Crímenes y lecturas de verano Capítulo treinta y cuatro #3
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Capítulo treinta y cuatro #3

—No tanto —respondió Sherry sin ser, para nada, consciente de sí misma—.

No era mi primera opción. Hace unas semanas lo intenté con Andrew Locke.

Nos presentó un amigo común. Pero tiene una hija, y lo último que quiero es una adolescente en la casa, sobre todo en este caso, pues él la adora y de ninguna manera me voy a conformar con ser la segundona, a la sombra de una mocosa.

Tom tiene dos hijos que ya son adultos, por lo que no hay problema.

Y, cuando termine con Tom, la hija de Andrew ya se habrá marchado de casa, y ese será el momento perfecto para cazarlo.

—Lo tienes todo planeado a la perfección —comentó la persona que grababa, con un tono que me pareció sarcástico, pero Sherry se limitó a reírse.

—Sí, Diana, así es. Y, después de Andrew, habrá muchos más entre los que elegir. Es muy fácil manipular a los hombres. Solo es cuestión de descubrir qué quieren exactamente y dárselo.

Estaba borracha, pero este vídeo era irrecusable e incriminatorio.

—Ay, mi padre —dijo Brie con lágrimas en los ojos—. ¿Cómo voy a enseñarle esto? Le romperá el corazón.

—¿Cómo no se lo vas a enseñar?

Brie cerró los ojos con fuerza y asintió con la cabeza.

La abracé. Un minuto después, Brie se levantó de un salto.

—Vale. Tengo que arrancar la tirita de golpe.

Pero… sola. Porque no quiero que ella esté presente poniendo excusas, no quiero discutir con ella.

Lo único que tengo que hacer es enseñarle el vídeo a mi padre para que descubra la verdad por sí mismo.

Sherry tiene cita para un tratamiento en el spa a la una, pero mi padre se ha ido a San Juan a primera hora a buscar algo. No sé cuándo volverá.

—Ve al muelle y espéralo allí.

—¿Y si va ella a esperarlo?

—Si la ves, llámame. Pensaré en algo. Quizá pueda pedirle a Kalise que se la lleve a probar algo o lo que sea. O pedirle a Jason que la distraiga.

—Vale, te aviso. ¿Tú qué vas a hacer?

—Voy a la biblioteca. Se me ha ocurrido algo relacionado con los documentos, pero tengo que pensarlo un poco más.

—¿Crees que están en la biblioteca? —preguntó Brie.

—Sí, eso creo. Pero no tengo ni idea de dónde.

Primero pasé por el Blue Dahlia; Jason no estaba. Le pedí a Callie uno de sus deliciosos spritzers y pregunté:

—¿Se cancela la fiesta del Sky Bar por la boda?

—Ah, qué va. Kalise se negó porque el señor Locke y la señorita Morrison no planearon ninguna boda cuando reservaron el viaje.

Sin embargo, como es una romántica, está organizando que la boda sea en el Sky Bar una hora antes de que empiece la fiesta oficialmente.

Todos los huéspedes están invitados, y habrá un baile especial para ellos y todo.

—Ah. Bien. No me gustaría perdérmelo. Me han hablado mucho sobre lo de esta noche y me voy el martes.

En realidad, no estaba segura de si me iría el martes, pues quizá acabase quedándome tres días más. Intentaba no darle vueltas al tema. Tenía responsabilidades…, pero quería pasar más tiempo con Jason. Al día siguiente por la mañana todavía tendría tiempo suficiente como para decidirlo.

Le dije a Callie:

—Jason dijo que esta noche trabajaría allí. ¿Tú también?

—No, casi nunca trabajo por las noches. Charlie trabajará las horas extras, pues su mujer está embarazada de su primer hijo, así que necesitan el dinero.

Me sirvió el spritzer en un vaso para llevar.

—¿Cómo has sabido que era para llevar? —pregunté.

—Porque no te has sentado.

Le di las gracias y caminé por el vestíbulo hasta subir las escaleras al segundo piso.

La biblioteca estaba vacía. Bien.

Saqué el móvil y observé la letra de Diana, y la lista de palabras que estaba segura de que eran la pista relacionada con la ubicación de los archivos. Recorrí las estanterías poco a poco y hojeé todos los libros de esos autores, pero no cayó ningún papel al suelo.

Pero me dio la sensación de que estaba en lo cierto.

Volví a echar un vistazo a las redes sociales de Diana, esperando que las fotos me dieran alguna pista.

Las cinco fotos sin pie de foto. Tenían que representar un libro, el libro en el que había escondido el archivo.

Cerré los ojos y me puse en la piel de Diana. Le gustaban los acertijos, los códigos y los secretos. ¿Qué me decían las fotos? Estaba a punto de comprender algo. Algo me resultaba familiar.

Volví a mirar las fotos.

En la foto de las uñas de los pies pintadas se veía que llevaba un tatuaje en el tobillo. Una rosa con espinas.

El resort.

Una dalia blanca con una avispa como protagonista. Una avispa…, eso era importante.

Una mujer delgada fumando sola.

La última foto, oscura, intentaba captar toda la isla. El muelle parecía un puente desde ese ángulo.

Oh. Dios. Mío.

Solo había leído ese libro una vez porque era oscuro y deprimente, pero había sido uno de los libros más famosos de su época, y después hicieron de él una adaptación cinematográfica.

Fue la avispa lo que me convenció. Todos recordaban el tatuaje del dragón, pero Lisbeth Salander —una antiheroína extremadamente delgada que fumaba— también llevaba tatuada una avispa.

Busqué el libro.