Cristales bajo la piel (Serie Julia Schwarz 7) Capítulo 39
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Capítulo 39

El equipo de intervención no había encontrado a nadie en el piso de Carsten Alexander Schleyer.

Florian no se lo podía creer. Pulsó por enésima vez la tecla de marcación rápida con el número de Julia.

No se puso. Un mal presentimiento se apoderó de él.

Lo mirara por donde lo mirara, que Julia no contestara no era buena señal.

O no quería hablar con él, o le había pasado algo.

Lo segundo no se lo podía ni imaginar. Lo recorrió una oleada de calor, seguida de un escalofrío.

Volvió a intentar localizar al doctor Schoenfelder, pero parecía que también a él se lo hubiera tragado la tierra.

Lo único que Florian había logrado averiguar, por boca de una empleada de la clínica, era que el doctor andaba buscando a Thea Riethausen y que Julia se había marchado de la clínica.

Su coche ya no estaba en el aparcamiento.

Tres personas desaparecidas en menos de veinticuatro horas. Florian respiró hondo. Ahora tenía que mantener la mente clara, porque cualquier error podía costar vidas humanas.

Martin, sentado ante el escritorio de enfrente, le hizo una seña para que se acercara.

—Mira, Florian. He encontrado algo. Con razón no han dado con Schleyer en su piso.

El tío acaba de heredar de su madre una casa vieja en una zona bastante apartada, al norte de Colonia.

El vecino más cercano está a trescientos metros.

—Señaló el mapa de la pantalla y marcó el punto donde estaba la casa.

—Enviamos allí de inmediato a todos los efectivos disponibles.

El sitio es perfecto para mantener a alguien cautivo.

—Florian analizó el mapa y se preguntó si Julia lo sabría y si tal vez habría ido hasta allí.

Aunque era imposible que hubiera conseguido esa información tan deprisa.

Pero ¿dónde narices se había metido entonces?

Volvió a echar mano del teléfono, pero Martin lo agarró del brazo.

—No sirve de nada, compañero. Ya te habría devuelto la llamada hace rato si pudiera.

A Florian se le encogió el corazón. Martin tenía razón. Julia no lo tendría tanto tiempo en vilo. Si no quería hablar con él, le habría dado alguna señal de vida. En el mejor de los casos, no oía el móvil. Todo lo demás prefería no figurárselo.

Martin amplió una sección del mapa en su pantalla.

—Aquí está la clínica. Solo dos carreteras llevan a la urbanización.

—Trazó una línea roja a lo largo del recorrido—.

Y aquí, en teoría, podría girar a la derecha o a la izquierda.

Si suponemos por un momento que de verdad iba camino de esa casa, tendría que ir hacia la izquierda.

—Martin prolongó la línea roja mientras se retorcía el bigote con la mano libre—.

Ahora hace falta tu intuición. —Miró a Florian con gesto interrogante.

Florian estudió el mapa. El trayecto más corto pasaba por una zona residencial con muchos semáforos. Señaló la ruta algo más larga, la que atravesaba un polígono industrial.

—Si ha ido, ha sido por ahí —dijo, y antes incluso de que terminara la frase, Martin ya se había levantado de un salto.

—Vale, pues venga, en marcha —exclamó, y le lanzó a Florian las llaves del coche oficial.