Capítulo 4
Veinticuatro años antes
El pelo rubio le llegaba por debajo de los hombros y le caía por la espalda casi hasta el trasero.
Él alargó la mano, con ganas de tirar de aquella melena, pero la mirada de advertencia de la señorita Mahlmann lo hizo retroceder de golpe.
Lo echaría del corro si no se portaba bien.
Entonces tendría que quedarse agachado en el rincón y mirar en silencio cómo los demás cantaban, daban palmas y podían coger un caramelo.
Sacó el labio inferior con gesto obstinado y se escondió detrás de la caja grande de juguetes.
Desde allí podía seguir observándolo todo, pero la señorita Mahlmann ya no lo veía.
Aquel día, la niña del pelo largo venía por primera vez a su guardería.
Las demás niñas llevaban el pelo mucho más corto o recogido en trenzas.
Él volvió a alargar la mano e hizo como que tocaba uno de sus mechones rubios.
Se había escondido bastante lejos de ella y, aun así, la niña se volvió de repente y lo miró.
El corazón le retumbó en el pecho. Asustado, miró de reojo hacia la señorita Mahlmann, que, sin embargo, no se enteraba de nada de aquello.
Su mirada voló de vuelta a la niña, pero había desaparecido.
La buscó entre los niños de su grupo, pero no logró descubrir aquel pelo largo y rubio por ninguna parte.
—Hola —dijo de pronto alguien detrás de él.
Se dio la vuelta de golpe y se quedó paralizado.
Allí estaba ella, la nueva, y le sonreía. Lo invadió una extraña inquietud y no le salió ni una palabra.
—Para ti. —La niña le tendió una mariquita de chocolate.
—Gracias. —La cogió encantado y la sacó del papel de aluminio.
Se metió el chocolate en la boca y suspiró de felicidad cuando el delicioso sabor se le extendió por la lengua.
La niña lo miró un momento más y luego se volvió hacia los demás niños.
Su pelo largo ondeó en el aire. Unos rayos de sol centelleantes se enredaron en él y le llegó a la nariz un aroma maravilloso.
Salió disparada y siguió repartiendo su chocolate.
Él la siguió con la mirada, embelesado, y su pequeña cabeza grabó aquel encuentro para siempre.