusa y algo asustada por la reacción anterior.
—Yo… yo…
Una cabellera negra como la noche misma sale asomada por la puerta y una mirada tan picara se posa en él, para después llegar a nosotras.
—Nos vemos en clases, chicas – dice Joselyn, saliendo con su mochila en su mano. Para después caminar a nuestro costado, no sin antes rozar su cuerpo con el de Javis y guiñarle un ojo, con muchísima picardía. – Llámame.
Tras ello, sale hacia el pasillo, sin siquiera cerrar la puerta, dejando que algunas chicas que caminaban por ahí, se asomen y no puedan evitar reír un poco tímidas por ver a un chico en esta habitación.
Javis tan solo saluda con su mano, tímido, para después volver su mirada a nosotras. Yo giro mi cabeza hacia Catherine, pero noto como ella evita mirarle, como si estuviese incomoda o quizá… ¿triste?.
Estuve a punto de decirle algo, pero la voz de Javis hace que lo mire.
—Bueno… chicas… yo… mejor me voy – dice el chico, más rojo que nada.
El chico, con su cabello despeinado, sale disparado de la habitación, para perderse por el pasillo y sin más, saltar desde una ventana, lo que me sorprende, pero quizá no es la primera vez que sucede esto.
—Esto es… extraño…
Pero Catherine sigue sin decir nada, tan solo sale de la habitación, dejando escuchar únicamente el sonido de sus tacones al golpear el suelo.
Salgo detrás de ella e intento seguirle el paso, pero ella parece ir en su mundo que camina con mucha rapidez, que la pierdo por el pasillo.
Sin más, me dirijo al piso donde se encuentran el anfiteatro, ya que nos darán una charla de bienvenida, por lo que sin más, entro en él, viendo cómo se llena de alumnos.
Una cabellera castaña con mechones rubios la reconozco inmediato, es la chica de la fiesta, aquella que parece salir con Ezra.
Ella, al verme, me hace una seña o al menos eso parece ser, pero por seguridad me giro hacia atrás, pero no hay nadie más, por lo que la vuelvo a ver.
—Si, te hablo a ti, pelirroja – dice la chica, sonriendo, por lo que sonrío de vuelta y me acerco a ella, para sentarme a su lado. – Lamento no haber hablado contigo ayer en la fiesta, es solo que, casi no veo a Ezra – suspira y mira su libreta, en la cual hay algunas fotos del chico y de ambos, juntos. Dándome a entender que realmente es una relación muy pura y real. – Es decir, algunas veces él viene al jardín prohibido, pero… Es muy solicitado en su instituto.
—Lo lamento mucho, debe ser difícil el no verle cómo quieres – murmuro y ella sonríe algo nostálgica.
—Al final, no es tan malo – me mira, sonriendo. – Cuando nos vemos, existe esa gran emoción y es lo que nos sigue manteniendo unidos – suspira y me tiende la mano. – Camille Ayers.
—Sylver Steele – le tomo la mano y en eso, el sonido de un micrófono se escucha en todo el anfiteatro, haciendo que giremos nuestras cabezas hacia en frente, justo donde parece estar una mujer en frente de un micrófono.
—Un nuevo año, un nuevo comienzo – las luces se encienden y la directora se hace presente frente a todos. – Este año, como habrán visto, tenemos nuevos alumnos, pero nuevos del todo. El instituto fue fundado desde hace más de quinientos años, desde la primer mujer con habilidades arcanas que decidió hacer el cambio, es por ella que ahora mismo pudimos ayudar a más jóvenes para que puedan ascender a través de lo arcano y así, salvar a nuestra especie – camina hacia adelante. – Por qué nuestra especie merece ser salvada – dice la directora.
—“Por qué nuestra especie merece ser salvada” – escucho como murmura una chica cerca de mí, por lo que me giro y veo a Joselyn con el semblante aburrido, pero en sintonía con la directora. Al notar mi mirada, ella se gira a verme y me guiña el ojo, a lo que frunzo el ceño y sonrío un poco. Definitivamente debe ser su personalidad.
—Inicialmente, la cúpula se creó con la ayuda de un majestuoso ángel llamado Lysandro, de hecho, él creó el mundo de los sueños, al igual que el inframundo y las demás dimensiones que, por el momento, desconocemos por completo, ya que, como se sabe y lo dicen los libros, el ángel desapareció, pero por una buena causa, y todo fue para poder vivir de una manera armoniosa, fuera del peligro que conllevan las dimensiones que actualmente se encuentran cerradas. Por lo que “Los Cerezos” se ha convertido en un templo seguro para nosotros los “diferentes”, los poderosos – sonríe la directora. – Así que, de mi parte, les doy la bienvenida tan afectuosa y… – se gira un poco, haciendo una seña a alguien que no logro ver. – Un pequeño obsequio para todas ustedes, mis queridas alumnas.
De la oscuridad, sale una mujer de lentes y vestida de una forma tan formal, quizá sea alguna maestra del instituto.
Frente a ella, empuja un carrito con algunos “souvenirs”, si así se pudiesen decir. Consiste en una rosa dentro de una pequeña cúpula, que reacciona de distinta manera cada que las alumnas la tienen en sus manos.
Al llegar a Camille, ésta se vuelve blanca por un momento, para después volver a su tono original, siendo el rosa, pero al llegar a mí, mi rosa sigue intacta, como si no tuviese el mismo funcionamiento que las demás, por lo que la mujer me mira extrañada, al igual que a la rosa.
Ella se gira hacia la directora, la cual también tiene la misma expresión, pero sin más, la maestra continua repartiéndolas, sin dejar de tener la expresión muy extrañada.
La reunión termina y todas tenemos un tiempo libre, como un receso, antes de comenzar la primer clase, por lo que decido perderme entre la gente y dirigirme hacia el jardín prohibido, pensando en lo que acaba de suceder, en el por qué sucede esto.
Al adentrarme cada vez más, vi el mismo banco, pero ahora se encuentra completamente solo, la luz solar hace que no se vea tenebroso este jardín, lo que hace que el ambiente sea más cómodo, así que tomo asiento y miro fijamente aquella rosa que no ha actuado conmigo, lo que me hace sentir mayor curiosidad y algo de decepción.
—Vaya, parece ser que me has ganado mi lugar – dice una voz masculina, cerca de mí. Al girarme, puedo apreciar cómo se encuentra Javis de pie, con su atuendo negro como supongo que lo debe tener siempre.
—Lo… lo lamento… – guardo silencio al verlo sentarse a mi lado, con suma tranquilidad.
—Podemos compartirlo – dice él, sacando su libreta junto con un lápiz.
—Gra…Gracias…
Sonrío un poco de lado y fijo mi mirada de nuevo hacia la rosa, notando como sigue tal cual, lo que me hace suspirar y mirarla con cierta tristeza.
—¿Qué sucede? – pregunta Javis, demasiado curioso, a lo que me incorporo un poco y le miro.
—Nos entregaron esto como bienvenida al instituto y… he visto cómo reaccionan con las demás chicas pero… conmigo no se inmuta – frunzo el ceño. – Creo que puede estar… defectuosa…
—A ver, permíteme – guarda sus cosas y toma la rosa entre sus manos, para después notar como comienza a llenarse de neblina negra la mini cúpula, cubriendo en su totalidad la hermosa rosa, para después mostrarse unos “rostros”, por así decirlo, pero aquellos parecen tenebrosos, como si fuesen fantasmas o algo por el estilo. No pude evitar pensar en lo que me dijo sobre sus almas en pena.
Pestañeo lentamente mientras observo como se descontrolan aquellas almas, como si pelearan entre sí para salir de aquella cúpula, por lo que Javis me tiende la rosa y aquello desaparece rápidamente.
Noto como Javis abre y cierra su mano, la cual está cubierta por un especie de guante que parece delgado, pero al ver su otra mano, de igual manera lo tiene. Javis parece darse cuenta de mi mirada curiosa, por lo que se pone de pie.
—Me ayudan a que no se descontrole mi poder – murmura y le miro a los ojos. – Si me permites, nos vemos después.
Y sin más, el chico pálido camina lejos de mí, desapareciéndose entre los muros de enredadera.
A lo lejos veo como unas rosas parecen ocultarse con lentitud, por lo que me intento acercar a ellas antes de que se vayan del todo, pero un golpe seco proveniente de algún lugar detrás de mí, me hace quedarme completamente quieta, sin siquiera girar mi rostro.
Pero una voz masculina, tan sensual y tranquila, provoca un descontrol en mi corazón.
—¿Debería ponerme celoso por compartir tu tiempo con Javis?