Las evidencias que delataban al Profe
Para Z, la verdad no se obtenía en ese tipo de intercambios. La verdad se construía con evidencia. Y en eso, la investigación comenzaba a cerrarse con fuerza. Las diligencias realizadas permitieron demostrar la relación que el Profe mantenía con la menor conocida como la Gata.
No eran rumores: había testimonios de testigos protegidos y, además, registros en redes sociales donde ambos aparecían juntos, abrazados, besándose, intercambiando mensajes que evidenciaban una relación íntima.
Pero lo más contundente vino después. A través de imágenes fílmicas y declaraciones vecinales, se logró establecer que el mismo día de los hechos, en horas de la mañana,
el Profe trasladó a la menor en su mototaxi —el mismo vehículo en el que fue intervenido— hasta el frontis de la vivienda del abogado.
La dejó allí y se retiró. Ese detalle era clave: evidenciaba que conocía perfectamente el vínculo entre la joven y la víctima.
Horas más tarde, la situación se tornaba aún más comprometedora.
Se logró establecer que la Gata regresó al inmueble, esta vez acompañada de otra mujer.
Minutos después, apareció el Profe junto con un sujeto conocido como el Negro, a bordo de un mototaxi.
Descendieron a una cuadra de la casa y caminaron hasta ingresar al domicilio. Esa secuencia no solo fue captada por cámaras, sino también corroborada por el conductor del mototaxi, quien los reconoció plenamente y declaró haberles brindado el servicio.
Lo más grave era el tiempo. Permanecieron dentro del inmueble durante horas.
Y fue precisamente en ese lapso cuando, según la data de muerte establecida en el informe de protocolo de necropsia médico-legal, se produjo el asesinato de las cuatro víctimas: el abogado, sus padres y su sobrino de apenas catorce años.
Ya de madrugada, las imágenes mostraban cómo iban saliendo uno por uno, como sombras que abandonaban una escena que aún no revelaba toda su brutalidad.
La investigación también permitió reconstruir lo ocurrido después. Uno de los celulares de las víctimas —el del abogado— fue recuperado.
Había sido robado tras el crimen y posteriormente vendido a través de Facebook por un conocido del Profe. Ese sujeto fue identificado plenamente y, al momento de concretar la venta, utilizó el mismo mototaxi vinculado al detenido.
El círculo comenzaba a cerrarse: vehículo, entorno, contactos, todo apuntaba en una misma dirección.
A pesar de ello, cuando llegó el momento de rendir su declaración, el Profe mantuvo inicialmente su postura y negó cualquier participación en los hechos.
Sin embargo, acorralado por los elementos de convicción —especialmente por el testimonio del conductor del mototaxi que lo trasladó hasta las inmediaciones del lugar del crimen—, se vio obligado a retroceder parcialmente en su versión.
Admitió haber abordado el vehículo aquella noche, aunque intentó justificar su presencia con un relato distinto: sostuvo que, al descender cerca de la vivienda del abogado, continuó caminando junto a otra persona cuyo nombre, según afirmó, desconocía,
dirigiéndose ambos hacia otra dirección ajena a la escena del crimen.
No obstante, sus afirmaciones comenzaban a desmoronarse frente a las imágenes fílmicas incorporadas al expediente, las cuales evidenciaban contradicciones claras entre su relato y los movimientos que realmente había realizado aquella noche.