Crímenes y lecturas de verano Capítulo treinta y cinco #2
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Capítulo treinta y cinco #2

Kalise y la señora Kent estaban ayudando a Sherry con el vestido y el peinado.

Sherry se contemplaba en el espejo, orgullosa.

—He estado aquí toda la tarde —dijo con suficiencia.

Esa mirada… esa expresión de triunfo arrogante.

—Has contratado a ese matón de la isla para hacerle algo a Brie. Te juro que, si le has hecho daño, yo…

Kalise se interpuso entre Sherry y yo justo cuando estaba a punto de abofetearla.

—Señorita Crawford, quizá debería marcharse hasta que empiece la cena.

Me giré bruscamente y me fui directa al bar.

—Jason —dije—, Brie está en peligro. No sé dónde está.

Le dijo algo a Charlie y luego salió de detrás de la barra. Corrimos juntos hacia la lanzadera más cercana.

—¿Qué ha pasado? —me preguntó mientras se ponía al volante.

Se lo conté todo: lo del vídeo y los planes de Brie para hablar con su padre esa tarde.

—Pero nunca se encontró con él en el muelle, y lleva toda la tarde sin responder a mis llamadas y mis mensajes. Sherry le ha hecho algo. Le dio dinero a un hombre de la isla. ¿Y si le ha hecho daño? ¿Y si…? Dios mío, mató a Diana y ahora ha matado a Brie, y…

—Cálmate —dijo Jason mientras pisaba el acelerador—. Estás anticipándote demasiado.

—El vídeo. Tenemos un vídeo con el que Diana chantajeó a Sherry. —Le conté que el plan de Diana era esperar hasta después de la boda para «cobrar», pero que Sherry solo estaba ganando tiempo—. ¿Quién más tendría motivos?

—Cualquiera a quien Diana hubiese chantajeado también —contestó él.

Un carrito de golf subía la colina a toda velocidad hacia nosotros. Al volante iba Brie. Tenía los ojos desorbitados.

—¡Para! —grité, sin saber si se lo decía a Jason o a Brie. Levanté los brazos para protegerme de una posible colisión.

Pero no hubo ningún accidente. Brie frenó en seco y corrió hacia nosotros. Estaba empapada y tenía sangre en la mejilla y el brazo.

—¿Qué ha pasado? —preguntó Jason—. ¿Quién te ha hecho esto?

—Ese… ese… ese tipo. El que contrató Sherry. Me… me escapé —dijo Brie mientras jadeaba.

—Estás empapada —dije.

—¡Tiene mi móvil! ¡El vídeo! Lo perdí, y mi padre…

—Tengo el móvil de Diana —la interrumpí—. Haré que Amber me diga la contraseña.

Jason condujo de vuelta al Sky Bar tan rápido como se atrevió a hacerlo. Andrew y Sherry ya estaban de pie en el altar. Corrí hacia Amber, que estaba en la barra, y abrí el bolso para enseñarle que tenía los documentos.

—La contraseña del móvil de Diana, o se los doy a Ethan Valentine.

—Dragón —dijo de forma automática, alargando la mano.

Ignoré su mano, tecleé la contraseña y le di el móvil a Brie. Ella encontraría el vídeo más rápido que yo.

—¡Papá, espera! —gritó Brie mientras avanzaba corriendo por el pasillo improvisado.

La expresión de Sherry era una mezcla de sorpresa, rabia y conjeturas. Andrew abrió los ojos de par en par al ver el estado en el que se encontraba su hija.

—¡Brie! Dios mío, ¿qué te ha pasado? ¿Estás bien?

—Te lo contaré todo, pero, por favor, antes mira esto.

—Andrew, está claro que está montando un numerito para retrasar lo inevitable. Te quiero. Terminemos nuestros votos, y después disfrutaremos de unas vacaciones en familia, los tres juntos.

Sherry sonrió ampliamente, pero tenía los ojos sumidos en el miedo.

Brie ignoró a Sherry y le tendió el móvil a su padre. Subió el volumen al máximo, y la voz de Sherry se escuchó claramente a través del micrófono:

—«Y, cuando termine con Tom, la hija de Andrew ya se habrá marchado de casa, y ese será el momento perfecto para cazarlo […]. Y, después de Andrew, habrá muchos más entre los que elegir. Es muy fácil manipular a los hombres».

Silencio absoluto. Todo el mundo se giró a la vez para mirar a Sherry.

—Eso es falso —dijo Sherry con la voz temblorosa.

Andrew miró a Brie y luego a Sherry, y otra vez a Brie.

—No —contestó en voz baja—, no lo es. —Rodeó a su hija con el brazo y se marchó con ella por el pasillo, sin dedicarle una sola mirada más a Sherry.

Me encantaban los finales felices.

Sherry bajó furiosa del altar.

—¡Andrew! —gritó.

Amber sacó el pie discretamente y Sherry tropezó con él, llevándose por delante la pequeña tarta de boda y las copas de champán al caer.

Kalise corrió a ayudarla a levantarse y se apresuró a acompañarla de nuevo a la carpa.

Tristan le hizo una señal a la banda, y empezó la música. Después, la gente se puso a charlar, el personal salió a desmontar el altar y las sillas, y en cinco minutos no quedaba nada que indicase que se hubiese planeado una boda para esa noche.

No obstante, había algo que me reconcomía por dentro, y no lograba identificar qué era. Le di vueltas al asunto.

Sherry podría haber matado a Diana para mantener oculto ese vídeo, pero debía de saber que también lo habían compartido otras hermanas de la Delta Gamma. Y, según los comentarios de Diana, estaba dispuesta a esperar su pago.

No sabía por qué, después de haber pasado días pensando que Gino era el principal sospechoso de la muerte de Diana, de repente me preocupaba que no fuera culpable. Si no era Gino, eso implicaba que Georgie, un chaval que apenas acababa de terminar la adolescencia, podía haberlo hecho.

¿Qué estaba pasando por alto?

Los recién casados se acercaron y se sentaron delante de mí.

—¿Te has enterado de lo de Gino? —dijo la señora Kent.

—¡Uno de los otros empleados lo mató! ¡También mató a esa mujer! —exclamó el señor Kent.

—No lo sabemos con certeza —contesté.

—Es lo que dice todo el mundo —añadió la señora Kent.

Sentí pena por Georgie. Todo el mundo pensaba que era culpable.

Tristan se sentó a mi lado.

—Hola hola hola —saludó al resto de la mesa.

Parker y Amber estaban sentados al fondo.

Amber me miraba rogándome que le diera los documentos.

Negué con la cabeza. Sabía lo que significaban esos papeles, y estaba bastante segura de que, cuando saliera a la luz la verdad sobre lo que Parker Briggs le hizo a Ethan Valentine, no tendría ni la más remota posibilidad de arruinarle la carrera.

—¿Cómo se encuentra esta noche, señorita Crawford? —preguntó Tristan.

—Genial —respondí.

Asintió con la cabeza y juntó las puntas de los dedos frente a sí.

—Me alegra ver que se ha recuperado de lo ocurrido la otra noche. Y, respecto a este pequeño contratiempo de hoy, esperemos que todos pasen una velada agradable.

Últimamente, había habido bastantes «contratiempos».

—He oído que la policía tiene un sospechoso del asesinato de Diana —comenté mientras miraba a Tristan.

Me aseguré de que el resto de la mesa me escuchara.

Quería ver sus reacciones. Sobre todo, quería ver la reacción de Amber.

Todavía no le había contado a nadie que Diana era su novia, y no parecía muy afectada por su muerte.

Estaba más preocupada por lo que Parker pudiera hacerle a su carrera, a pesar de que seguía sentada a su lado.

Qué gente tan desagradable.

—Sí —respondió Tristan—, sabía que entre Gino y la policía de San Juan resolverían la situación. Aún sigo impactado por la muerte de Gino. Era más que un compañero. Era un amigo.

—Me han dicho que fue un empleado quien lo mató —comentó la señora Kent.

—Es en quien se centran las sospechas de la policía —dijo Tristan con voz serena y clara—.

Ya no está en la isla. Nadie tiene de qué preocuparse.

De hecho, St. Claire va a regalarle a todo el mundo un fin de semana gratuito que podrán usar en cualquier momento de aquí a dos años.

Esta semana ha sido muy extraña. En nombre del personal, queremos que se marchen de aquí con una sensación de descanso y satisfacción.

Nos dedicó una amplia sonrisa. Era el vendedor perfecto.

Sherry salió de la carpa como una bala, y Kalise le pisaba los talones.

—¡Me habéis arruinado la vida! —exclamó—. Pero saldré adelante. Siempre lo hago.

—Cállate —le soltó Amber.

—Oh, Amber Jones —se burló Sherry—, la actriz, la modelo, la zorra.

—Mira quién habla —replicó Amber.