Crímenes y lecturas de verano Capítulo treinta y tres
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Capítulo treinta y tres

CAPÍTULO TREINTA Y TRES

«El instinto es algo maravilloso. No puede explicarse ni ignorarse».

AGATHA CHRISTIE , El misterioso caso de Styles

Empezó a llover cuando llegué a mi cabaña.

Gino estaba muerto. Mi principal sospechoso del asesinato de Diana Harden estaba muerto.

Podría haber sido un accidente: tal vez se cayó y se dio un golpe en la cabeza.

Pero la caída no tenía tanta altura, y él acababa de acusar de asesinato a un miembro del personal que tenía veinte años.

Si Gino era el asesino, ¿tendría sentido que, tras conseguir culpar a otro, luego se hubiera caído de forma accidental y acabara matándose?

No me lo creía. Si él no era el asesino…

, ¿significaba eso que el chaval lo había matado?

¿Ahora todo el mundo estaría buscando a Georgie porque sospechaban que había matado a dos personas?

Me estremecí al pensar en cómo le había plantado cara a ese joven delgado. No me había parecido peligroso, sino que, más bien, se le veía aterrorizado.

Tal vez fue un accidente. La gente hace cosas extrañas cuando se enfrenta a la cárcel. A lo mejor había golpeado a Gino para escaparse, y, entonces, Gino se cayó y se dio en la cabeza. Una caída desde corta altura, pero mortal, contra las rocas.

Nada de eso me convencía, pero no tenía respuestas, y tampoco creía que el libro de Diana las tuviera.

En el escritorio, junto a mi portátil cerrado, se encontraba mi vestido, doblado con cuidado, y mi móvil. Encima de ellos había una nota plegada.

La abrí.

Mia:

Aquí tienes tus cosas y como te prometí.

Todo el personal está trabajando para asegurar el resort antes dela tormenta. No va a ser muy fuerte, sino una tormenta tropical leve que debería acabar por la mañana. Me pasaré a verte cuando termine de trabajar.

Con amor,

Jason

Sonreí y dejé la nota a un lado. Casi no le quedaba batería al móvil, así que lo enchufé para cargarlo. Entonces apareció un mensaje de Brie.

«¡La odio! Ya voy para allá».

Pobre Brie. Esperaba que pudiéramos encontrar algo sobre Sherry lo bastante grave como para que al menos Andrew pospusiera la boda. Ella no había matado a Gino, así que probablemente tampoco a Diana, aunque algo tramaba.

Me acordé del tipo raro con el que se vio dos días atrás y del dinero que le dio. Quizá fuera una asesina… y había contratado a alguien para que hiciera el trabajo sucio.

Pero lo más probable era que hubieran contratado a Gino…

Me puse tensa. ¿Lo habría contratado Parker Briggs porque Diana le había robado los documentos? Me pareció que eso tendría sentido. Y ahora Parker estaba aquí buscando esos documentos. Quizá Gino tenía que conseguirlos y, como no los encontró, Parker tuvo que venir a la isla él mismo.

Ojalá supiera qué era lo que había cogido Diana que mereciera matar por ello. Me temía que nunca lo sabría y que sería una historia sin final.

Mientras me duchaba y me vestía, siguió lloviendo con fuerza y sin parar, y ello me puso un poco nerviosa. Aunque solo eran las cuatro de la tarde, el día se había oscurecido y veía las cortinas de lluvia caer rectas por fuera de mi terraza cubierta. Tenía hambre, pero no quería salir.

Alguien llamó a mi puerta con fuerza. Al abrirla, me encontré a Brie, que estaba empapada.

Tiré de ella para que entrase.

Parecía un cachorro abandonado. Mojó todo el suelo. Cogí un par de toallas del baño y se las lancé.

—¿Qué ha pasado? —pregunté.

—Sherry, eso es lo que ha pasado —dijo Brie—. Se van a casar.

—Claro, pero…

—Se casan mañana.

Aquello me pareció muy repentino.

—¿Mañana?

—Sherry se puso superemotiva con mi padre y lo manipuló.

No sé cómo aceptó él… Fui a ducharme, tardé diez minutos y cuando salí del baño él me dijo que se casan mañana al atardecer en el Sky Bar.

¡Y que quiere que sea su madrina y que lo acompañe al altar!

Todo está yendo demasiado rápido y no puedo detenerlo.

Empezó a llorar, y la abracé.

—Ya se nos ocurrirá algo.

—¡No, no se nos ocurrirá! Ella se va a salir con la suya, y yo no puedo hacer nada.

—Brie, no te rindas. Cuéntale lo que sientes. Que todo va muy rápido.

—Ya lo hice. Más o menos. Quiero decir…, ¡joder, es culpa mía!

Ella se tiró al agua a propósito porque la acorralé.

Me enfrenté a ella diciéndole que ella conocía a Diana Harden.

Dicho de otro modo, le pregunté por qué no nos había contado que Diana y ella estuvieron en la misma hermandad.

Mi padre se sorprendió. Empezó a hacerle preguntas porque Sherry le había dicho que no conocía a Diana y que no la había visto nunca.

Y, cuando ella intentaba inventarse una mentira, de repente, zas, se cayó por una puerta que debería haber estado bloqueada.

Sé que lo hizo a propósito. Pero mi padre ya no quiere escuchar ni una palabra porque la quiere y casi se le muere.

—Brie puso los ojos en blanco, pero tenía una expresión de derrota—.

Claro. ¿Casi se muere a unos sesenta metros de distancia de la orilla?

Se dio un golpe en la cabeza contra el barco y, según ella, pudo haberse quedado inconsciente y haberse ahogado. ¡Ojalá se hubiera ahogado!

—No lo dices en serio.

—Sí que lo pienso —insistió, y se secó las lágrimas de la cara—. Le dije que todo iba demasiado rápido, que era demasiado, que tenía que pensárselo bien. Él me dijo que no quería esperar, que esta semana se había dado cuenta de que la vida es muy corta. Y, entonces… entonces…

—¿Qué le dijiste? —la insté a seguir cuando frunció los labios.

—Le pidió a Sherry que saliera un momento y nos dejara solos, y me abrazó y me dijo que me quería, que siempre me había escuchado y había hecho cambios en su vida por mí desde que perdimos a mi madre.

Y que ahora ya soy adulta, y quiere compartir su vida con Sherry.

¿Qué podía decirle? ¿Qué otra cosa podía hacer, salvo estar de acuerdo? ¡No quiero que me odie! —Sollozó.

—Nunca te odiaría —le aseguré.

—No sé lo que le habrá dicho o hecho, o lo que hace en la cama, no lo sé, pero lo tiene comiendo de su mano, y no sé qué hacer.

Estuvo a punto de sentarse en mi cama, pero se dio cuenta de que aún estaba empapada.

Fui a buscarle un chándal y una camiseta, y se cambió en el baño. Después, nos sentamos a la mesa en silencio.

—Descubriremos algo sobre ella —comenté en voz baja.

—Ni siquiera sé si él me creerá. —Brie frunció el ceño y observó por la ventana el día, que cada vez estaba más oscuro.

Abrí mi cuaderno y repasé todo lo que había escrito sobre las notas que Diana había apuntado en el libro.

Después, saqué el móvil y recorrí las fotos de las páginas que Brie me había mandado, en busca de cualquier referencia a Sherry Morrison, o de su código, «1913», o de las letras «delta» y «gamma».

Diana sabía que Sherry tenía un secreto…

, ¿un secreto por el que estaba dispuesta a pagar? ¿O incluso a matar?

Gino Garmon estaba muerto. Podía ser el asesino.

Tenía los motivos, tuvo la oportunidad, y era un tipo violento.

Podía haber utilizado a ese pobre chaval, Georgie, para robarme la hoja del libro.

¿La muerte de Gino fue un accidente? ¿O tenía un cómplice?

¿Pudo ese chico flacucho y asustadizo haber matado a Gino? ¿O fue otra persona?

Sherry también tenía un motivo, pero no pudo haber matado a Gino, pues estaba en la excursión de esnórquel con nosotras. Me dolía la cabeza de tanto pensar.

¿El secreto de Sherry era reciente, o de un pasado más lejano?

Aparte del comentario inicial de que era una cazafortunas, y la anotación con las letras «delta» y «gamma» que rezaba «Campanas de boda en un futuro cercano.

Por los viejos tiempos, esperaré para cobrar», no había nada más que tuviera relación, directa o indirecta, con Sherry.

—Creo que tienes razón —le dije a Brie.

—¿Sobre qué?

—Deberíamos hablar con Amber Jones.

Brie se puso recta. Ya no se la veía tan deprimida.

—¿De verdad? ¿Ahora?

—Vamos al restaurante. Se aloja en el edificio principal. A lo mejor podemos averiguar en qué habitación.

—Deja que yo me encargue de eso —contestó Brie—. Vamos.

Seguía lloviendo. Corrimos por el sendero encharcado hasta llegar al edificio principal.

El restaurante estaba lleno de gente, más de la que recordaba haber visto junta en el resort.

Ni siquiera había tanta gente en el Sky Bar la primera noche.

Los ventanales del techo estaban cerrados y todas las puertas exteriores también, pero las luces brillaban con fuerza y había música sonando.

Pasamos por delante de la sala de juegos, donde la mayoría de los niños se entretenía.

El bufé era impresionante y olía de maravilla.

—Saben cómo afrontar una tormenta —dije.

Nos servimos comida y nos sentamos en una de las pocas mesas libres. Busqué con la mirada a Amber o a Parker. Amber no estaba, pero Parker estaba sentado en la barra, encorvado y de espaldas al salón. No era Jason quien atendía la barra, sino Charlie.

Brie observaba a su padre y a Sherry, que estaban hablando con Tristan.

—Probablemente estén planeando la boda —murmuró.

—Amber no está aquí —anuncié.

Brie se metió una gamba en la boca y dijo:

—La encontraré.

Se levantó antes de que pudiera advertirle que tuviera cuidado.

Jason entró por el vestíbulo. Estaba empapado y tenía cara de agotado. Me levanté de un salto y fui hacia él.

—Hola.

—Hola —contestó—. Fuera hace un tiempo horrible.

Lo miré de arriba abajo.

—Ya lo veo.

—Pero en el resort estáis seguros. Los empleados que estaban fuera de servicio han vuelto a sus apartamentos, y los que siguen trabajando dormirán en la biblioteca de la planta de arriba, porque el edificio principal está completo.

Esta noche no debería salir nadie a la playa.

—Me tocó el pelo húmedo—. ¿Tú has salido?

—Solo para hacer el trayecto de mi habitación hasta aquí.

—¿Sigue en pie que pase a verte más tarde?

—Cuento con ello —contesté.

—Bien. —Parecía distraído.

—¿Qué pasa?