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Tras acomodar mis cosas, saqué un lindo vestido negro, que, a ojos de Catherine, me quedaría hermoso, ya que resaltaría mi cabello rojizo que ella ató en una coleta con rizos y un maquillaje más discreto, pero según ella, lo suficientemente hermoso para que se vea misterioso. Juntas salimos de la habitación y no pude evitar volver a mirar la habitación de al lado.
—Ellas ya deben estar en el salón del instituto – dice Catherine, cerrando la habitación de nosotras. – Ahí te las presento, son muy lindas, menos Joselyn, ella suele ser un poco… arrogante – me mira, antes de salir por completo de nuestra enorme estancia, por lo que la sigo y cierro a mis espaldas.
—¿Qué habilidades tienen ellas?
—Camille tiene cierta telepatía con los objetos – hace unas señas raras con sus manos. – Es extraño, no lo entiendo mucho. Y Joselyn tiene la habilidad de cierta agilidad causada por un exótico animal gigante – frunzo el ceño. – Lo verás en las prácticas de mañana – yo asiento con la cabeza y juntas bajamos, mientras vemos como varias chicas corren hacia debajo de igual manera utilizando vestidos y estando muy arregladas, además de la emoción que derrochan sin miedo.
—Parecen tan emocionadas.
—¿Y quién no? – sonríe la rubia. – Cuando se trata de los chicos, la emoción sale a flote, incluso alguna podría soltar su habilidad de emociones – llegamos a la planta baja y ella abre con ambas manos unas enormes puertas doradas, con brillo en ellas, dejando ver un enorme salón lleno de gente, con la luz del atardecer entrando por los ventanales.
Al alzar la vista, pude ver como unos candelabros adornan el lugar, junto con unas velas decorativas y algunas lianas con flores en ellas.
—Soy parte del comité de decoración – dice ella, sonriendo.
Al bajar la mirada hacia la gente, puedo ver muchos chicos y chicas. Las chicas se encuentran con vestidos y algunas con pantalones, pero sin dejar de verse elegantes. Mientras que los chicos poseen smoking o vestimenta de otro estilo, pero formal.
Juntas caminamos hacia la barra de bebidas y Catherine sirvió algo de ponche en unos vasos, para después tenderme uno de ellos.
—Tiene alcohol, pero no le digas a nadie – me susurra la rubia, para después seguir caminando por el salón. Pero mi vista se centró en un chico al fondo, su cabello rubio y largo hasta un poco debajo de sus hombros lo hizo ver tan elegante, además de su vestimenta distinta a la de los demás chicos, lo que hace que pueda verle con mayor facilidad.
—Su nombre es Colin – murmura Catherine en mi oído, lo que me hace sobresaltarme un poco. – Es muy sexy y muchas chicas quieren con él.
—Yo… yo no lo estaba viendo… – dije, nerviosa por haberme descubierto.
—Si claro, y yo nací ayer – dice, con cierto sarcasmo que me hace reír un poco. – Ve a hablar con él, te aseguro que no muerde – me guiña el ojo y me da una leve nalgada, lo que me hace ruborizarme.
Me armo de valor y camino hacia él, sintiéndome tan segura, hasta que él posó su mirada en mí, lo que me hace sentir un escalofrío recorriendo mi cuerpo entero, pero al final llego hacia él, haciendo que se recargue de lado en una barra cercana. Así que me recargo a su lado, algo lejos, para no parecer intensa de algún modo.
—Así que te acercas a mí y no me saludas – dice él, con cierta voz coqueta, pero grave, por lo que río un poco y lo miro, sintiendo un poco de cercanía con él. – Soy Colin.
—Yo soy Sylver – le respondo, para después girarme por completo hacia él, sintiendo una seguridad en mí misma. – Te vi solo y quise hacerte compañía.
—Tomaste la mejor decisión – sonríe, mostrando una dentadura perfecta y bebe de su vaso. – Veo que eres nueva aquí.
—¿Cómo lo sabes?
—Soy atento a todos los detalles – se encoge de hombros. – Además, jamás había visto un rostro tan lindo y a la vez, misterioso por aquí, sin mencionar lo sexy – aquello me hizo sonrojarme un poco.
—Así que… ¿Así coqueteas con todas las chicas? – alzo la ceja y él sonríe.
—Solo con las que me llaman la atención – se acerca un poco hacia mí. – Debo ir al baño, pero, te dejaré mi número por si quieres hablar conmigo en algún momento o si no me encuentras en el resto de la noche – se acerca más a mí y toma mi mano, para después escribir en ella con un plumón que sacó de su gabardina.
—Pero… no permiten celulares…
—Error de novata – sonríe terminando de escribir su número. – Siempre debes tener un celular extra para ello.
—¿Y la señal?
—Tengo entendido que en cierta área del instituto tienen mucha señal, así que te dejo aquella tarea – me guiña el ojo, para después darme un beso en la mejilla y retirarse hacia los baños. Tras ello, escucho unos pasos yendo hacia mí, hasta que la rubia de mi compañera aparece frente a mí, tan sonriente.
—Estoy tan orgullosa de ti, primer día y ya coqueteaste con un chico sexy – toma mi mano y la mira. – Hasta su número tienes… amiga, me tienes a tus pies – sonríe abiertamente, a lo que me ruborizo.
—Debo ir a tomar aire – murmuré algo anonadada por lo sucedido y sin más, salí hacia el jardín.
Comencé a caminar sin rumbo, hasta llegar a unos enormes jardines algo ocultos, pero decorados con unas hermosas luces colgantes, además de flores por doquier.
Sonreí al ver tal preciosidad, que no me di cuenta de que me adentré de más, hasta llegar a cierto punto en el que no encontré más camino, por lo que me di la vuelta, intentando salir de esta especie de laberinto sin salida, pero me topé con otro camino de hierba y flores, hasta salir a un jardín aún más oculto, en el cual pude ver a una pareja besándose en una esquina oscura, por lo que caminé más rápido para no interrumpirlos, viendo más luz de parte de un enorme faro, en el cual hay una banca debajo y en ella, un hombre de ropa oscura, cabello tan negro como la noche, lo suficientemente largo como para cubrir gran parte de su frente, hasta llegar a unas enormes gafas negras, al igual que su atuendo tan… misterioso.
Sus manos se encuentran ocultas tras unos guantes negros, pero eso no le impide que continúe dibujando en una enorme libreta con pasta negra y gruesa, teniendo esa seriedad, pero a la vez, tanta tranquilidad que me transmite seguridad. Su mirada termina alzándose hacia mi dirección, para después cerrar su cuaderno y ponerse de pie, mientras se acerca cauteloso hacia mí.
—Es de mala educación espiar a la gente – murmura el chico con voz algo grave.
—Lo siento… no quería… – pero él ríe un poco, mostrando aquella dentadura perfecta.
—No me molesta, la gente suele observarme todo el tiempo, dicen que les trasmito seguridad – guarda su libreta entre su gabardina. – Mi nombre es Javis – me tiende la mano, la cual tomo con timidez.
—Sylver – murmuro, correspondiendo a su saludo. – Veo que dibujas en ciertos lugares… escondidos.
—El jardín prohibido es mi favorito – se encoge de hombros, soltando mi mano. – Me trasmite tranquilidad y me hace sentir cierta inspiración, todas esas flores y árboles – mira hacia nuestro alrededor. – Muchas personas las utilizan para besarse, pero yo la utilizo para dibujar a mis demonios – vuelve su mirada hacia mí, dejándome ver lo oscura que es.
—¿Demonios? – pregunto, con cierto temor.
—Se llaman almas en pena – camina a mi lado, incitándome a seguirlo, lo que hago sin chistar. – Ellas me llaman y me piden que las deje ir.
—¿Y lo haces? – le miro, mientras caminamos.
—Solo si lo merecen.
Ninguno dijo más palabras, simplemente dejamos que los pensamientos se los llevase el viento que comienza a llegar en estos momentos, por lo que el regreso hacia el instituto fue en total silencio, pero no un silencio incomodo, simplemente uno cómodo y tranquilo.
La fachada blanca con tonos dorados comenzó a hacerse cada vez más presente, hasta que entramos por el umbral de la gran puerta, ahí nos abordaron dos chicos de cabellos oscuros y con el mismo semblante de seriedad, pero al ver a Javis, sonrieron y lo recibieron con un abrazo.
—Tanto tiempo, mi querido amigo – dijo uno de ellos, con la voz grave, hasta el momento, más grave que los dos chicos con los que he hablado.
—Tenía unos asuntos que arreglar – se encoge de hombros Javis, mientras se acomoda un poco las gafas.
—¿Un año entero? – pregunta el otro chico con el cabello un poco más oscuro.
—Hay cosas que toman un poco más de tiempo que el previsto – se gira hacia mí. – Por cierto, les presento a Sylver, me la encontré rondando por los jardines prohibidos.
—Mis disculpas, bella dama – dice el chico de cabellos más oscuros, mientras toma mi mano y le da un beso en el dorso, inclinándose hacia el suelo con caballerosidad. – Nos hemos distraído con nuestro querido amigo, que no nos tomamos el tiempo de saludarle, mi nombre es Ezra.
—Bien, caballero – dice el otro chico, con cierta ironía, mientras empuja un poco a Ezra y él me saluda de una manera formal, poniendo su mano en su pecho e inclinándose levemente hacia adelante, sin hacer nada de contacto conmigo. – Magnus, para servirle.
—Mucho gusto, chicos – sonrío un poco, saludándoles un poco con el movimiento leve de mi mano.
—Así que… ¿jardín prohibido? – pregunta Ezra, con cierta picardía. – ¿Algún chico en especial?
—Oh no… – sentí mis mejillas calentarse. – Soy completamente nueva y… solo quería tomar aire…
Pero una voz interrumpió nuestra platica, aquella voz que conocí al instante.
—¿Robándome a mi cita de esta noche?