La diligencia que lo quebró
Por eso se dispuso la diligencia de recreación de los hechos. Aquella escena fue determinante. En plena vía pública, con presencia del fiscal, su abogado defensor, un fuerte contingente policial, curiosos y medios de comunicación transmitiendo en vivo, la presión sobre el Profe era asfixiante.
Ya no era solo una diligencia: era un escenario donde la verdad comenzaba a cercarlo desde todos los ángulos.
Se le notaba nervioso. Miraba a todos lados, evitaba el contacto visual, agachaba la cabeza. Hasta que, en un momento, pidió hablar con Z. Quería hacerlo a solas. Z accedió solo de manera parcial.
Con un gesto sutil, ordenó a su personal que se retirara unos metros, lo suficiente para generar una aparente privacidad, pero sin perder el control de la situación.