Crónicas de Homicidios El cadáver en la pista
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El cadáver en la pista

El resto del equipo volvió al vehículo y comenzó a recorrer la zona aledaña. Avanzaban lentamente, iluminando los bordes de la avenida con las linternas. La ciudad seguía en silencio, ajena al drama que se desplegaba en sus entrañas.

Minutos después, un automóvil particular hizo señas al ver el vehículo policial. El conductor, visiblemente alterado, informó que, a dos cuadras, girando a la izquierda, había una persona tendida en la pista, muerta, aparentemente atropellada.

Z tomó nota y se dirigió de inmediato al lugar.

El cuerpo de un hombre yacía tendido en plena vía pública, expuesto e inmóvil.

Se encontraba en posición de decúbito dorsal, con los brazos extendidos y las piernas ligeramente flexionadas, como si la muerte lo hubiese sorprendido sin posibilidad de reacción.

No presentaba signos vitales. Al contacto, la temperatura corporal aún conservaba calor y no se evidenciaba rigidez cadavérica: la muerte era reciente.

Vestía únicamente un pantalón corto casero; el torso y los pies permanecían desnudos, vulnerables ante la intemperie y las miradas ajenas.

La piel estaba marcada por múltiples cortes irregulares, con fragmentos de vidrio aún incrustados en el cuerpo, testigos silenciosos de una violencia abrupta.

La mano derecha se encontraba manchada de sangre, al igual que el torso y el rostro.

Este último presentaba raspaduras y heridas superficiales.

—Esto no es solo un atropello. Hay algo más —pensó Z.

Se aisló la escena, se fijó un perímetro, se cerró la vía y se comunicó de inmediato a criminalística, al fiscal y al médico legista.

El cadáver era, por el momento, un NN.