CASUÍSTICA // REGISTRO ANALÍTICO
CASO I
La máscara de la locura
El rótulo de inimputable por alteración mental lo explicaba todo para los demás; era una etiqueta cómoda, suficiente para cerrar el caso sin profundizar.
La primera denuncia
Aquella noche, como tantas otras, conversaba con sus efectivos en un ambiente distendido, entre bromas que aliviaban la monotonía de un pueblo silencioso y aparentemente en calma.
De pronto, esa tranquilidad se quebró. Una mujer irrumpió en la comisaría con el rostro desencajado y llorando desconsoladamente, pidiendo auxilio.
Entre sollozos, informó que una persona había sido acuchillada en el comedor público de adultos mayores.
Sin perder tiempo, Z partió hacia el lugar acompañado de cinco efectivos. Al cruzar el umbral del local, el aire se llenó de gritos y lamentos. Los adultos mayores, presas del pánico, suplicaban ayuda; uno de los suyos estaba gravemente herido, encerrado en el baño.
Al abrir la puerta, la escena los golpeó con crudeza.
El cuerpo de un hombre yacía en el suelo, inmóvil, cubierto de sangre, con múltiples heridas punzocortantes que desgarraban su cuerpo.
Las paredes del baño estaban salpicadas de sangre y el suelo, cubierto por escurrimientos y charcos rojizos.
El olor metálico impregnaba el ambiente mientras el hombre agonizaba.
No había tiempo que perder. Con manos firmes, improvisaron torniquetes con retazos de tela para frenar la hemorragia. Cada segundo contaba. Lo cargaron hasta el patrullero y partieron a toda velocidad rumbo al hospital, ubicado a veinte interminables minutos de distancia.
Tres efectivos fueron comisionados para acompañar el traslado, mientras Z sabía, en lo más profundo, que aquella noche marcaría un antes y un después en su vida profesional.