Crímenes y lecturas de verano Capítulo treinta y cinco
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Capítulo treinta y cinco

CAPÍTULO TREINTA Y CINCO

«A veces tengo la sensación de que rodo se parece al trabajo de un detective: borrar los falsos comienzos y volver a empezar».

«Sí, eso es muy cierto. Y es justo lo que algunas personas no hacen. Conciben una teoría concreta, y todo tiene que encajar en esa teoría. Si un pequeño hecho no encaja, lo descartan. Pero siempre son los hechos que no encajan los que son significativos».

AGATHA CHRISTIE , Muerte en el Nilo

El Sky Bar se encontraba tan iluminado que estaba bastante segura de que Jason y yo lo habríamos visto desde el barco si la fiesta hubiera sido dos noches antes.

Me subí a la primera lanzadera que llevaba al Sky Bar con un pequeño grupo de personas. Aunque seguí mirando el móvil, Brie no me había enviado ningún mensaje pidiéndome ayuda; esperaba que estuviera bien.

Cuando entré en el bar al aire libre, me quedé boquiabierta. Estaba impresionante.

Kalise se había esforzado al máximo en un solo día para que la boda de Andrew y Sherry fuera lo más bonita y lujosa posible.

Globos, serpentinas elegantes, flores, macetas arregladas con gusto…

El altar se alzaba a una altura de medio metro y tenía un precioso arco cubierto de jazmín bajo el cual los novios debían colocarse.

Las sillas estaban colocadas para que se pudiera ver a la pareja desde ellas, y al mismo tiempo disfrutar, de fondo, de las vistas que daban hacia el oeste y el sol, el cual no tardaría en ponerse.

A diferencia de la otra noche, cuando el espacio había estado dispuesto como para una fiesta de cóctel con mesas altas y redondas repartidas por toda la zona, esta noche se habían puesto cinco mesas, cada una con capacidad para doce personas.

Me di una vuelta buscando mi etiqueta con el nombre.

Estaba en la mesa más alejada de la pista de baile y de la banda, la pista de baile que en ese momento tenía un par de docenas de sillas dispuestas para presenciar la ceremonia, pero que no tardarían en quitar de allí para bailar.

La mayoría de los nombres no me sonaban.

Cerca de la barra había una mesa pequeña para dos personas con una tarta de boda pequeña y copas de champán para él y para ella.

Lo cierto es que Kalise había pensado en todo.

Encontré los nombres de Parker y Amber en dos mesas separadas. ¿No sería divertido ver su reacción cuando les enseñara los archivos?

Parker Briggs era un imbécil. Esperaba que lo hubiera perdido todo.

Rápidamente llevé sus tarjetas a mi mesa, y las intercambié por las de un par de personas que no conocía. Miré a mi alrededor con la esperanza de que nadie me hubiera visto.

Luis se acercó y sonrió mirando las flores y el altar.

—Llevo unos días sin verte —le dije.

—He estado por aquí —respondió con un tono críptico—. Esta noche hay una boda.

—Eso parece —contesté.

—Creo que me voy a tomar una cerveza. ¿Me acompañas?

Entrelacé mi brazo con el suyo y caminamos hacia la barra, donde Jason preparaba sus herramientas de trabajo. Jason levantó la vista y me sonrió. Esa sonrisa… iluminaba mi mundo. ¿Cursi? Sí. Sin duda. Pero que fuera cursi no hacía que fuera menos verdadera.

Jason se volvió hacia Luis.

—¿Cerveza?

Luis asintió con la cabeza y luego frunció el ceño.

—Jason Jason Jason —repitió suspirando.

Después, cogió la cerveza y se fue por el sendero que llevaba al banco donde me senté mi primera noche aquí.

Jason observó cómo se marchaba con una expresión vacía.

—¿Me he perdido algo? —pregunté.

—No. No hice algo que él quería que hiciera, y, bueno, se lo compensaré —respondió Jason.

—Me cae bien. Y estoy segura de que te perdonará. —Sonreí y, con un tono de coqueteo, añadí—: ¿Crees que podrías prepararme esa sangría que es la mejor que haya probado en mi vida?

Él me guiñó un ojo.

—Por ti, lo que haga falta.

La semana había pasado volando, y al mismo tiempo me sentía como si llevara un mes en la isla.

Quería aceptar la oferta de Jason de usar la conexión de internet estable de Ethan Valentine y trabajar desde allí durante el resto de la semana.

Me imaginaba con el portátil en la terraza de Valentine, con esas vistas increíbles.

Luego me imaginaba en la cama con Jason todas las noches.

Jason me sirvió un vaso de sangría espumosa y rozó sus dedos con los míos antes de volver con otras personas que reclamaban su atención.

Rezumaba tanta confianza, se le veía tan cómodo.

Parecía una persona realmente feliz. ¿Era porque se arriesgaba y se lo pasaba bien?

¿Porque vivía el día a día? ¿Porque no estaba preocupado por su jubilación dentro de treinta años?

¿Podría enamorarme de un hombre que no pensaba en el futuro?

Me quedé paralizada. ¿Enamorarme? ¿De dónde había salido ese pensamiento?

¿De dónde? Quizá de la noche anterior en la cama, cuando no quería dejarlo marchar. Quizá de esta mañana, cuando leí la nota que me dejó y terminaba con «Con amor, Jason». Quizá de la primera noche que casi nos besamos en la laguna, cuando me pilló bañándome desnuda.

Quizá todas las novelas románticas tenían razón y Jason era lo que estaba en mi destino. La persona perfecta para mí.

Rápidamente, me bajé del taburete. Esos sentimientos eran extraños y confusos. ¿Qué pasaría si él no sentía lo mismo? ¿Y si para él solo era un romance pasajero? Un rollo divertido y sexi, y yo me iba, y en dos semanas ni se acordaba de mí.

«Para. Basta ya», me dije. Pero entonces lo miré. Me estaba observando con una expresión seria. Cuando cruzamos miradas, me lanzó un beso al aire. Sentí un cosquilleo en el estómago. Sin querer, me vino a la cabeza la canción de La Cenicienta :

«Esto es amor…».

No podía dejar de mirarle. Estaba convencida de que pensaría que estaba dando un salto de diez pasos hacia el futuro si se lo decía. Yo no solía arriesgarme. Y el amor era el riesgo más grande de todos.

Cuando Doug y David se acercaron a la barra, Jason desvió la mirada. Aliviada, me giré y vi a Parker y Amber entrar juntos en el recinto al aire libre. Los dos tenían cara de pocos amigos.

Me acerqué a ellos y sonreí.

—Hola, Amber. Me alegro de que hayas podido venir a la fiesta esta noche. Seguro que será divertida.

Parker me lanzó una mirada de desprecio y se fue directo a la barra. Charlie fue a atenderle, ya que Jason estaba ocupado en el otro extremo.

Amber dijo:

—Necesito una copa.

Y también fue a la barra. Durante diez segundos me había planteado darle a Amber los documentos que encontré doblados entre las páginas de Los hombres que no amaban a las mujeres , pero, teniendo en cuenta lo que decían, mi conciencia no me permitía guardarme esa información.

Ahora que sabía la verdad, sería cómplice de un fraude.

Con disimulo, me acerqué a la mesa de los aperitivos y me preparé un plato, más por los nervios que porque tuviese hambre.

La verdad —las verdades— iba a salir a la luz esta noche.

Por otra parte, empezaba a preocuparme por Brie.

No me había llamado ni me había escrito.

Esperaba que la conversación con su padre hubiera ido bien. Esperaba que no estuviera disgustada.

Kalise subió al pequeño escenario donde se había instalado la banda y cogió el micrófono.

—Para aquellos de ustedes que han llegado temprano, por favor, tomen asiento para disfrutar de una breve pero alegre ceremonia de boda en nuestro precioso Sky Bar, que empezará dentro de diez minutos. Después, retiraremos las sillas y prepararemos el bufé para la cena.

¿Dónde estaba Brie? ¿Dónde estaban Andrew y Sherry? ¿No le habrían dicho a Kalise que la boda se cancelaba? ¿No habría conseguido Brie convencer a su padre para que dejara a Sherry?

Me acerqué a Kalise.

—No he visto ni a la novia ni al novio.

—La señorita Morrison está en la carpa —dijo Kalise, señalando hacia el lado opuesto del espacio, en dirección hacia el agujero en el que me había caído—. Y Tristan está acompañando al señor Locke. Por favor, tome asiento.

—Estoy esperando a Brie —respondí.

Salí del área principal y me dirigí a la parada de la lanzadera en la que se bajaba la gente. Un minuto después, vi a Tristan conduciendo una de ellas, con Andrew sentado detrás. Brie no estaba con ellos.

Le mandé un mensaje.

«¿Dónde estás? Tu padre ya está aquí, en el Sky Bar, vestido de traje».

No hubo respuesta. Se me cayó el alma a los pies, y el delito de Parker Briggs dejó de ser mi prioridad.

Me acerqué a Andrew justo cuando bajaba de la lanzadera.

—¿Dónde está Brie? —le pregunté.

Me lanzó una mirada fulminante.

—Eso mismo debería preguntarte yo.

—Iba a reunirse en el muelle contigo esta tarde —le dije.

Tenía una expresión que era una mezcla de tristeza y enfado.

—No va a venir. ¿Qué le dijiste?

Estaba confundida.

—Nada. Le dije que fuera al muelle a esperarte y… —Se me encogió el corazón—. Andrew, algo va mal.

—Sé que tú y Brie sois amigas, pero esta es mi vida, y Brie es adulta, tal y como me ha repetido una y otra vez esta semana. Ha decidido boicotear mi boda.

—Quizá deberías posponerla —le dije—. Es tu hija. Te quiere…

—Necesito que se aparte, señorita Crawford.

—Algo va mal —insistí—. Ella tendría que estar aquí.

Se sacó el móvil del bolsillo y leyó en voz alta:

—«Lo siento, papá, no puedo ayudaros a ti y a Sherry. Ella nunca reemplazará a mamá».

—Ella no ha escrito eso —respondí de inmediato.

—Sí que lo hizo. Y creo que tú tienes algo que ver con ello.

Brie corría peligro. Lo sabía. Pero no tenía ni idea de por dónde empezar a buscarla.

—¿No te enseñó el vídeo? —pregunté.

—No sé de qué me hablas.

Tristan nos observaba con una expresión de preocupación.

—¿Señor Locke? Ya estamos listos.

—Gracias, Tristan —respondió Andrew—. David y Doug Butcher han aceptado ser nuestros testigos oficiales.

—Muy bien —dijo Tristan, y condujo a Andrew hasta el altar.

Ahora no podía preocuparme por el error que Andrew estaba a punto de cometer: tenía que encontrar a Brie.

Corrí hacia la carpa donde Sherry se estaba preparando, aparté la tela de la entrada de un tirón.

—¿Dónde está Brie? —exigí—. ¿Qué le has hecho?